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Pilar Cernuda: «Nunca hubo un pacto de periodistas para cubrir al Rey»

La periodista habla don David Mejía sobre su experiencia tras medio siglo ejerciendo el periodismo.

Pilar Cernuda (Santiago de Compostela, 1948) ejerce el periodismo desde hace más de cincuenta años. Ha trabajado en prensa escrita, radio y televisión. Es autora de más de una docena de ensayos y de tres novelas.

PREGUNTA. Quería empezar hablando de tu infancia, ¿cómo influyeron tus padres en tu formación política y sentimental?

RESPUESTA. Influyó más mi madre, pero soy una privilegiada por los padres que he tenido. Yo nací en Santiago porque soy sietemesina, tenía que haber nacido en Vigo. Siempre digo que soy nacida en Santiago, vivida en Vigo y donde me siento gallega es en una aldea muy pequeña de donde es la familia de mi bisabuelo, y que sigue siendo el centro de unión familiar. Mi padre estudió Derecho, pero ejerció muy poco tiempo porque poco después hizo la oposición de información y turismo, que acababa de ser creada. Y me siento una privilegiada porque, por el trabajo de mi padre, cada cinco años nos cambiábamos de ciudad. Por ejemplo, soy del Betis porque hasta los diez años viví en Heliópolis, y no tuve más remedio que ser del Betis. Y luego fui del Celta porque viví en Vigo todo el bachillerato. Y luego me hice a vivir en Madrid, pero necesito ir a Galicia constantemente.

P. Si no me equivoco, tu padre pertenecía a la Falange.

R. Mi padre, más que falangista, era joseantoniano, como él decía siempre, porque en Falange hubo muchos movimientos. Algunos me producen un profundo rechazo y otros, sin embargo, una gran admiración. Había, por ejemplo, un movimiento de intelectuales y de escritores importantísimo. Mi padre escribió la letra de algún himno, y era muy cercano a esos intelectuales, mis padres eran íntimos de Dionisio Ridruejo.

P. ¿Y tu madre?

R. Mi madre estudió medicina, que también en aquella época era insólito. Mi madre fue en aquel momento la única mujer de la facultad de Santiago. Y siempre contaba que cuando explicaban el aparato reproductor masculino, le decían: «Pilar, salga al pasillo». Mi madre sí tuvo un cargo importante en la Sección Femenina; algún día se escribirá la historia real de la Sección femenina, porque se piensa que nos obligaban a hacer cosas absurdas, a las labores, a la cocina, que nos transmitían una mentalidad completamente retrógrada, pero yo aprendí infinitamente más cosas que me sirvieron mucho. Mi madre, que era íntima amiga de Pilar Primo, montó la primera red de guarderías públicas que hubo en España. Eso lo hizo la Sección Femenina, y nunca se cuenta. La Once fue también una iniciativa de la Sección Femenina, y los centros para mayores.

P. ¿Cómo influyó esa mentalidad en tu educación?

R. Tuve unos padres muy cultos, que nos fomentaron una barbaridad la lectura. Un dato: en mi generación todas las mujeres iban a colegio de monjas, y siendo mi madre profundamente religiosa, yo no fui a un colegio de monjas. A mí me llevó al único colegio seglar que había en Vigo, un colegio creado por un grupo de estudiantes que se conoció en la Universidad de Santiago, y montaron un colegio pequeño que era una maravilla. Tuteábamos a las profesoras y nos inculcaban unos principios muy progresistas. Es decir, en mi familia eran conservadores políticamente, avanzados en lo social, e intelectualmente, mi casa estaba llena de libros. Había una enorme afición a la lectura, y además no se hacía ni caso a aquel famoso índice de libros que había en mi época de estudiante, en casa teníamos todos los libros supuestamente prohibidos. Insisto, soy una privilegiada absoluta. A los trece años mis padres me mandaron a Francia, con una familia que no conocían, pero pensaban que yo tenía que ver otro tipo de mundo.  Fui la primera chica de Vigo que a los 13 años salió, y la gente no lo entendía. Pero allí me fui, y hoy en día sigo en contacto con ellos, son mi segunda familia.

