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Opiniones libres de algoritmos

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Y silbarán los pájaros cabrones

Foto: JUAN MEDINA | Reuters

Televisión Española optó por cortar el sonido cuando las pitadas a Felipe VI y Rajoy. El efecto conseguido fue, sin embargo, el contrario al deseado. Un silencio ensordecedor y sucio con planos esquivando trapos ondeantes. No estaba allí la muchedumbre para honrar a las víctimas del terrorismo sino para erigirse en victimato vocinglero y turbio. Desde las estrelladas hasta las pancartas de un buenismo fabuloso e impertinente, sin olvidar las consignas del “fora, fora, fora!” (ah la Barcelona abierta, hospitalaria y cosmopolita), todo fue concebido con el único fin de escenificar la enésima exhibición de deslealtad, ruptura y odio. Aquella Revolució dels somriures dejó claro una vez más que se trata de una agria involución xenófoba. Contra la islamofobia pero a favor de la hispanofobia. Pacíficos amedrentadores de la concordia a golpe de consigna totalitaria, berreo y pitada. La sinécdoque más clarividente del vergonzoso espectáculo que se vivió en el Paseo de Gracia de mi ciudad la aportó el compañero subjuntivo Miguel A. Quintana Paz en un tuit que confrontaba sendas fotos de un tal David Minoves, de ERC, of course, insinuando que el rey se dedica al tráfico de armas con el gráfico testimonio de su devoción, compartida con su compañero de filas y parafilias Rufián, por Otegi y el puño. En alto.

La manipulación independentista (vía tropas de asalto de la CUP y ANC) de la manifestación en recuerdo de las víctimas del terrorismo islámico ya ha sido criticada e incluso ellos mismos la han vindicado ufanos. Se ha intentado ignorar. Minimizar. Cortar el sonido como hizo Televisión Española. Pero, mal que nos pese, fue notable y multitudinaria evidenciando además otra realidad moral incuestionable: la gran cantidad de personas mezquinas que participaron en la manifestación del sábado. Contraviniendo el dogma populista me arriesgo a afirmar que “la gente” no estuvo a la altura de sus representantes institucionales.

Y ya puestos, me faltó junto a Lorca y Sagarra, el recitado de aquellos resacosos versos de Gil de Biedma: “Irán amontonándose las flores/ cortadas, en los puestos de las Ramblas, / y silbarán los pájaros -cabrones-/ desde los plátanos, mientras que ven volver/ la negra humanidad que va a la cama/ después de amanecer”. Pues eso. Silbarán. Cabrones.

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