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Venezuela: del Concorde a la descomposición

Foto: Seth Wenig | AP

Cuando la violación de los derechos humanos por el régimen ‘x’ se justifica por simpatía ideológica, ¿sirve de algo recordar los datos? Las cifras y estadísticas de la Venezuela de Nicolás Maduro son tan incontestables y demoledoras que resulta inexplicable, por no decir obsceno, que aún haya alguien que alabe las conquistas de ese régimen e ignore el padecimiento de su población. El PIB del país se ha reducido a la mitad desde que Maduro accedió a la presidencia hace cinco años, una caída comparable a la de la Gran Depresión, su déficit público alcanza el 30% del PIB, se ha declarado insolvente para pagar su deuda exterior y los precios se multiplican por un millón al año, (una hiperinflación similar a la registrada en la Alemania de Weimar que precedió a la II Guerra Mundial).

Una de las razones de este descalabro económico es la caída en picado de los ingresos procedentes de la industria del petróleo, el principal activo del país. La corrupción y la mala gestión han rebajado la exportación de crudo (que representa el 96% de los ingresos legales en divisas del país) al nivel más bajo de los últimos ¡75 años¡ Se dice pronto. El país más rico del mundo en reservas naturales de petróleo sólo produce 1,2 millones de barriles diarios, la tasa más baja desde 1940.  En comparación, Arabia Saudí, la otra gran potencia petrolífera mundial, produce casi 11 millones. Pero hay más, si se descuenta lo que el Gobierno de Maduro paga en barriles de crudo para servir la deuda contraída con sus aliados estratégicos y principales acreedores, China y Rusia, y el petróleo que destina a consumo interno y a Cuba, su socio preferente en la región, Venezuela en realidad sólo ingresa divisas por la venta de 450.000 de barriles. Una ruina.

Varias investigaciones, con base en Miami, han revelado que una mafia de empresarios y ex funcionarios chavistas blanqueó miles de millones saqueados a Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima (Pdvsa). Años expulsando a los gestores e ingenieros para reemplazarlos por militares sin experiencia y el latrocinio sistémico han hecho caer en picado la capacidad de producción de la compañía. “Queremos que el petróleo venezolano traiga paz y amor”. Era uno de los lemas de Hugo Chávez cuando empezó a introducir los cambios en la gestión al poco de llegar al poder en 1999. El resultado: miseria y corrupción.

¿Las consecuencias de esta desastrosa gestión en la población? El éxodo de venezolanos al resto de países latinoamericanos puede llegar a los cuatro millones a finales de este año.  Sólo en 2017 huyeron 1,5 millones. Una cifra comparable a los seis millones de personas que han salido de Siria desde que hace seis años empezó la guerra civil. Se calcula que unas 5.000 personas salen al día de Venezuela. Huyen de la violencia, la represión y el hambre. Según la FAO, fue el país latinoamericano en el que más aumentó el hambre y desnutrición entre 2016 y 2018 y eso usando los datos oficiales. Venezuela es hoy el epicentro de enfermedades como la malaria, el sarampión, la difteria o la tuberculosis debido a la falta de vacunas que ha supuesto el drástico recorte en la importación de medicinas aplicado por el Gobierno de Maduro. El 87% de pacientes con VIH no tiene acceso a retrovirales. Según Human Rights Watch, la mortalidad infantil ha aumentado un 30% en menos de un año y la desnutrición en niños menores de cinco años es una de las más altas del mundo.

Una crisis humanitaria que ha puesto en alerta a los países vecinos, preocupados por la constante entrada de venezolanos por sus fronteras. Colombia hasta ahora les ha recibido con generosidad, pero en Brasil y Perú el rechazo parece estar ganando la batalla a la solidaridad. Casos aislados de robos y el miedo a las enfermedades con las que desesperados venezolanos cruzan las fronteras en búsqueda de tratamientos son un goloso material en manos de algunos dirigentes populistas deseosos de incitar al miedo. De hecho, a cada vez más venezolanos se les está negando la entrada. Muchos cruza sólo con su tarjeta de identidad y se les pide el pasaporte, un documento del que carecen en su mayoría. Unas medidas xenófobas que van  contra de la petición lanzada desde Naciones Unidas para que los países de la región faciliten la entrada de los refugiados venezolanos.

El éxodo también se ha extendido a compañías extranjeras, aerolíneas, embajadas. El aeropuerto de Maiquetía, donde llegó a aterrizar el avión supersónico Concorde en 1976 que hacía la ruta Caracas París, un hito que simbolizó el despegue económico de la primera democracia latinoamericana, es hoy una instalación semivacía en la que operan compañías locales que viajan a destinos principalmente nacionales. La encarnación del aislacionismo y la decadencia de Venezuela y su la fallida revolución bolivariana.

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