P. En este ambiente, lo extraño hubiera sido que no estudiaras una carrera universitaria.

R. Mira, mi madre era muy amiga de un gran intelectual gallego, Domingo García-Sabell, que era médico y que fue senador en la primera legislatura, fue un hombre muy importante en Galicia y en España. Y a mí me contaba Domingo que mi familia fue la primera familia gallega en la que todas las mujeres eran universitarias. Mi madre eran seis hermanos, tres hombres y tres mujeres, y las tres mujeres fueron a la Universidad. Por eso cuando me dicen «de Falange», pienso «pues sí, de Falange ¿y qué?» A mí lo que me importa es cómo eran mis padres y qué aceptaban de Falange y qué no.

P. Entonces te animaron a estudiar una carrera universitaria, pero ¿qué les pareció que fuera periodismo?

R. Sí, daban por hecho que yo iba a estudiar una carrera, como el resto de mis hermanos, los seis estudiamos en la universidad. Pero yo no quería estudiar periodismo, siempre quise ser arquitecto. Cuando dicen que el periodismo es una carrera vocacional, siempre digo que en mi caso no. Yo soy de ciencias, me gustaba muchísimo el arte y empecé la carrera de arquitectura en Madrid. Pero era una carrera en la que no podías pasar a segundo sin tener absolutamente aprobado todo, y se tardaba muchísimo tiempo en terminar primero. Y cuando estaba en tercero de primero, me quedó una asignatura, que además era la que más me gustaba, pero hice mal el examen final y me suspendieron. Y como no me dejaban adelantar ninguna de segundo, para aprovechar el año, me matriculé en la Escuela Oficial de Periodismo. Acabé aprobando la descriptiva -por eso siempre digo que tengo la carrera de primero de arquitectura- pero ya me enganché al periodismo.

P. ¿Cómo recibieron la noticia en casa?

R. Mi padreescribía muy bien y durante un tiempo dirigió el periódico La Voz del Sur, que era el periódico del Movimiento de Cádiz, pero se llevó un disgusto cuando le dije que empezaba Periodismo. Luego, la verdad, es que le gustó que me dedicara a esto y hablábamos mucho de periodismo.

P. Empiezas a ejercer de periodista en el año 72, antes incluso de acabar la carrera. Entiendo que era un mundo mayoritariamente masculino.

R. Éramos pocas mujeres, yo he viajado muchísimas veces siendo la única mujer del grupo. Me dieron mi primer trabajo en una revista que se llamaba Mundo Joven, que se cerró. Luego entré en el Diario Madrid, que también se cerró. Y luego ya pasé a televisión, estuve trabajando en Estudio Abierto con José María Íñigo. Fue una época gloriosa del programa, en el que estaban Leguineche, Picatoste y Candau. Y allí fue cuando Manu Leguineche me ofreció trabajar con él en su agencia, Colpisa. Manu es mi profesor, mi maestro, es el que me enseñó todo lo bueno que sé de periodismo. Después me fui dos años a Estados Unidos, y a la vuelta me volví a incorporar a la agencia con Manu, justo para el primer viaje de los Reyes a República Dominicana y Estados Unidos. Manu me mandó a mí porque ya conocía aquello. El siguiente viaje de los Reyes fue a Francia, y Manu me mandó a mí porque sabía francés. Y así fue como me fui especializando en Casa Real. Por aquel entonces también se organizó una comida con Ruiz Jiménez, que en aquel momento era el líder de la Democracia Cristiana, y Manu me mandó a mí porque pensó que sería la única mujer y me pondrían a su derecha, y eso es lo que pasó. El segundo almuerzo fue con el Gobernador del Banco de España, que se llamaba Luis Coronel de Palma, y me pasó exactamente lo mismo: me pusieron a la derecha por ser la única mujer. Y así, sin darme cuenta, la vida me fue dirigiendo.

