Jesús Nieto

Vox, falta de algodón

Toda situación absurda conlleva un esperpento. Hay quien se pone estupendo y digno cerrando el paso a Vox. Hay tertulias en Madrid donde parece que han salido liberales debajo de las piedras. Los intelectuales de baratillo salen con su cordón sanitario, las cofrades de la procesión de la Vagina andan ahora de mantillas de luto. Se ponen estupendos muchos blanditos, autonomistas otros, porque quizá durante mucho tiempo han estado haciendo funambulismo -y carrera- en el momio de eso que dieron en llamar el Estado de las Autonomías.

Opinión

Vox, falta de algodón
Foto: Gogo Lobato
Jesús Nieto

Jesús Nieto

Escritor, periodista, actor de doblaje y madrileño por narices. Ciclista de a diario. Blanco o colchonero según la digestión. Romántico rompedor de los tópicos.

Toda situación absurda conlleva un esperpento. Hay quien se pone estupendo y digno cerrando el paso a Vox. Hay tertulias en Madrid donde parece que han salido liberales debajo de las piedras. Los intelectuales de baratillo salen con su cordón sanitario, las cofrades de la procesión de la Vagina andan ahora de mantillas de luto. Se ponen estupendos muchos blanditos, autonomistas otros, porque quizá durante mucho tiempo han estado haciendo funambulismo -y carrera- en el momio de eso que dieron en llamar el Estado de las Autonomías.

Pero Vox es la reacción con correspondencia política y hasta sociométrica al punto en el que el buenismo se ha plegado a la estupidez.

Piensen en los 17 sistemas educativos, en las competencias multiplicadas, en la cantidad de dinero que se ha perdido en el «café para todos» y su justificación metafísica. Nadie frenó el monstruo y Sánchez llevó la antiEspaña al paroxismo.

En Andalucía el voto de Vox fue el voto del cabreo, y al cabreo no se le puede pedir, de primeras, un olor a colonia cursi. Vox es Vox porque lo han votado en Andalucía, y 400.000 personas que no son machistas ni émulos de Goebbels; acaso sean profesionales liberales, herederos que se han quedado tiesos con el impuesto de sucesiones, o esa gallofa de gente que no entiende por qué hay delegaciones de consejerías más grandes que el Palacio Real.

Yo estuve en Vistalegre, y la sociología era variopinta: un hippy y hasta un torero en una plaza cubierta. Ya la realidad hará transitar a este partido por la senda de la tranquilidad. Acaso porque a la unidad de España y al desmonte de ciertos chiringuitos ideológicos y elefantiásicos les hace falta mejor cara, mejor tono. Y más algodón. Eso y que se humanicen un poco, claro.

Porque sabed que todo principio ultramontano se quita tocando pelo, una dirección general. Y escribo esto aún a la espera de acontecimientos.

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