Alfonso Donnay

Una excusa para hablar de fútbol

Llegados a esta situación donde los clubes de fútbol se construyen a golpe de talonario y donde los sentimientos de los peloteros hacia su club, y las aficiones son directamente proporcionales a la cantidad de los millones de euros que se ponen encima de la mesa, esto es señal de que algo no funciona bien.

Opinión

Una excusa para hablar de fútbol

Llegados a esta situación donde los clubes de fútbol se construyen a golpe de talonario y donde los sentimientos de los peloteros hacia su club, y las aficiones son directamente proporcionales a la cantidad de los millones de euros que se ponen encima de la mesa, esto es señal de que algo no funciona bien.

Llegados a esta situación donde los clubes de fútbol se construyen a golpe de talonario y donde los sentimientos de los peloteros hacia su club, y las aficiones son directamente proporcionales a la cantidad de los millones de euros que se ponen encima de la mesa, esto es señal de que algo no funciona bien.

En tiempos de la dictadura, decían que el fútbol era el opio del pueblo, con el fútbol se despistaban los problemas reales del país. Ahora también sirve para despistar y encima es un pozo de deudas y corrupción. No puedo dejar de pensar que con lo que ganan unas pocas estrellas, todos los niños de este país, podrían comer 3 veces al día de forma equilibrada y para siempre.

Hace tiempo que empezó mi desinterés por este negocio. Fundamentalmente dos han sido los acontecimientos que me marcaron. Marzo de 1992, la muerte de un niño de 13 años en el estadio del Español como consecuencia del impacto de una bengala, lanzada por un energúmeno desde la grada contraria. Diciembre de 1998, la muerte de Aitor Zabaleta (hincha de la Real Sociedad), en los alrededores del Vicente Calderón, asesinado por los ultras del Atlético de Madrid.

Ahora disfruto poco del fútbol. Solamente estoy contento cuando “los poderosos” vienen a San Sebastian o a Bilbao y pierden. Y no te digo nada, si se diera la casualidad de que también el Eibar les ganase alguna vez. Me alegra ver como los directivos y las aficiones de estos clubes, pasan un mal fin de semana. Ellos, que han sido hechos para ganar, no entienden que la fuerza de los sentimientos a veces pueden más que millones de euros.

A todos aquellos que creen pertenecer a los mejores clubes del mundo, les diría tres cosas. La primera que el mejor equipo del mundo, tiene que tener unos dirigentes honestos. La segunda que los peloteros tienen que estar identificados con los valores que representa el club, mas sentimentalmente que por dinero y tienen que ser ejemplares en todo. Y la tercera y más importante: hay que tener la mejor afición. Así que: ¡aplíquense el cuento!!!

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