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P. Ahora se mira con recelo retrospectivo a los periodistas de los años 70 y 80 por, supuestamente, pactar un silencio sobre las actividades sospechosas de Juan Carlos I.

R. Eso no es verdad. Yo leo cosas asombrosas de la época de la Transición, entre otras, ese pacto de los periodistas que mencionas. Y no es verdad. El rey Juan Carlos hizo cosas inconmensurables por este país. Que salía con señoras, lo sabíamos todos, pero en España, qué político no tiene… Si yo cuento vidas paralelas, se vendrían abajo las biografías de algunas personas. Pero España es un país muy abierto, no le dábamos importancia a aquellas cosas. Sin embargo, sí hubiéramos conocido casos de corrupción, ten la certeza de que se hubieran contado. Sobre los 100 millones de dólares que le dio el Rey de Arabia Saudí hay hasta libros publicados, y parece que se descubre ahora, pero no hay más que ir a las hemerotecas. Ese pacto de periodistas no ha existido nunca.

«Nadie sabía que el Rey cobraba comisiones»

P. ¿Entonces no se sabía que fuera comisionista?

R. No, en absoluto. Lo primero que se supo fue lo del Rey de Arabia Saudí. Pero nunca se mencionó la palabra comisión, se decía que era una donación. Luego, los periodistas de aquella época sabemos todos lo que pasa con algunas familias reales. No quiero dar nombres, pero hay una serie de familias reales, o de ex familias reales, que viven de representar a familias reales árabes en sus negocios en Occidente, y reciben dinero por eso. Al Rey Juan Carlos no le pagaron por el trabajo que hacía, entre otras cosas porque la comisión te la da quien recibe ese trabajo, no quien lo encarga; es absurdo pensar que el Rey Saudí va a pagar una comisión al Rey Juan Carlos. Lo que sí había eran donaciones, entre otras razones porque la familia real española debe ser la que tiene menos dinero de todas las familias reales que se conocen. Todos conocemos lo que pasó durante el exilio de Don Juan y sus hijos, que no tenían un duro y vivían de donaciones de monárquicos. Entonces tampoco chocó tanto aquello, lo que pasa es que la lectura que se hacía en aquel momento no era la actual. Pero se sabía que había donaciones de Hassan, de los saudíes, los kuwaitíes, para ayudar a las familias reales.  

P. Pero debería haber declarado esas donaciones.

R. Ese es el problema, no declararlo. Y luego se han sabido cosas que, teniendo un afecto y una admiración profundísima por el Rey Juan Carlos, me han decepcionado, lo he dicho públicamente y lo he escrito. Pero yo pongo en valor lo que le debe este país. Además, aunque el informe de los fiscales es demoledor, también muestra que hay asuntos que se han investigado hasta la extenuación y de los que no hay pruebas. Hay cosas que me cabrean profundamente, sí, pero hay otras que no son ciertas. E insisto que hay que poner en valor no solamente lo que ha hecho negativamente: es de las figuras más importantes de la historia de España, desde luego del siglo XX, y los que vivimos aquella época sabemos lo que le debemos.

P. ¿Qué se debería hacer con Juan Carlos I?

R. Yo creo que es un error que no le dejen vivir en su casa. Es un ex jefe de Estado y lo que me gustaría es que viniera con toda naturalidad, que ahora mismo no le dejan, y es la razón por la que se queda en Abu Dabi. No se le puede retirar la asignación, quitarle la casa, impedirle venir… ¿de qué va a vivir? Y encima se crítica que esté hospedado por el Emir de Abu Dabi y que le haya puesto un avión a su disposición para venir a España. ¿Cómo viene, si no? Para regularizar con Hacienda ha tenido que pedir dinero a sus amigos, que por cierto han fallado muchos de ellos porque tienen miedo a que el Gobierno les ponga en una lista negra, porque muchos de los grandes contratos internacionales de las empresas españolas se consiguen por mediación del Gobierno.

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P. ¿Crees que volverá?

