Paloma Barrientos

¿Y quién cuidará de ella?

¿Y ahora qué? ¿Qué pasará con ella? ¿Cuánto tiempo la dejarán respirar hasta que de nuevo la coloquen al borde del precipicio? El drama de la niña de los ojos grandes y las uñas pintadas no ha hecho más que empezar

Opinión

¿Y quién cuidará de ella?

¿Y ahora qué? ¿Qué pasará con ella? ¿Cuánto tiempo la dejarán respirar hasta que de nuevo la coloquen al borde del precipicio? El drama de la niña de los ojos grandes y las uñas pintadas no ha hecho más que empezar

Ojos grandes, dulces y tristes los de la niña afgana que mirando a la cámara nos muestra la locura en vivo y en directo de la vida. Su hermano, inhumano y sanguinario, la quiso inmolar en nombre de no se sabe qué razones, ideales y dioses.  Acoplada al chaleco de la muerte, su destino vital lo había marcado un loco peligroso y desalmado con el que tendrá que seguir compartiendo techo porque así lo han decidido los que no tienen intención de velar por su integridad física.

Su valentía no la ha servido para nada. Las leyes de su país no solo no protegen su infancia sino que la obligan a convivir con quien la quiso asesinar. A ella y todos los que estuvieran a su alrededor.  El comandante talibán, hermano mayor que debería cuidarla y ofrecer a la pequeña de la familia un futuro de ilusión, la quiso quitar de en medio convirtiéndola en un arma de destrucción andante.  
A sus diez años tuvo la  capacidad para diferenciar el bien del mal que no la tuvieron, ni tienen, los adultos que la rodean. 

¿Y ahora qué?  ¿Qué pasará con ella? ¿Cuánto tiempo la dejarán respirar hasta que de nuevo la coloquen al borde del precipicio? El drama de la niña de los ojos grandes y las uñas pintadas no ha hecho más que empezar. Ahora es cuando la presión internacional a través de las fundaciones y asociaciones que defienden los derechos de los niños deben estar con ella.

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