Carlos Mayoral

Vuelve la cancelación, cae Hume

«Salvémonos de esos que decían defender la razón, cuando defender la razón costaba la vida, pero que ahora han dejado de tenerla según dicta desde el sofá mi abrillantada conciencia de habitante del siglo XXI»

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Vuelve la cancelación, cae Hume
Foto: Matt Dunham| AP
Carlos Mayoral

Carlos Mayoral

Un sustantivo: juntaletras; y tres adjetivos: solotildista, machadiano, puntoycomista.

La universidad de Edimburgo ha decidido cambiar el nombre de uno de sus edificios, hasta ahora llamado Hume Tower. ¿El motivo? Los alumnos se sentían angustiados por algunos comentarios racistas que el filósofo vertió sobre la historia trescientos años atrás. Así que, venga, coloquemos un nombre robusto y aséptico, que no remueva conciencias ni provoque debates, uno que no escueza los perineos suaves y blandos como Plateros de esta próxima y reluciente generación universitaria. Compruebo, tras leer la nota emitida por la universidad que subió a las redes el filósofo Miguel Quintana, que el nombre elegido es 40 George Square: ¡Bien hecho! Caiga Hume, caigan el XVIII, las Luces, la Ilustración y caiga cualquier cosa con tal de mantener intacta esa honradez. Salvémonos de esos que decían defender la razón, cuando defender la razón costaba la vida, pero que ahora han dejado de tenerla según dicta desde el sofá mi abrillantada conciencia de habitante del siglo XXI.

Y lo mejor no esto, amantes de Hume, racistas en potencia. Lo mejor es que la universidad ha montado un «Comité por la Igualdad y la Diversidad», que amenaza con una «revisión detallada» de «los vínculos de la universidad con el pasado». Una Gestapo cutre y puritana que vele por el buen discurrir de la historia: lo importante no es qué paso, sino qué queremos que hubiese pasado. Tiemblen, amigos, tiemblen. Ha llegado a sus universidades «el compromiso», como el chatarrero los domingos en la mañana, para despertarlos, para abofetear sus rostros somnolientos. Sin salir de nuestros queridos escoceses, es de suponer que caerá Macbeth, ¿qué es eso de matar al rey, de culpar a los criados, pobres desfavorecidos, y juntarse con brujas? ¡Al pozo de la historia, sea ficción o no! A ver, más escoceses ilustres: William Wallace. ¿Cómo se le ocurre enseñar el pandero en primer plano? ¿No es ese un acto de lascivia intolerable, una provocación carnal que puede, también, angustiar a nuestros sacrosantos alumnos? Caiga también, guillotinazo histórico.

Como suele ser habitual, para cancelar a personajes históricos de semejante calado es condición sine qua non que tomemos la parte por el todo, es decir, que nos olvidemos de las ideas, los proyectos y las hazañas que los elevaron para que prevalezca la supuesta afrenta ideológica. Dicho de otro modo, qué importa que Hume revolucionase la teología, el positivismo o la filosofía analítica, que sirviese de estímulo a los más grandes, como Manolito Kant, el Círculo de Viena al completo o Bertrand Russell, que sea considerado todavía hoy adalid del liberalismo o del naturalismo… ¡Minucias! Lo importante es que, en una nota al pie del manuscrito del ensayo De los caracteres nacionales, Hume se muestra racista y desconsiderado con las etnias marginadas. Toda esta farsa tendrá, eso sí, una fuerte recompensa a medio plazo: no mejorará en nada la vida de estos colectivos desfavorecidos, no restituiremos ningún honor profanado, pero tendremos al rebañito bien acopladito y sin quejarse en el redil de la mansedumbre ideológica.

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