Alfonso Donnay

Una Europa al límite

Lo que Europa tiene helados, son los sentimientos, para que nos vamos a engañar. Y es evidente que no solo las flores están confundidas, también lo estamos el resto de seres racionales.

Opinión

Una Europa al límite

Lo que Europa tiene helados, son los sentimientos, para que nos vamos a engañar. Y es evidente que no solo las flores están confundidas, también lo estamos el resto de seres racionales.

Resulta que muchos de nuestros gobernantes, nos presentan a todos los europeos ante los ojos del resto del mundo, cómo unos individuos mucho más egoístas, interesados, mezquinos, materialistas e incluso imbéciles, de lo que somos. ¿O no?

Por supuesto estoy haciendo referencia al drama de los refugiados, al trato que están recibiendo y al comportamiento que tenemos con ellos.

Y en todo esto, no tiene nada que ver ese fenómeno meteorológico al que llamamos “El Niño”. El frío polar se despide de buena parte de Europa, las plantas se creen que ha llegado el buen tiempo, pero los refugiados se nos mueren de frío y de hambre a la puerta de casa.

Los europeos normales, queremos que se respeten los acuerdos que se toman.

Queremos que se haga efectivo el reparto acordado de 120.000 refugiados de septiembre del año pasado. No queremos que se gasee a nadie y que les echen el ejército encima por intentar traspasar una frontera para no morir de hambre o frío. No queremos alambradas de espino y concertinas que les obligan a recorrer cientos y cientos de kilómetros de más, para llegar a su destino, tan incierto cómo su futuro. Tampoco queremos referéndums que nos obliguen a elegir si queremos refugiados o no, ni queremos que se les devuelva a la frontera de la que han venido, con golpes, mordeduras de perro o acosados. No queremos que se les trate de forma degradante, enjaulándoles y tirándoles la comida cómo si fueran animales. No estamos de acuerdo en que se les pongan pulseras identificativos, ni que se pinten las puertas de sus viviendas, a modo de estigmatizarles. Estamos horrorizados cuando se nos cuenta que miles de menores, han desaparecido en nuestros territorios.

Las decisiones unilaterales en la crisis de los refugiados llevan a Europa al límite. Los gobiernos europeos deben de cumplir con sus obligaciones internacionales y los refugiados deben de ser recibidos con dignidad y ver respetados sus derechos.

Esta Europa tal y como funciona ahora, no nos sirve de mucho.

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