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Vox, el Atleti y la tercera urna

Foto: Vox | Twitter

Melancolía. Es un soplo la vida y veinte años no es nada, que diría Gardel. Como en el tango, me sorprendo al descubrir que ya hace casi 3 decenios desde que Ruiz Mateos agrediera al exministro Boyer delante de las cámaras de televisión. Mayo del 89. Todo un suceso. El escenario, las semanas previas a unas elecciones al Parlamento Europeo. Los protagonistas, Ruiz Mateos y su agrupación de electores, artefacto hoy de moda para Manuela y Manuel. Desde luego, fue eficaz, porque logró dos escaños de golpe. Eso sí, a golpe de “que te pego, leche”.

Los comicios en Europa son los que menos importan a los españoles. De hecho, en las tres últimas convocatorias el 55% de los llamados a votar se quedó en casa. Y eso que en 2014 el paisaje de fondo invitaba a darse el paseo. La crisis económica y su derivada institucional habían devastado la esperanza de muchos españoles, que llevaban tiempo diciendo a sus representantes, en las calles y en las encuestas, que “así no”. Dos años y medio de sequía electoral sin convocatorias para encauzar el desafecto daban mucha sed de voto y la gente, los que fueron, llegaron a la urna con ganas.

Por eso, los resultados de aquellas elecciones fueron un verdadero parteaguas en nuestro sistema político, y paradójicamente inauguraron un nuevo ciclo electoral en España, del que todavía no conocemos todas las consecuencias. Por primera y única vez, los dos partidos más votados no superaban conjuntamente el 50% del voto. Un Podemos neonato sería cuarta fuerza a escala nacional, tercera en Madrid. En Cataluña, Esquerra Republicana ganaba las elecciones por primera vez desde la restauración de la democracia. Diez partidos o coaliciones diferentes consiguieron representación y otros 5 sumaron más de 100.000 votos cada uno. Hasta el Partido X o el Movimiento del juez Elpidio Silva contaron sus apoyos por centenar de miles.

Las noches electorales son como las mañanas de EGM: pase lo que pase, todo el mundo dice ganar. Pero aquella del 25 de mayo no fue especialmente buena para un partido como VOX, que a pesar de sus escasos meses de vida se quedó a solo 1.740 votos de conseguir un eurodiputado. El escaño estuvo cerca, casi tanto como la Champions para el Atleti en la final del día anterior. Pero el eurodiputado fue para Ciudadanos y la décima para el Real Madrid. Un fin de semana malo para el ánimo de los colchoneros más conservadores.

Después de cinco años su revancha parece que llegará en forma de Superdomingo, que diría un sajón. El próximo 26 de mayo se celebrarán elecciones municipales, autonómicas y europeas. Y uno de los efectos más importantes que seguramente provoque la coincidencia de estos tres comicios es el aumento de la participación en la urna de las elecciones europeas, la tercera urna.

Se espera una participación diferencial de unos 20 puntos con respecto a 2014. Eso son más de seis millones de españoles, casi siete. Acudirán a elegir a su alcalde y habitualmente no votarían en las europeas si se celebrasen en solitario. Pero ya que están, aprovecharán el viaje.

Son elecciones de circunscripción única, se consideran de segundo o tercer orden, y encima España elige a cinco eurodiputados más, lo que abarata el coste del escaño. Los de Abascal calientan en la banda y algunos indicadores demoscópicos ya parecen señalar el final de su particular travesía del desierto extraparlamentario.

Sin embargo, el resultado de este partido no se va a decidir hasta el último minuto. No hay nada escrito. El escaño europeo será menos costoso en términos relativos, pero en términos absolutos tendrá un precio más elevado. Cualquier formación que quiera optar a un eurodiputado necesitará al menos entre 350.000 y 400.000 votos en el conjunto de España. Desde luego, no son pocos. Por no hablar del posible efecto contagio en las otras dos urnas, la de municipales y la de autonómicas, allá donde se celebren.

Diga lo que diga el escrutinio, habrá que ver la final de la Champions que, ironías de la vida, será en Madrid una semana después y en el estadio del Atleti, el Wanda Metropolitano. Aún quedan ocho meses y es pronto para hacer cualquier tipo de profecía. ¿El Atleti, qué, este año campeón de Europa?

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