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Washington-La Habana: Una nueva diplomacia

La mayoría del pueblo cubano y norteamericano aprueban este nuevo paso, que tendrá influencia en toda la geopolítica mundial y que demuestra la racionalidad que debe tener la política y la diplomacia en el siglo XXI.

En política hay que esperar lo inesperado porque si no, como decía Heráclito de Éfeso, no lo reconocerás cuando llegue.

Estados Unidos y Cuba han sorprendido al mundo con la reapertura de las relaciones diplomáticas entre La Habana y Washington, 54 años después del desencuentro producto de la bipolaridad y confrontación entre la Unión Soviética y Occidente. El 20 de julio volverá a izarse la bandera cubana en su embajada en Washington y la estadounidense en La Habana.

El secreto fue absoluto el año y medio que duró el proceso de negociaciones. El propio Obama señalaba que en 1961, año en que él nacía, el presidente Eisenhower anunciaba el fin de las relaciones diplomáticas y consulares con Cuba.

Desde 1945 no pisaba tierra cubana un jefe de la diplomacia norteamericana. Hoy John Kerry, desde Ginebra, donde asiste a las negociaciones también inesperadas con Irán, los miembros del Consejo de Seguridad y Alemania, anunció que pronto estará en La Habana.

La mayoría del pueblo cubano y norteamericano aprueban este nuevo paso, que tendrá influencia en toda la geopolítica mundial y que demuestra la racionalidad que debe tener la política y la diplomacia en el siglo XXI.

Los 144km que separan a los dos Estados ahora permitirán el transito libre de personas, mercancías, capitales e inversiones. Por supuesto, hay muchísimas cosas por resolver y por aceptar razón de dos sistemas políticos e ideológicos, y de dos diferentes historias.

Fue fundamental el retiro de Cuba de la lista de países vinculados al terrorismo y será muy importante el levantamiento definitivo del embargo.

Fueron necesarios 18 meses de negociaciones para llegar a la apertura de las embajadas. Raúl Castro se  impuso con su pragmatismo al eterno idealismo de su hermano Fidel, y Barak Obama rompió un paradigma en la política exterior de Estados Unidos.

Como decía Raymond Aron “son los hombres los que hacen la historia, pero ellos no saben qué historia hacen”. Esperemos el final de esta historia.

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