Jon Navascues

¡Viva el Rey!

Personalmente opto por el cambio en la política, mi voto irá para ello, y sé que si Podemos entra en escena con fuerza –lo dudo–, llegará el momento en que elijamos el sistema que queremos.

Opinión

¡Viva el Rey!

Personalmente opto por el cambio en la política, mi voto irá para ello, y sé que si Podemos entra en escena con fuerza –lo dudo–, llegará el momento en que elijamos el sistema que queremos.

Reconozco que lanzar este grito días después de que Felipe VI se baje el sueldo es del todo ventajista. Demasiado fácil. Pero la verdad es un tema al que he dado muchas vueltas. Es prácticamente imposible encontrar a alguien joven que se declare monárquico y los argumentos más utilizados son «les pagamos todo», «no les hemos elegido» o «no hacen nada». Vamos que el hastío de la sociedad se vierte sobre también sobre Felipe. Yo también estoy cansado y asqueado, pero eso no me impide analizar.

Dejo de lado mi opinión sobre el poder que nos ordena y pienso en los argumentos en contra del actual monarca. Obviando los rencores de un pasado del que ya nadie es responsable y que, por tanto, me resultan estúpidos, solo me viene a la cabeza el gasto público que supone. 7 millones de euros anuales en representación internacional es un desembolso nimio y una inversión muy rentable, de las mejores. Porque yo, personalmente, prefiero su talante, sus idiomas y su educación para tratar con las altas esferas antes que el perpetuo titubeo de Rajoy, un fantoche, antes que la impostura de Pedro Sánchez, político con alma de actor, y antes que la agresividad verbal de Iglesias, un gran comunicador fullero, como la mayoría. Lo peor que puede decirse del Rey es que es un enchufado, como la mayoría.

La corona es un nexo de unión entre legislatura y legislatura. Aunque el rey no tenga un poder político directo, su figura mantiene una conexión cada cuatro años. Es, de algún modo, la columna vertebral que mantiene una coherencia o al menos una constante en la identidad nacional. La educación, la sanidad o la cultura sufren metamorfosis cíclicas que solo perjudican a la estabilidad y al desarrollo de esos campos. Y luego entra la honorabilidad de Felipe, la confianza que transmite. Sin una mancha en su expediente, ningún lío conocido, no es responsable de los actos de sus hermanas, que por cierto ya no tienen sueldo público. Dudo que le veamos acogerse a la inviolabilidad que mantiene el ápice de honradez de su padre; esta astilla salió pulida. Y su mujer, además de ser un bonito florero, también ha vivido en la realidad durante 30 años y demostró ser capaz de ser una referencia en su profesión.

Personalmente opto por el cambio en la política, mi voto irá para ello, y sé que si Podemos entra en escena con fuerza –lo dudo–, llegará el momento en que elijamos el sistema que queremos. Como tiene que ser. Entonces la sociedad hablará y tendremos 7 millones más de un presupuesto de 260.000 millones de euros para, por ejemplo, podar mejor los pinos de Tortosa de Los Pinares, que falta les hace. En fin, así es la democracia que creo que quiero. Así que, hasta que dure, hasta que le echemos o hasta que se haga el harakiri, por mi parte que viva el Rey.

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