Pilar Cernuda

Vergüenza torera

«Es decepcionante que no haya un solo miembro del gabinete de Sánchez que no haya hecho el menor gesto de rechazo hacia políticas inconcebibles y declaraciones que hieren la sensibilidad de cualquier español de bien»

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Vergüenza torera
Foto: J.J. Guillén| EFE
Pilar Cernuda

Pilar Cernuda

Periodista, vivió la Transición desde el ruedo, no la barrera, y su escepticismo respecto a la clase política actual –con excepciones- es inconmensurable. Y se le nota.

Cuando se formó el gobierno, entró gente que hizo pensar que las carencias de Sánchez podrían suplirse con la experiencia de algunos de sus ministros, que habían demostrado que conocían el terreno que pisaban y que además eran clara, abierta y rotundamente patriotas que trabajarían con rigor por defender la Constitución y los intereses de los españoles. Nombres como Grande Marlaska, Margarita Robles, Nadia Calviño, Juan Carlos Campo, José Luis Escrivá o Pedro Duque, que no sabía nada de política pero tenía imagen de buen tipo, daban cierta confianza ante un equipo creado por un nada fiable Pedro Sánchez que además había metido en el gobierno a un vicepresidente y cuatro ministros de Podemos que provocaban pavor. Por su inexperiencia, pero sobre todo por sus reticencias hacia la Constitución, sus alianzas con dictadores latinoamericanos poco aconsejables y por sus simpatía hacia el independentismo y hacia los sucesores de ETA.

Con el tiempo, aquellos que parecían garantizar que Sánchez no iba a sacar los pies del plato constitucional, han demostrado que una vez más los que llegan impensablemente a las cotas más altas de poder se encuentran tan a gusto con el coche oficial que tragan todos los sapos que hagan falta con tal de mantenerse en su sillón ministerial. Y hasta aplauden con entusiasmo públicamente las palabras del líder aunque esas palabras signifiquen su apoyo a todo aquello de los que habían abominado antes de formar parte del gobierno.

Es decepcionante que no haya un solo miembro del gabinete de Sánchez que no haya hecho el menor gesto de rechazo hacia políticas inconcebibles y declaraciones que hieren la sensibilidad de cualquier español de bien, como las pronunciadas por Sánchez en el Senado al expresar su dolor ante el etarra que se suicidó en su celda. Nada que objetar si el presidente hubiera expresado el mismo dolor en otras circunstancias, con víctimas de verdad, no con un verdugo.

En esta España actual en la que destacan tan pocos políticos por su trayectoria, su experiencia, su comportamiento y su moralidad, provoca tristeza absoluta que algunos de que los que previamente habían demostrado contar con las necesarias trayectoria, experiencia y moralidad, no tengan ahora la vergüenza torera de decir alto y claro que no comparten algunas iniciativas de sus compañeros de gobierno y de su presidente. Porque, mal que pese a los que callan y más aún cuando aplauden las barbaridades que lanza Sánchez desde su escaño a aquellos a los que exige que le respalden, está en juego también su propia dignidad. Aparte de que no levantan la voz ante un presidente que lleva a los españoles directamente al abismo, no se comprende que, por ejemplo, se queden quietos cuando su presidente acusa a Ciudadanos y al PP de no defender la Constitución como la defiende Podemos.

Para llorar.

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