Laura Fàbregas

¿Y si Torra abre las cárceles?

La falta de liderazgo político en Cataluña se manifiesta con su máximo esplendor cada vez que acusan al presidente de la Generalitat de traidor.

Opinión

¿Y si Torra abre las cárceles?
Foto: Manu Fernandez

La falta de liderazgo político en Cataluña se manifiesta con su máximo esplendor cada vez que acusan al presidente de la Generalitat de traidor. Estas acusaciones que ahora recibe Torra, como en su momento Puigdemont, provienen de las redes sociales y de los que ejercen presión en las calles. En ningún caso son la expresión de la voluntad popular que representa el Parlament, ni siquiera dentro de la mayoría independentista. Pero, ¿no es sino la evolución lógica de un movimiento que ve en la democracia representativa y sus mecanismos un freno a sus aspiraciones?

El actual presidente de la Generalitat parecía que iba a mantener su desobediencia únicamente en el terreno de la retórica, una vez aprendida la lección de que la vía ilegal solo conduce a la cárcel o a la fuga. Pero hay indicios para pensar que, como buen nacionalista, no va a soportar ser considerado un traidor por parte de los suyos. Pese a que si no fuera por la figura del traidor seguiríamos en la época del Paleolítico.

En las secciones de opinión de algunos medios de comunicación así como en grupos de Whatsapp independentistas corre el rumor de que durante este mes de octubre el Govern, de forma coordinada con Puigdemont desde Waterloo, llevará a cabo un conjunto de medidas para “conseguir la independencia real y efectiva de Cataluña como república soberana”.

Más allá de la épica para mantener el sueño vivo de una independencia a la vuelta de la esquina, no hay que descartar que Torra pase a la acción. Y, puestos a especular, uno de los golpes de efecto para demostrar que Cataluña es soberana y no se rige por las leyes que dictan los tribunales españoles sería la de ordenar abrir las cárceles donde se encuentran los encausados por el procés.

Esta acción no solo obligaría al Gobierno español a intervenir y, de esta forma, mantener el pulso y la tensión con el Estado, sino que sacaría a relucir las diferencias con ERC: ¿saldría Junqueras de la cárcel? ¿O prefiere pasar por ella para ser después president? Algunos ya han apuntado que la cárcel es el precio a pagar para seguir mandando.

A la vista de que no hay ningún líder nacionalista capaz de afrontar la verdad y transmitirla a sus votantes, continuarán alimentando este sueño cada vez más surrealista.

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