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Y ahora qué

"No sé si me queda sangre en las venas y ningún respeto por la política profesional después de ver y oír mucho de lo visto y oído estos días"

Foto: PIERRE-PHILIPPE MARCOU | AFP

La felonía existe pero el fracaso también. Hemos llegado a tal punto de degradación de lo democrático que ya tan verdad es una cosa como su contraria. Inés Arrimadas denuncia que Pedro Sánchez hurtó a parte de sus votantes, militantes y hasta parlamentarios la posibilidad de un pacto de gobierno como el que acaba de suscribir. Y eso es verdad. Tanto como es mentira. ¿Alguien dudaba de que Pedro Sánchez haría lo que le conviniera en cada momento, pulsando el alma y la tecla del PSOE más afín a sus estrategias? ¿Y de verdad alguien se cree que están las cosas para que ningún diputado de bancada grande le tosa lo más mínimo al que le ha sentado ahí? ¿A qué estamos jugando, señorías? ¿A hacer política o a La Niña del Exorcista?

Es posible que, si cuando PSOE y Ciudadanos tuvieron la oportunidad de sumar un gobierno de centroizquierda con 180 diputados, Albert Rivera hubiese estado por la labor, Pedro Sánchez se las hubiera arreglado para reventarlo, igual que se las arregló para reventar en julio un pacto con Unidas Podemos que Pablo Iglesias quería más que a su vida. Pero como aquello no se llegó ni a ensayar, no lo sabemos. Lo único que sí sabemos seguro es que Ciudadanos, después de ganar las elecciones en Cataluña en diciembre de 2017 y renunciar a ni siquiera intentar gobernar allí, no contento con eso, se dio a la más absoluta y pavorosa desbandada. Dejando huérfanos y atónitos a muchos catalanes no independentistas, de los que había llegado a ser único valedor y adalid durante casi una década. Todo se supeditó al objetivo tan respetable como opinable de intentar arrebatar al PP el culmen de la derecha y de la oposición. Con el resultado de todos conocido a estas alturas.

Desplomóse Ciudadanos, fuese Rivera, ocupó Arrimadas su posición. Y más allá de sus evidentes prendas personales y parlamentarias, el resultado viene a ser el mismo: la famosa Vía 221 sonaría bien como mantra electoral, incluso como ejercicio de mindfulness. Pero si algo estaba y está claro en este país es que el PSOE y el PP nunca van a formar una coalición de gobierno. Antes venderán el alma cada uno a sus diablos respectivos que apearse de una lógica de alternancia que ha regido España no ya desde la Constitución de 1978 sino incluso desde mucho antes, desde los tiempos de Cánovas y Sagasta.

De Pablo Casado se podía y se puede pues esperar que se haga a un lado mientras Pedro Sánchez pacta con quien sea, confiando en que ya llegará el día de su desquite. Ciudadanos no puede permitirse ese lujo. Si Ciudadanos de verdad quería marcar la diferencia no tenía que ofrecer lo que ha ofrecido. Tenía que haberse marcado un “Manuel Valls” a escala nacional: aceptar a Unidas Podemos como socio de gobierno del PSOE, gratis de ser menester, a cambio de que ni ERC ni Bildu ni cosas así tuvieran arte y parte. Todo lo demás: brindis al sol y a la luna de Valencia.

Y ahí andamos. Pedro Sánchez tiene el apoyo de quien le apoya, Inés Arrimadas ha tenido su momento de gloria o de pasión, según se mire, en el hemiciclo, momento de gloria (o de pasión) que, como los resultados catalanes de diciembre de 2017, no servirá absolutamente de nada. A no ser para que algunos/algunas hagan méritos (o se hagan ilusiones…) como aspirantes a fichajes de futuro para el PP. Pero para ese viaje sobraban alforjas y no hacía falta ponerse de pompis al famoso España Suma

En resumiendas, si uno quiere ser un partido de centro, EL PARTIDO DE CENTRO, tiene que ser capaz de pactar a diestra y a siniestra. Si sólo es capaz de hacerlo con el PP, para eso no hace falta dividir el voto y abrirle brecha a Vox. Que es el único pescador que llena las redes en este río tan revuelto. Y cómo.

