Andrés Cañizález

Venezuela: ¿está cerca el cambio?

Un país sumido en una severa crisis económica, el presidente está en el sótano de popularidad, una política social que dejó de tener éxito, una dirigencia política de oposición que recobró la iniciativa, una legión de jóvenes que con fuerza salen nuevamente a las calles a protestar pese a la dura represión. Si se suman todos estos elementos podría pensarse que el cambio de régimen está cerca en Venezuela. Sin embargo, no son todos los elementos que están en juego.

Opinión

Venezuela: ¿está cerca el cambio?

Un país sumido en una severa crisis económica, el presidente está en el sótano de popularidad, una política social que dejó de tener éxito, una dirigencia política de oposición que recobró la iniciativa, una legión de jóvenes que con fuerza salen nuevamente a las calles a protestar pese a la dura represión. Si se suman todos estos elementos podría pensarse que el cambio de régimen está cerca en Venezuela. Sin embargo, no son todos los elementos que están en juego.

Lo que ha demostrado la agudización de la crisis en Venezuela, especialmente en el último medio año, es que la cúpula chavista se mantiene unida y tiene un objetivo claro: permanecer en el poder a toda costa. Tiene un par de aliados de primer orden como son el Tribunal Supremo de Justicia y la Fuerza Armada Nacional. Y aun cuando ha caído de forma sustancial el ingreso de divisas, vía petrodólares para Venezuela, el Estado sigue teniendo un control bastante amplio de toda la vida económica.

Presento mi hipótesis: mientras no se produzca una ruptura significativa en la cúpula del chavismo no habrá un cambio político en Venezuela. La crisis política actual podría prolongarse por largo tiempo. Ya el chavismo no juega en el esquema democrático, una raya amarilla que Hugo Chávez nunca cruzó.

Este grupo en el poder, cuyos rostros visibles se autodenominan hijos de Chávez, ha demostrado que es capaz de cerrar las vías democráticas bien sea usando triquiñuelas judiciales, tal como ocurrió en octubre de 2016 al dejar sin efecto la convocatoria de un referendo revocatorio del mandato presidencial de Nicolás Maduro, bien mostrando su rostro feroz, como lo hace desde el pasado mes de abril con una dura represión de protestas pacíficas. Lo hace directamente con uniformados o aupando el vandalismo con grupos armados de civiles afectos al régimen.

Venezuela bajo la era chavista es un claro ejemplo de cómo un grupo utiliza las reglas del juego democrático para alcanzar el poder y las moldea paulatinamente, pero se mantiene dentro de un mínimo democrático en tanto mantiene el apoyo popular. Cuando pierde el respaldo del pueblo, desecha por completo las reglas del juego democrático que le permitieron llegar al poder.

La dictadura venezolana combina hoy la represión en manos de policías y militares, el control institucional principalmente a través del sistema de justicia y la hegemonía comunicacional que genera una suerte de blackout televisivo, con lo cual hoy una mayoría de venezolanos está francamente desinformada.

El hecho detonante de la nueva ola de protestas registradas en el pasado mes de abril ha sido la decisión del Supremo de Justicia de abrogarse funciones del Parlamento. Ha sido la gota que derramó el vaso, ya que durante un año se produjeron decenas de decisiones del TSJ para restarle funciones o dejar sin efecto leyes de la Asamblea Nacional. El Supremo de Justicia sencillamente decidió darse para sí las funciones parlamentarias, irrespetando de forma arbitraria la voluntad popular que a través del voto le dio mayoría opositora al unicameral legislador de Venezuela.

Más allá de las piruetas leguleyas del chavismo para restarle peso a esta sentencia, figura lo que puede ser una señal del tiempo por venir. La fiscal general Luisa Ortega Díaz, quien venía ejerciendo dicho cargo en total sincronía con los designios del régimen, decidió ser la voz discordante y denunció la ruptura del hilo constitucional en Venezuela. En otras palabras, la fiscal general denunció un golpe de Estado.

Todavía es temprano para conocer las secuelas que tendrá dentro del chavismo esto que es aún una leve fisura, ya que no puede catalogarse de fractura. Pero es, a mi juicio, una señal de lo que podría repetirse tal vez con mayor nivel de intensidad, en otros ámbitos institucionales.

La represión de la protesta pacífica, por ejemplo, es un asunto que divide opiniones dentro de la Fuerza Armada Nacional en Venezuela, tal como me lo han confirmado en privado algunos oficiales de alto rango. No se han hecho públicas las divergencias, por ahora, pero si las protestas se mantienen por algún tiempo y la represión sigue siendo la respuesta oficial, este podría ser un ámbito de posibles fracturas dentro del régimen.

La oposición venezolana, que ha retomado un nuevo aire en torno a la Mesa de la Unidad Democrática y un grupo de jóvenes diputados que literalmente están dando la cara en las protestas de calle, parece que deberá apostar por uno de los postulados del marxismo clásico. Se trata en este momento de agudizar las contradicciones dentro del chavismo

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