R. Yo espero que vuelva. Este viaje lo ha planteado mal, tenía que haber ido directamente a ver a su hijo, a tener esa conversación entre Jefe de Estado y ex Jefe de Estado de cuatro horas, que me parece importantísima, y que estoy segura de que va a tener consecuencias positivas para los dos. He leído que está buscando una casa en España. ¿Quién va a pagar esa casa, el Gobierno? Para eso deberían dejarle vivir en la que ya tiene, que tiene las medidas de seguridad adecuadas, y donde tiene el despacho el Rey Felipe. Yo hablo con él de vez en cuando, y el rey Juan Carlos tiene la cabeza perfecta, pero es un hombre de los 84 años, con dificultades para andar, lejos de su familia y lejos de su país. Es un caso de caridad. Dejémosle estar, estamos siendo absolutamente inmisericordes y crueles con él.

P. Este episodio está ensombreciendo su legado, pero en general los legados de la Transición están en segundo plano. Pienso no solo en Juan Carlos, también en el binomio Juan Carlos-Suárez.

R. El binomio Suárez-Juan Carlos fue providencial. Juan Carlos, desde el mismo día que le nombraron sucesor, se dedicó a diseñar la España democrática, y recibía clandestinamente en Zarzuela a dirigentes del PSOE -que entraban en Zarzuela con casco de moto para que no les reconocieran-; también se puso en contacto con Carrillo a través de una persona insólita, el sobrino de Franco, Nicolás Franco. Fue un encuentro en París, absolutamente clandestino. Y además Manolo Prado se fue a hablar con Ceaușescu, que era el gran amigo de Carrillo, para que sepa que el día que Juan Carlos sea rey, España será una democracia. Por eso Carrillo sabía cuál era el proyecto del Rey Juan Carlos, y cómo lo preparó minuciosamente. Y cuando se lo cuenta a Adolfo Suárez, éste lo acepta, abraza aquel proyecto y se convierte en un hombre clave en la Transición. Pero al final, la relación de Juan Carlos con Adolfo Suárez fue tensa porque hubo discrepancias, yo creo que de protagonismo, y Suárez acabó dimitiendo. Yo creo que el dirigente político que tuvo una relación más estrecha con él, y que la sigue teniendo, es Felipe González. Hasta el punto de que cuando Felipe González perdió las elecciones, 14 años después de ser presidente, el Rey le propuso que siguieran viéndose periódicamente y fue González quien le dijo que no, que no podían seguir despachando porque había otro Presidente del Gobierno. Pero se ven mucho, se consultan mucho, incluso ahora, y es la persona del mundo de la política con el que se siente más cercano. Y Felipe González le está defendiendo mucho, porque sabe cuál ha sido el papel del Rey, más allá de los errores que ha cometido.

P. De Suárez has escrito que fue un líder ejemplar hasta que ganó las elecciones el 79.

R. Sí, lo digo siempre. Le pudo la soberbia, como le ha pasado a otros dirigentes. Tras ganar las elecciones del 79, empieza a querer marcar territorio propio y marcar distancias con el Rey. Es cuando el partido se le viene abajo y cuando sucede la tremenda crisis de UCD.

«La Historia hará justicia a Calvo-Sotelo»

P. Ahora que se conmemoran los 40 años de España en la OTAN, se recuerda a Calvo Sotelo porque fue el presidente que cursa la solicitud de entrada.

