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Unai Sordo: «La CEOE quiere hacer caja con la subida de los precios de la energía»

THE OBJECTIVE conversa con el secretario general de Comisiones Obreras en medio del bloqueo del diálogo social, encallado en la subida salarial

Unai Sordo, graduado social de formación, urge al Gobierno a actuar y corregir situaciones que considera inaceptables, como que una gran empresa pague menos por el Impuesto de Sociedades que lo que paga un asalariado en su nómina.

Lleva cinco años al frente de la secretaría general de Comisiones Obreras (CCOO) y nunca ha eludido el debate político ni le ha puesto paños calientes a sus opiniones. Con respecto a la incapacidad de Gobierno y PP de llegar a pactos de Estado en un momento tan necesario, Sordo advierte de que existe un problema de fondo: la derecha no reconoce la actual mayoría parlamentaria surgida en las urnas.

PREGUNTA.- Desde las centrales sindicales han advertido a la CEOE de que si no hay acuerdo habrá movilizaciones en las calle y huelgas. Visto lo visto, ¿prevé un otoño caliente?

RESPUESTA.- Desde que se bloqueó la negociación en el Acuerdo Nacional de Convenios Colectivos, que pretende orientar las recomendaciones de los salarios de los miles de convenios que se negocian en España, ya dijimos que lo que CEOE no estaba dispuesta a tratar en la mesa de negociación lo íbamos a trasladar a las reivindicaciones de convenios colectivos y que era previsible que hubiese conflictos, algunos de los cuales ya se han producido  en los sectores del Metal, la Vivienda, las Residencias. Lo previsible en este mes de septiembre es que se recrudezcan las negociaciones, porque se va consolidando una inflación muy alta, que seguramente decaerá a finales de año, pero que está provocando que millones de personas pierdan poder adquisitivo. La exigencia sindical va a estar sobre la mesa en las negociaciones de convenios y si los trabajadores y trabajadoras pelean por sus salarios, habrá un in crescendo de la movilización.

«La patronal hace declaraciones muy cínicas»

P.- Dicen desde la patronal que los empresarios también son víctimas de esa inflación desbocada y que no le les puede pedir que aumenten encima los salarios de sus empleados…

R.- La patronal hace declaraciones muy cínicas. El último dato de inflación sitúa en 10,4% el alza de precios, con lo que ha bajado 4 décimas, aunque sigue siendo altísima, pero es que la inflación subyacente (la que computa la evolución de los precios eliminando la energía y los alimentos no transformados) ha crecido 3 décimas. El hecho de que la inflación baje, pero la subyacente siga subiendo significa que las empresas están repercutiendo buena parte del incremento de los costes a los precios al consumo. Por eso los precios de los supermercados y consumos básicos están disparados, porque las empresas, para salvaguardar sus márgenes empresariales, repercuten el incremento de los costes de energías, materias primas y alimentos a los precios que paga la ciudadanía. ¡Ya está habiendo una inflación de segunda ronda! ¡Es del 6,4% descontando los precios de la energía, que es lo que viene directamente de la guerra! Ante esa opción de las empresas de seguir incrementando los precios hay un bloqueo en la negociación colectiva. Los salarios se están revalorizando solamente en el 2,5-2,7%. Eso es lo que no se puede consentir. Es un problema social de primer orden y un problema económico en el medio plazo también de primer orden.

Unai Sordo durante la entrevista. | Foto: Carmen Suárez

P.- El caballo de batalla en este caso es la cláusula de revisión salarial…

R.- Somos conscientes de que no es realista pedir un aumento de los salarios del 10%. Planteamos que este año y los dos siguientes haya cláusulas de revisión salarial que hagan que el diferencial de los incrementos de los salarios iniciales, que situábamos en el 3-4%, se vaya recuperando al final de cada uno de estos tres años, de forma paulatina, para no generar efectos de inflación de segunda ronda, que sea un mecanismo realista, pero que al final del ciclo se garantice que se mantiene el poder adquisitivo de los salarios. Esto es lo que ha rechazado CEOE.

«Algunas empresas están haciendo negocio con la guerra»

P.- Esa postura tendrá una explicación desde el punto de vista de los empresarios…

R.- CEOE rechaza la propuesta sindical, porque quiere hacer caja de esta situación de incremento de precios de la energía: quiere mantener sus márgenes y que los asalariados, la mayoría social, paguen la crisis otra vez.

P.- ¿Está acusando a las empresas de tratar de sacar su particular beneficio de la crisis, de la guerra y de la inflación?