Desde el punto de vista de una catalana no independentista, que se considera española, demócrata y constitucionalista: Houston, ¿hay alguien ahí? PP y Ciudadanos nos han periclitado y preterido por unos supremos intereses en política nacional que encima van y les salen rana. Y el PSOE de repente va y anuncia que se desgaja de lo que venía siendo el constitucionalismo “de toda la vida” para explorar no sé qué vías políticas con ERC y que Dios nos coja confesados.

Inter nos: no sé qué me da más miedo, si el cinismo de Pedro Sánchez y de Miquel Iceta, ávido muñidor de tripartitos en la sombra, o si la ciega irresponsabilidad de los que les ponen la proa, consumando y certificando una brecha sin piedad de la que está por ver que salgamos vivos. Y es que tal y como se están poniendo las cosas, mucha vuelta de hoja el tema no tiene: o el pacto del PSOE con UP y con los apoyos que tienen no es para tanto, con lo cual muchos se tendrán que acabar comiendo su Apocalipsis con patatas…o, si de verdad es para tanto, si de verdad significa lo que desde algunas tribunas se está diciendo que significa, entonces ya tardamos en bajar a las barricadas

Si a mí me preguntan les diré que ni lo uno, ni lo otro: que conociendo los antecedentes y el percal más veo a ERC (y al mismísimo Pablo Iglesias) siendo rehenes del PSOE que al revés en cuanto Pedro Sánchez sea investido y no sea fácil desinvestirle, haga lo que haga e incumpla lo que incumpla. Más cuando aquí todo el mundo se ha llenado la boca de barbaridades, que si tú eres un terrorista, que si tú eres la ultraderecha y tal y tal. ¿Cómo se desdice nadie de cosas así? No sé si me queda sangre en las venas y ningún respeto por la política profesional después de ver y oír mucho de lo visto y oído estos días. ¿Les he comentado alguna vez que me zafé del catalanismo (nunca llegué a ser independentista, pero catalanista sí…) cuando le empecé a ver insoportables tics fascistas? Si la más elemental falta de templanza democrática se generaliza de esta manera, ¿cómo zafarse y hacia qué? 

Lo cierto es que el PSOE ha buscado el apoyo de ERC no tanto porque fuese la única vía para investir a Sánchez (que no lo era), como porque lo que sí es, es la única manera de que el PSC vuelva a gobernar en Cataluña. Se está mascando el segundo Pacto del Tinell, el segundo rapto de Cataluña para que la derecha y hasta el centro sean imposibles allí, blindando al PSOE en la Moncloa, retrasando el turno del PP y muy probablemente machacando a lo que quede de Ciudadanos en el camino. ERC sólo tiene que renunciar a la unilateralidad y devolver su independentismo al cajón de las utopías irrealizables (donde había estado casi siempre…) para quitarse de encima a Quim Torra, a Carles Puigdemont y sus “neocons”, para tener a los presos de vuelta en casa en unos meses sin necesidad de tocar ni una coma de las sentencias (al fin y al cabo, la Generalitat gestiona las competencias penitenciarias) y, last but not least: para conservar casi intactos los resortes de poder sin los cuales este separatismo de moqueta y de salón no es nada. Ellos seguirán en su realidad paralela, pero mandando, y todos los demás en otra realidad igual de paralela, pero tragando aceite de ricino.

A no ser que alguien se atreva a salir a campo abierto, a decir que los dos emperadores están desnudos…y a ver qué pasa. Menos cerrarse puertas y más abrir la mente. Que el pasado ya no existe y el futuro está todo por deshacer. Como la cama.

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