R. Creo que la Historia hará justicia a Calvo-Sotelo, que fue presidente año y medio, nada más y tuvo a medio partido en contra. Él contaba lo que era presidir un Consejo de Ministros que, en cuanto terminaba, sabía que dos de ellos se iban a ir a reuniones clandestinas para intentar destrozar el partido y que él dejara de ser presidente. Era un hombre con una gran cabeza, tenía muchísima experiencia de gobierno, había sido ministro en varias ocasiones, también Vicepresidente, pero su figura está completamente desdibujada. Siempre digo que es el Presidente con mayor sentido de humor que ha habido en España, pero con mucha diferencia sobre los demás. Yo me he reído a carcajadas con Calvo-Sotelo, y te lo puede decir cualquier periodista de aquella época. Y luego hizo cosas importantes. Él sabía que el siguiente presidente iba a ser Felipe González y le informaba de cuestiones de Estado importantísimas, porque sabía que iba a tener que gestionarlas él; eso me parece de una generosidad enorme. Luego era un hombre muy normal. Iba a comer a restaurantes con Pilar, su mujer, con mucha normalidad, iban al teatro… Era un tipo fuera de serie, sabía que no iba a durar mucho tiempo, pero tenía dos cosas claras: que España tenía que formar parte del Mercado Común y de la OTAN. Esta última, entre otras razones, para modernizar el ejército español, lograr que se sintiera útil fuera de nuestras fronteras y se valorara su profesionalidad y su formación. Pero eso Felipe no lo veía, porque estamos hablando de la época en que estaba vigente el Pacto de Varsovia, estaban los dos bloques, y no lo veía. Y fue cuando hizo la campaña en contra, con el agravante de que Fraga, por cuestiones exclusivamente electorales -fíjate que era atlantista- también pidió la abstención a los suyos; ese fue uno de los grandes errores de la carrera política de Fraga. Cuando ganó Felipe las elecciones, se dio cuenta del error y con una valentía enorme convocó un referéndum. Fraga pidió la abstención para derrotar a Felipe González, y recuerdo que en un viaje a Munich un grupo de periodistas nos entrevistamos con Schroeder, que en aquel momento era el presidente de Baviera y era muy amigo de Fraga. Pues Schroeder nos pidió que le dijéramos a Fraga que se estaba equivocando. Felipe, por patriotismo y poniendo en riesgo su carrera política, apostó porque España estuviera en la OTAN, cuando ya estaba en el Gobierno y conocía desde dentro el alcance de aquella medida.

P. ¿La victoria del PSOE en 1982 es el fin de la Transición?

R. No, la Transición continuó después. Los de aquella época decimos que la Transición terminó en 1996, cuando a Felipe González le sucedió el PP. Tenía que empezar otra vez el ciclo. Y yo creo que Felipe fue un presidente importantísimo para España.

P. Cuéntame qué era La bodeguilla.

R. Es una historia que no hemos contado casi nunca. En aquel momento teníamos un grupo llamado Las Mujeres del Ritz, que hacíamos unos desayunos en el Hotel Ritz con políticos, y por ahí pasaron todos. Y Julia Navarro, que era íntima de Felipe González, le invitó a uno de estos desayunos justo en un momento en que había mucha convulsión en el PSOE. Felipe le dijo que no podía, pero nos ofreció otra cosa: acababa de acondicionar una bodega en Moncloa, la quería dedicar a tener encuentros los sábados y los domingos con diferentes sectores sociales, y nos invitó a inaugurar esos encuentros, con la condición de no publicar una línea sobre lo que allí se hablara. Y fuimos, inauguramos La bodeguilla. Era una bóveda, la tenía alicatada, con sofás cómodos y una mesa. Nosotras fuimos para ese encuentro, con el acuerdo de no publicar nada, pero una rompió el acuerdo y eso acabó con el grupo. Fue una persona de la que prefiero no hablar porque no hablaría bien. Pero sí, era un sitio de charla y efectivamente se convirtió en un sitio de encuentro de Felipe con diferentes sectores sociales. Se encontraba con deportistas, con gente de la empresa, con gente del cine, casi todos los fines de semana había un grupo allí.

«El prestigio nacional e internacional de Felipe González sigue siendo inconmensurable»

P. ¿El tiempo ha revalorizado a Felipe González como hombre de Estado?

R. Sin duda. El único problema de Felipe González es el actual PSOE, pero su prestigio nacional e internacional sigue siendo inconmensurable. Fuera de España es una figura importantísima y ha hecho servicios enormes a este país, ha sido un mediador importantísimo en muchos temas. Y luego en la Unión Europea y en la OCDE se le llamaba para negociaciones y de intervenciones en conflictos internacionales. Es un personaje de primera categoría, que también está ahora desacreditado por los suyos y por gente de estas nuevas generaciones que no se preocupan de conocer la historia de España.