R.- Hablar de las empresas como un todo es mucho decir. Por un lado están las grandes empresas, las cotizadas, el IBEX 35 y luego, las PyMES y microPyMES y autónomos que viven en situaciones muy variopintas, pero los datos agregados nos dicen que los beneficios de las empresas no van mal, que las empresas están repartiendo dividendos; que el rendimiento por el tratamiento de los barriles de petróleo ha pasado de generar cinco euros por barril a generar entre 32 y 37 euros por barril. ¡Claro que algunas empresas están haciendo negocio con la guerra! Nosotros decimos que hay que repercutir esto en beneficio de la sociedad y que se pueden reducir márgenes empresariales para permitir la mejora de los salarios y salir de una forma más equilibrada de esta crisis. No hacerlo es un disparate económico. ¿Qué va a pasar en España y en Europa si salimos otra vez de la crisis con una devaluación del 10 o el 12% de los salarios? Esto es una depresión sobre la demanda interna de nuestro país, que es una variable clave, para salir en mejores condiciones. Es una cuestión de justicia, pero también de eficacia económica.

«No puede ser que en España las grandes empresas paguen menos impuestos que un asalariado en su nómina»

P.- ¿Entonces la CEOE no representa a la gran mayoría de las empresas del país cuando hace estos planteamientos?

R.- Creo que la CEOE está muy mediatizada por los intereses de lobbys que quieren salir de esta crisis con la carita limpia. No puede ser que empresas petroleras, energéticas, financieras, constructoras, etc. no aporten más a los recursos comunes en un momento de necesidad perentoria para millones de personas que no llegan a fin de mes.

P.- ¿No es ese el planteamiento que hace el Gobierno, cuando argumenta la necesidad de imponer impuestos a las empresas energéticas?

R.- El Gobierno plantea una parte de lo que yo he dicho… Ha anunciado dos impuestos que ya veremos cómo quedan. Los impuestos en un titular son muy peligrosos… Yo he visto que se iba a incrementar el Impuesto de Sociedades hasta el 15%, pero como no era sobre el beneficio contable, las empresas consolidadas y los grupos de empresas siguen pudiendo deducirse un montón de gastos de manera que siguen pagando un 5% del Impuesto de Sociedades. En todo caso, concedamos el beneficio de la duda…Va a haber dos impuestos: a los sectores energéticos y a las empresas financieras. Me parece necesario, en un momento en el que tienen márgenes para hacerlo. Pero no acabo de entender por qué empresas de otros sectores, como la construcción o el de la gestión de los servicios privatizados, que son inmensas multinacionales, multadas muchas de ellas por concertar los precios a los que licitan la gestión de los servicios públicos, no pueden tener una sobreimposición fiscal a través del Impuesto de Sociedades. No puede ser que en España las grandes empresas paguen menos porcentaje de sus impuestos que un asalariado paga de su nómina. Se trata de que las empresas aporten una parte mayor de sus beneficios. Es bastante razonable y debería extenderse a otros sectores.

P.- ¿La proximidad de las elecciones en la CEOE condiciona la negociación del acuerdo salarial?

R.- No tengo la certeza de que sea así, pero me lo imagino, porque las organizaciones muy variopintas y algunas han ido arrastrando los pies a los 14 acuerdos alcanzados en la legislatura. En otros acuerdos ha habido movimientos a la contra de algunas patronales españolas, tanto en la Reforma Laboral,  como en las pensiones. Seguramente el contexto de asamblea interna de la CEOE no es el escenario más propicio para buscar acuerdos. Una parte de las patronales ha remado en contra de los acuerdos con este Gobierno.

P.- ¿El señor Garamendi no se puede permitir ahora mismo un acuerdo con los sindicatos, bendecido por el Gobierno, en este momento?

R.- Sería un mal escenario… Pero no tengo pruebas de que eso sea así. La Asamblea es en noviembre, así que esperemos que una vez que haya pasado se recupere la normalidad. El diálogo social ha dado muy buenos rendimientos en los últimos dos años y no sería bueno que alguno quisiera jugar más a la política que a fortalecer el diálogo social.

«No he visto voluntad de la CEOE por llegar a un pacto de rentas en ningún momento»

P.- En todo caso, la CEOE reclama que si el Gobierno quiere alcanzar un pacto de rentas debe poner también algún ejemplo sobre la mesa de negociación, como deflactar la tarifa del IRPF, dar ejemplo con los salarios en la función pública…

R.- No comparto el concepto. El Gobierno es el representante de los españoles y, cuando se dice que ponga el Gobierno se está diciendo que pongan los españoles. españolas… El Gobierno no trabaja con su dinero, sino con los recursos de todos.

Yo no he visto ninguna voluntad de la CEOE para llegar a un pacto de rentas en ningún momento.  Es más: situó el pacto de rentas como un problema para alcanzar el acuerdo salarial…

P.- ¿Por qué cree que eso es así?

