Carlos Mayoral

Zafón y la alta literatura

«La poesía dejó de marcar élites, la novela dejó de ser un género burgués, la educación es hoy general en el primer mundo y las clases medias se han estirado»

Opinión

Zafón y la alta literatura
Foto: David Ramos| Planeta
Carlos Mayoral

Carlos Mayoral

Un sustantivo: juntaletras; y tres adjetivos: solotildista, machadiano, puntoycomista.

Ahora que se cumple un año del fallecimiento de Carlos Ruiz Zafón, me doy cuenta de los numerosos testimonios que he visto pasar, a lo largo de estos doce meses, por aquí y por allá, por el mundo virtual o por el real, referentes a la lectura de sus libros. Testimonios de cariño y afecto hacia sus personajes, de pasión hacia su obra, de admiración y recuerdo hacia su oficio. No hacía falta ser un lince para predecir que las novelas de Zafón sobrevivirían a la muerte del autor, pero constatarlo siempre deja tras de sí el regusto de una intuición diligente. En cualquier caso, recuerdo bien que, aquel 19 de junio de 2020, escribí someramente sobre el asco que me daba la alta literatura, ese ente que se empeñó, durante décadas, en ningunear a un autor que contaba con el cariño de sus millones de lectores por todo el mundo. Y lo mantengo.

Digo que me provoca profundo asco esa especie de literatura de clase por dos motivos. Primero, porque la literatura no es alta ni baja, sino buena o mala. Habrá quien piense que son dos clasificaciones sinónimas, pero no es así. En la primera clasificación, nombres como Salgari, Verne, Defoe, Christie y tantos otros quedan excluidos de esa suerte de jet set literaria. Pero es que, además, y he aquí el segundo motor de la profunda aversión que me provoca el término, para acceder a eso que llamamos «alta literatura» se necesita la aquiescencia de tantos hombres grises que conformaron el canon, tipos con chistera y pajarita que custodiaban las llaves del canon siempre que pudieran acceder a él cuando gustasen. Ocurre, sin embargo, que para que un libro sea bueno o malo hace falta algo tan simple como la apreciación de un solo lector. Y ahí, como ya dije, sólo es necesario echar un vistazo a cualquier lugar donde se reúnan unos cuantos lectores para comprobar qué corpus literario de Zafón es, en el sentido popular de la palabra, bueno.

Además, no resulta descabellado pensar que esa distinción secular entre alta y baja literatura tiende a desaparecer. La poesía dejó de marcar élites, la novela dejó de ser un género burgués, la educación es hoy general en el primer mundo y las clases medias se han estirado. La lectura es un reducto que ya no defienden unos pocos, sino que ahora, y más aún con la llegada de las nuevas tecnologías e internet, amplía horizontes, capta adeptos y amantes, que diría Lorca, crea nuevas corrientes de opinión y de crítica. La literatura ha dejado de ser una marca de nada, y compite a duras penas por ocupar espacios de formación y de ocio con actividades y plataformas que hoy en día resultan imbatibles. Precisamente por eso son tan necesarios creadores como Zafón, que supieron apretar el resorte del imaginario lector de tantas mentes a lo largo y ancho del globo. Así que, una vez más, gracias, Zafón. Y tranquilo, tu obra sigue tan viva como siempre.

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