P. ¿Cómo viviste el resquebrajamiento del PSOE de Felipe González por la corrupción y por el caso GAL?

R. Con mucho dolor y con mucha tristeza, pero ya no por Felipe González, sino porque es el Presidente del Gobierno y al final lo que importa es la imagen de tu país. Me pasa ahora también, estoy muy triste con lo que veo, porque en este momento no me puedo sentir orgullosa de cómo están las cosas en mi país, ni de la imagen que tenemos fuera de España. Y me pasó un poco lo mismo en aquel momento.

P. Revisando tu bibliografía, veo que en el año 97, un año después de que Aznar fuera elegido Presidente, publicas Aznarmanía y en 2004, cuando abandona la Moncloa, publicas El Aznarato. ¿Qué sucede para pasar de la admiración al rechazo?

R. Sucede la soberbia. La soberbia, la vanidad, el sentirte henchido de poder y verse como un hombre imbatible.

P. Eso es lo que llamas «el síndrome de la Moncloa».

R. Efectivamente. Los únicos que no lo han padecido han sido Calvo-Sotelo y Rajoy. No solamente está el componente de la vanidad, hay un segundo componente que es el de no querer salir de allí, el sentirte completamente protegido y al salir te vuelves a sentir vulnerable. Entonces, al encerrarte en la Moncloa, dejas de ver qué es lo que ocurre a tu alrededor y dejas de percibir las sensibilidades. Pero en Aznar prevaleció sobre todo la vanidad y la soberbia. Es el momento de la guerra de Irak, cuando era de dominio público que nos estaban mintiendo. Teníamos todos la información: gente del CNI me contó que las pruebas que iba a presentar Colin Powell ante Naciones Unidas, los camiones que llevaban supuesto armamento químico, eran bidones de agua. Y si yo lo sabía, el Presidente del Gobierno tenía que saberlo.

«El gran error de Aznar fue la guerra de Irak»

P. ¿Ese fue su gran error?

R. Sí. Además, ya que estamos hablando del síndrome de la Moncloa, era fundamental escuchar la calle. Fundamental. Y esto era un clamor en la calle. La sensación que transmitía Aznar era que estaba fascinado con Bush y que lo que decía Bush iba a misa. Pero las personas tenemos también otras fuentes de información, e insisto que el CNI sabía que no había armas químicas.

P. Si la guerra de Irak fue su gran error, ¿cuál sería su gran acierto?

R. Su primer gobierno fue muy bueno en gestión y en economía, que es lo que pasa siempre con el PP. Los últimos años de Felipe fueron años de mucha polémica, sobre todo por los GAL y la corrupción, y no entiendo cómo ahora el PSOE está metiéndose en ese jardín contra el PP, porque claro, como empecemos a dar marcha atrás, salen ellos bastante peor parados. Aznar fue un hombre que gestionó muy bien España y tuvo un papel importante en la Unión Europea. Felipe y Aznar son los dos presidentes españoles que más protagonismo tuvieron en la Unión Europea, defendiendo no solamente a España, sino a Europa.

P. ¿Zapatero sufrió también el síndrome de la Moncloa?

R. Yo creo Zapatero fue el principio de los malos gobiernos del PSOE, ha hecho mucho daño a este país, y luego lo ha rematado Pedro Sánchez.

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P. Sin embargo, Zapatero modernizó socialmente España con una legislación en materia de derechos civiles muy progresista, que nos colocó a la vanguardia mundial en derechos civiles.

R. Sí, es verdad. El matrimonio homosexual fue un avance. Pero, además de aportar cuestiones sociales, hay que gestionar. Y fue un desastre económicamente. Rajoy gana después las elecciones, no porque sea el hombre más carismático del mundo, ni el más simpático -aunque le pasa como a Calvo-Sotelo, que tiene mucha retranca y no tiene nada que ver con la imagen que se da de él- gana por la gestión y nos salvó del desastre de Zapatero, que fue una catástrofe. Sí, me parece muy bien el matrimonio homosexual, pero ellos, como el resto de españoles, quieren que su economía funcione: tener trabajo, un salario digno, poder cobrar la pensión. Se cargó este país.

