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Y Blatter no se pudo llevar el balón

No es casualidad que Blatter se refiriera al Mundial como la “gallina de los huevos de oro”, en el discurso para convencer a los votantes en las elecciones de la FIFA. Le recordaba a cada Confederación que él era Midas. Y no solo convertía en kilates lo que tocaba, sino que podía transferir ese súperpoder… si lo apoyabas.

A todos nos pasó alguna vez. El desenlace –fatal o feliz- quedaba en el aire porque el dueño del balón se marchaba. Sin ninguna pena, tomaba la esférica y arrastraba los pasos con la lentitud del verdugo que disfruta la agonía del pobre.

El dueño del balón era el que peor jugaba. Una imagen apropiada para los que nos tocó crecer con dos infames al mando del fútbol mundial: Joao Havelange y Joseph Blatter. El primero, un jugador de waterpolo. El segundo, un jefe de relaciones públicas de una oficina de turismo.

El fútbol como espectáculo y negocio avanzó con la velocidad de Rápido y Furioso en los 41 años que duraron el brasileño y el suizo al mando. Antes de ellos, el pasado nos aparece en blanco y negro. Hasta inocente. Como las comedias de Harold Lloyd.

No es casualidad que Blatter se refiriera al Mundial como la “gallina de los huevos de oro”, en el discurso para convencer a los votantes en las elecciones de la FIFA. Le recordaba a cada Confederación que él era Midas. Y no solo convertía en kilates lo que tocaba, sino que podía transferir ese súperpoder… si lo apoyabas.

Y ganó. Porque en eso se ha convertido el fútbol. En una fábrica de generar ingresos, de acaparar poder (¡8 presidentes en 111 años de la FIFA!). Sin embargo, el Rey quedó desnudo a los pocos días. El FBI tenía la criptonita en forma de archivos documentados. Y, mucho menos contó con la astucia de Visa, Nike y otras tantas marcas que te empujan al abismo cuando el oro se convierte en cobre. Como les pasó a Lance Armstrong, Álex Rodríguez, Tyson Gray, Oscar Pistorius… y mejor no sigamos porque este subjetivo nunca acabaría.

Y ahora que estamos hablando de Estados Unidos, nada más paradójico que sea el país menos futbolista del mundo el que esté dando lecciones de ética, cuando su deporte preferido, el Fútbol Americano, es un nido de violencia doméstica y paraíso de sustancias que convierten los cuerpos humanos en Avengers. ¿El béisbol? una fábrica de desdicha humana, que abandona a prospectos latinoamericanos cuando no resultan ser lo que iban a ser, mientras los nativos (no los indígenas) al menos tienen un título para enfrentarse a la vida. No entremos en detalles de cómo promovían los escapes de prospectos de Cuba – y las millonarias comisiones- porque ya se reanudaron las relaciones y no queremos desatar un impasse internacional.

Buen ojo tuvo el fotógrafo que detalló la retirada de Blatter luego de la renuncia. Si se fijan, pareciera que escondiera algo. Es fácil imaginar que adentro de la camisa lleva el balón. Sin él no había fútbol. Así lo creyó durante tantos años y así lo creyeron los que siempre votaron por él, los que invirtieron con él, los que se corrompieron con él. Pero tranquilos. Que no cunda el pánico. Ahí está Platiní, quien votó en 2010 por Qatar, país que albergará el Mundial en 2022  y que ya suma un récord inigualable para el Barcelona o el Madrid: 4 mil trabajadores muertos por armar estadios en condiciones que no tienen nada de humanas*.

 

*El dato es de la Internacional Trade Union Comisson.

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