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Opiniones libres de algoritmos

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Y tú… ¿de qué te acuerdas?

"La realidad es que cuanto más tratamos de pensar en esas cosas, más se acostumbra el cerebro a pensarlas solas y vienen como frutas dulces, como regalos caídos del cielo"

Foto: Cedida por Lea Vélez

“Me acuerdo de cuando nos sabíamos los teléfonos de memoria”. Este es solo uno de los 499 me-acuerdos de Jesús Marchamalo, a quien hace años le picó el bicho de la memoria en pequeño formato. Lo cuenta en el prólogo de su nuevo libro, que por supuesto, se titula Me acuerdo.

Ese acicate literario se remonta al 78, es un librito de Perec titulado Je me souviens, en el que su autor rememoraba con pequeños fragmentos como postales, como relámpagos de memoria, elementos de su infancia y la adolescencia. Pero Perec no fue el primero en acordarse así de las cosas, también se picó con otro libro, éste de 1970, escrito por el artista Joe Bainard, que como un álbum infantil de cromos escogidos, coleccionaba memorias. Tuvo muchísimo éxito y se tituló, lógicamente, I remember.  Según contó no hace mucho en su precioso Instagram la editora Belén Bermejo, amante de estas cosas tan chulas, está descatalogado (¿o lo contó su marido, el escritor Jose C. Vales?, vaya, no me acuerdo).

Dice Marchamalo que tras su lectura de Je me souviens, de Perec, no pudo evitar “acordarse” y comenzar a anotar esos flashes, esos momentos que a veces nos llegan de forma proustiana, por un sabor, un olor, un objeto desechado en la basura. La realidad es que cuanto más tratamos de pensar en esas cosas, más se acostumbra el cerebro a pensarlas solas y vienen como frutas dulces, como regalos caídos del cielo.

Este proceso del recuerdo, que a veces es tan simple como abrir una esclusa, me interesa por encima de todas las cosas así que me hice con el libro, a ver si compartíamos recuerdos. La memoria es algo increíble, porque nada parece desaparecer nunca del cerebro. Las cosas quedan dormidas, parecen por siempre olvidadas, como palacios enterrados en la arena, y de pronto viene otro ser sensible, un Marchamalo majísimo, arqueólogo de lo que importa, y te las despierta con recuerdos que no son necesariamente, los tuyos. Así que lo grandioso de escribir sobre la memoria de uno mismo, es cómo el hecho de hacer memoria alimenta los recuerdos de los demás, no en aquellas cosas que coinciden, sino en otras muchas pertenecientes a cada familia o cada generación. No sé que petróleo se derrama en la mente, quién enciende la cerilla, si el autor con sus recuerdos o el lector con su interés, pero es la unión perfecta y en estos tiempos que corren, creo que de lo más que hace falta es memoria.

La memoria es nuestra cultura. Nuestra comunidad invisible. Marchamalo se acuerda de cosas anteriores a mi infancia y adolescencia (sutil forma de decir que soy algo más joven) pero su recuerdo me hace recordar las mías y entender la importancia de pasarlas a la siguiente generación, porque a veces duele recordar lo que ves que está por volver, como una frontera, como una lucha, como una guerra.

Leyendo Me acuerdo, inmersa como estamos en un contexto algo desmemoriado de esas cosas que importan, que importan desde un punto de vista histórico y de la convivencia, no puede evitar pensar en frases cortas, recuerdos, me-acuerdos que no vendrían mal como pancartas de manifestación en favor de la cordura:

-Me acuerdo de cuando había fronteras y los gendarmes en Francia le preguntaban a mi padre: ¿Algo que declarar? Siempre pasábamos mucho miedo, porque a mi padre le gustaba escuchar música y compraba en París aparatos alemanes que trataba de pasar de contrabando.

-Me acuerdo de cuando el tren Puerta del Sol llegaba a Francia desde Madrid, que te despertaban a las dos de la mañana, para que los gendarmes te revisaran el pasaporte y te registrasen la mochila.

-Me acuerdo de cuando de adolescentes queríamos viajar fuera de las fronteras de Europa para que policías aterradores nos pusieran sellos en el pasaporte.

-Me acuerdo de cuando Terra Lliure ponía bombas y de la pena que me dio cuando con una de esas bombas, hundieron la Nao Santa María que estaba anclada en el puerto de Barcelona.

-Me acuerdo de cuando se acabó el terrorismo catalán y de que desde el gobierno, los indultaron.

-Me acuerdo de cuando pusieron el AVE, tren de alta velocidad, que nos unió mucho más con Cataluña. Ahora parece que siempre ha estado ahí.

-Me acuerdo de cuando quitaron la frontera con Francia. De esa estructura metálica de la autopista que la delimita por Irún y de la sensación de libertad de ser ciudadana de Europa al atravesarla sin un guardia civil o un solo gendarme a la vista.

-Me acuerdo de que en el colegio pusieron un cartel con algo escrito y una fotografía del dictador que decía, “último mensaje de Franco”. Yo me preguntaba cuándo y en qué condiciones había dejado escrito ese mensaje. También, me acuerdo de cuando el bedel del colegio puso otro cartel que decía: “primer mensaje del rey”. Nunca nos explicaron lo que decía. Creo que alguna vez lo intenté leer, pero era un rollo.

-Me acuerdo de que antes de cada clase, en un colegio laico y público, lo primero que se hacía, era rezar el Padre Nuestro. Me acuerdo de que yo me sentía mal porque no me lo sabía y no sabérselo estaba fatal visto.

-Me acuerdo de que las cosas eran mejores hasta hace unos años y me acuerdo de la gente de mi edad diciendo que “con Franco se vivía mejor” así que dudo de que las cosas fueran mejores hace unos años.

-Me acuerdo de cuando leí Homenaje a Cataluña, de Orwell, que contaba que allí los que se pegaban tiros unos a otros desde las azoteas, eran, supuestamente, todos del mismo bando.

-Me acuerdo de que en las películas americanas, los jóvenes sudistas siempre se alegraban muchísimo de conseguir la independencia y lanzaban los sombreros al aire.

-Me acuerdo del día en que murió Franco y que a los niños nos dejaron una semana sin dibujos animados.

-Me acuerdo de todas las guerras civiles españolas, una por siglo y a veces dos, que estudiábamos en la escuela.

¿Y tú? ¿De qué te acuerdas?

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