P. ¿Qué te parecen todos ellos como expresidentes?

R. Mira, Suárez fue un gran presidente, pero no tuvo tiempo de ser expresidente porque tuvo que enfrentarse a dramas personales espantosos. Calvo-Sotelo fue un gran expresidente, fue un hombre institucionalmente impecable. Felipe González me parece el más completo que ha habido. Y Aznar, el problema que tuvo como expresidente, es que intentó instrumentalizar su partido, designando él a su sucesor. Recuerdo aquella comparecencia en el Hotel Hesperia presentando a Rajoy… y luego le hizo todo el daño que pudo. Rajoy creo que está siendo un buen expresidente, porque va a lo suyo. No se mete en nada, pero si le llaman, está. Y Zapatero, lo peor que ha hecho como expresidente ha sido el apoyo a Maduro. No lo entiendo, una persona que se supone que es inteligente, yo creo que lo es, expresidente del gobierno de España… cómo puede apoyar a un personaje tan terrible como Maduro.

«Podemos es pura inconsecuencia»

P. El tiempo ha hecho de Zapatero una especie de padre, no sé si ideológico o sentimental, de Podemos, ¿qué valoración haces de ellos?

R. Podemos me parece irrelevante, yo creo que va a tener poco recorrido, porque es un partido que es pura inconsecuencia, entre lo que defendía y lo que está haciendo desde el Gobierno. Es de una demagogia absoluta, deplorable en la corruptela de los amiguetes, de destinar fondos a entidades cercanas a ellos, y con un discurso más que superado, cuya única línea de coherencia es decir lo que sea con tal de seguir en el poder. Les falta dignidad para irse a su casa. Tengo la peor impresión de Podemos, la peor de todas. Y luego, presumen de feminismo, cuando si hay un ejemplo de no feminismo, un ejemplo de no llegar a un puesto de trabajo, o un puesto de poder, por tus propios méritos, es Podemos. Y nos dan lecciones todos los días, de ética, de estética, de comportamiento…

P. ¿Qué opinas de Vox?

R. Yo creo que en Vox hay gente válida, pero están dando demasiada voz a los más vocingleros. Y hay un problema de falta absoluta de profesionalidad. La mitad de la gente de Vox que está en el Congreso están por provincias que no son las suyas, porque no tenían cuadros.

P. ¿Representa Vox un riesgo de regresión democrática?

R. Claro que lo veo como un riesgo de regresión democrática. Es un partido que ha nacido contra Pedro Sánchez, clarísimamente, y yo estoy en contra de Pedro Sánchez, pero no se me ocurre irme al otro extremo. Y luego hay otra cosa que sí quiero dejar muy claro: los que no pueden criticar a Vox son los que meten en el Gobierno a la extrema izquierda, porque no me parece peor Vox que Podemos. Yo estoy en contra de los ultras, de los extremismos y de los populismos. Y puedo criticar a Vox por mis propias convicciones, como critico a Podemos por mis propias convicciones. Pero quien tiene a Podemos en el Gobierno, debería estar callado.

P. Pero Vox representa la primera amenaza desde la derecha al pacto transicional.

R. Ojo, Vox está aquí desde hace mucho tiempo. Lo que pasa es que había un partido en la derecha sólido y que lo bloqueaba. De las cosas que hay que agradecerle a Rajoy es que Vox no tuvo ni un diputado ni un concejal: Vox ha crecido después, ante la debilidad de Casado. Pero Vox estaba ahí desde hace mucho tiempo.

