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Viajes de vuelta en el tiempo

Basta con ver las portadas de la prensa del 2013 y las de 1994, por ejemplo, para comprobar cómo cuarenta y tantos millones de españoles viajan hacia atrás o peor. Tendríais que haber hecho las búsquedas en castellano

Quiero confesar que viajo en el tiempo. Unos investigadores de la Universidad de Michigan, Nemiroff y Wilson, han hecho una búsqueda en internet para encontrar a gente como yo. El estudio, con su metodología, sus clasificaciones y sus conclusiones, buscaba viajeros en el tiempo mediante hashtags y preguntas en Facebook, Google, Twitter y así. En concreto, trataba de descubrir si algún listillo del tiempo había adivinado #popefrancis o #cometison, es decir, el nombramiento de Francisco o la llegada del Cometa Ison antes de que ocurrieran… porque ya lo sabía.

No me han encontrado, pero ya no puedo soportarlo, por eso lo digo públicamente: vivo en un país que viaja hacia atrás. Y encima mis canas se multiplican.

El estudio es lo que se dice impagable, y un serio candidato a los premios Ignobel, que, como sabrán, honran anualmente a las investigaciones en serio de cosas que parecen broma. El año 2013, por ejemplo, el Ignobel de la Paz se lo llevó el presidente de Bielorrusia por prohibir aplaudir en los mítines, lo que condujo a la detención de un manco. Si no me creen, no me extraña, pero lo pueden comprobar. Aunque me sigo preguntando cómo logró escapar el compinche, que me da a mí que era manco del otro brazo.

A lo que vamos: si el país retrocede, con políticos comportándose como niños (algunos, como los siete niños de Écija) y niños pidiéndose de todo a los Reyes, como políticos, y en cambio yo envejezco, es que he viajado al futuro. Escribiré al email de los investigadores para hacerles partícipes, sobre todo porque en las conclusiones del estudio parecen desconsolados por no haber encontrado pruebas, pero orgullosos por haber realizado la búsqueda más extensa hasta la fecha. Y digo yo: si los viajes en el tiempo existen, ese dato es irrelevante, queridos Nemiroff y Wilson.

En el artículo se cuenta el experimento de Hawking consistente en dar una fiesta y mandar días más tarde las invitaciones. Claro, no fue nadie, pero eso es porque los viajeros en el tiempo, aparte de tímidos, no le damos importancia a las citas: somos como bilbaínos de las fechas, que vamos cuando queremos.

Nemiroff, Wilson, desde aquí os lo digo: basta con ver las portadas de la prensa del 2013 y las de 1994, por ejemplo, para comprobar cómo cuarenta y tantos millones de españoles viajan hacia atrás o peor. Tendríais que haber hecho las búsquedas en castellano, pero la habéis fastidiado por anglocéntricos. Chincha rabiña, supongo.

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