P. ¿Cómo ves a tu paisano, Alberto Núñez Feijóo?

R. No soy objetiva, lo confieso. Le conozco desde hace 40 años, cuando vino aquí como director del INSALUD y me parece una persona con una capacidad de gestión fuera de serie. Y tiene una cabeza política muy ordenada. La prueba es que ha conseguido que en Galicia le apoyara gente que en la vida votaría al PP. La gente  del PP se molestaba muchísimo cuando en sus carteles ponían las siglas muy pequeñitas, pero él sabía que le votaban a él. Como todo el mundo, tiene cosas que yo probablemente no aceptaría, por ejemplo la historia de Marcial Dorado, el famoso narcotraficante. Él mismo reconoció que efectivamente tenía una relación con él y que era su barco. Aunque no sé si los gallegos seríamos capaces, y lo digo sinceramente y con pena, de asumir nuestro álbum fotográfico, porque desgraciadamente para Galicia hubo una época en la que los narcotraficantes estaban muy incrustados en la sociedad y además eran socialmente muy aceptados porque contribuían a causas sociales.

P. Pero vayamos más allá de esa fotografía.

R. Feijóo ha hecho cosas asombrosas para Galicia. Y está siendo muy generoso porque tenía su vida completamente resuelta, y de repente, cuando ve que su partido está destrozado por la mala gestión de Pablo Casado, ha dejado cualquier otra apetencia personal y de futuro tranquilo. Se ha instalado en Madrid con su mujer y con su hijo y va a intentar sacar este país adelante. Ha demostrado que sabe gestionar, pero aparte tiene una cabeza política importante y un gran equipo que ha venido con él a Madrid.

«Ayuso y Feijóo se complementan muy bien»

P. ¿Y cómo ves la relación entre Feijóo y Díaz Ayuso?

R. Pues yo creo que se complementan muy bien. Los dos son personas inteligentes. Feijoo se ha dado cuenta de que Ayuso es una líder y  en vez de tener un ataque de celos, que es lo que le pasó a Casado, se ha dado cuenta de que eso es lo mejor que le puede pasar al partido. Ya digo, se complementan: Feijóo está más centrado que ella, pero Ayuso puede captar gente de Vox sin ninguna duda. Se apoyan y creo que eso está bien.

P. ¿Te ha decepcionado Margarita Robles?

R. Sí. A Margarita Robles la considero una amiga desde hace muchos años, y me llamó para darme explicaciones porque he sido muy dura con ella, porque tengo la buena o la mala costumbre de decir y escribir lo que pienso. Sigo sin dar por bueno lo que ha hecho, pero por lo menos, después de hablar con ella, entiendo lo que ha hecho. Yo no lo habría hecho, pero entiendo por qué lo ha hecho.

«Margarita Robles me ha decepcionado»

P. ¿Y entiendes su lealtad a Pedro Sánchez?

R. No, eso es lo que no entiendo. Y se lo digo siempre. No lo entiendo porque es una persona inteligente. Me dice que sabe que él tiene defectos, pero que su lealtad es inamovible. No lo entiendo.

P. ¿Cómo crees que será recordado Pedro Sánchez?

R. Pues ha sido un mal presidente para España. Ha hecho mucho daño y está haciendo mucho daño, en todos los sentidos, en cuanto a prestigio, economía o política exterior. Y lo digo con una profunda tristeza, porque yo cuando conocí a Pedro Sánchez, que ni siquiera era secretario general del Partido Socialista, me causó buena impresión, era un hombre que me parecía serio. Pero una cosa que me parece terrible de él es lo mucho que miente, y que ha laminado a la gente a la que más le debe; no es capaz de ser generoso con quienes le han ayudado.

P. Como sabrás, siempre cerramos preguntando a nuestro invitado a quién le gustaría que trajéramos a ‘Vidas cruzadas’.

R. Pues me gustaría que invitarais a Fernando Ónega, que no te va a defraudar. Primero, porque tiene mucha mili hecha en esto del periodismo. Segundo, es una cabeza excepcional y tiene algo fundamental en un periodista: para hacer un buen análisis hay que tener muy buena información, y Fernando la tiene porque la busca. Es un personaje muy completo, un periodista de primera.

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