R.- Porque es consciente de que quien más tiene, más tiene que aportar a ese pacto de rentas. Una medida que se le ocurre a cualquiera es que las empresas grandes, que pagan un 5-6% de Impuesto de Sociedades, paguen, al menos, lo mismo que pagan las microPyMES, en torno al 14-15% de sus beneficios. Si hablamos de pacto de rentas, habrá que hablar de cómo protegemos a quienes no llegan a final de mes. Esto no es el gran empresariado de este país. Son los que no tienen ni 1.000 euros al mes. La CEOE en ese sentido, no está demostrando mucha altura de miras. Viene habiendo pacto de rentas, de algún modo, desde 1920, cuando españoles y españolas introdujimos 41 millones de euros, a través de los ERTE, para salvar 3 millones y medio de puestos de trabajo.  Ahí hubo una corresponsabilidad de la ciudadanía consigo mismo, a través del diálogo social y, lamentablemente, la CEOE no está siendo corresponsable con la solidaridad que canalizamos a través de 12 acuerdos sociales y de medidas muy importantes que salvaron a España.

«El Gobierno tiene que situarse a favor de una mejora de los salarios»

P.- La vicepresidenta Yolanda Díaz intervino en la discusión CEOE-Sindicatos y se le acusa desde varios sectores de haber perdido la neutralidad…

R.- Yo no lo veo así. Lo raro sería que el Gobierno no se preocupase ante el riesgo de que haya una caída salarial drástica en España. Es un problema para la clase trabajadora, sí, pero un problema económico de primera magnitud para el país. Si intervienes en la polémica tienes que decir de qué lado estás. Hay unas negociaciones que no están rotas, pero están bloqueadas por que CEOE se niega a pactar fórmulas que permitan la recuperación del poder adquisitivo en este año o en los dos que vienen. Como bloquean la negociación, surgen conflictos en los convenios colectivos. No me sorprende y creo que es lo que tiene que hacer el Gobierno: situarse a favor de una mejora de los salarios en este país. Tiene que empezar dando ejemplo: poniendo en marcha esta propuesta en la Función Pública, en lo que depende de los Presupuestos Generales del Estado y, en segundo lugar, subir el SMI.

P.- ¿No estaba pactado con el Gobierno ese aumento del SMI, de forma anual, hasta el final de legislatura?

R.- Sí. El objetivo básico es que el SMI sea equivalente al 60% de la media salarial. Por tanto, la cifra final dependerá de cómo evolucionen los salarios, pero hay que tener en cuenta el aumento de precios y considerarla otra variable. Creo que la subida del SMI debería ser mayor de lo previsto inicialmente, para garantizar que luego se mantenga en el 60% de la media salarial.

«La gran medida que ha podido pactar España ha sido la excepción ibérica»

P.- ¿Cree que una bajada tan pequeña de la inflación en el mes de agosto da motivos para la esperanza?

R.- Creo que la inflación va a bajar en la última parte del año, entre otras cosas, porque empezó a subir en el final de 2021 y se empieza a comparar con meses en que las subidas eran mayores. Creo que la gran medida que ha podido tomar España ha sido la «excepción ibérica», la posibilidad de limitar el precio del gas a la hora de determinar todo el mix energético español. Ha dado buen resultado, porque ha disminuido la factura eléctrica en torno a un 16%, pero que podría dar mejores resultados. España lo dijo hace tiempo al resto de Europa y le dijeron que no era posible y, al parecer, aquello que era imposible, ahora lo va a hacer toda Europa. Tan imposible no sería… Con todo, aún hay márgenes para rebajar los precios energéticos. Si a cada fuente de energía se le retribuyera con el coste real que tiene generar esa energía y un margen de beneficio razonable, en España se podía reducir un coste energético de unos 13.400 millones de euros. Eso, trasladado a toda Europa, es muy importante. No estamos en guerra, pero estamos en una economía de guerra, como producto del juego de sanciones con Rusia.

Si Europa se ha metido de hoz y coz en esta situación, tiene que entender que no valen las medidas convencionales y hay que romper algunos dogmas y limitar temporalmente algunos precios.

P.- Pero esas medidas osadas que se deberían tomar, ¿las pagaremos al final entre todos, como casi siempre?

R.- Si las empresas energéticas y petroleras vuelven a obtener el mismo retorno que obtenían entre 2017 y 2019, que no eran pocos, hay una reducción equivalente a la subvención de los 20 céntimos a la gasolina. Hay que tomar medidas valientes, porque la situación es muy delicada a nivel continental. Creo que en España hemos tenido una relación muy de papanatas con la UE durante demasiado tiempo y en los últimos años, aunque se diga lo contrario, España ha marcado posiciones que han salido victoriosas en la UE. Algo está cambiando de forma intensa.

Unai Sordo. | Foto: Carmen Suárez

«La subida de tipos no es recomendable para Europa»

P.- La receta de manual del economista para bajar la inflación pasa por subir los tipos de interés… Y eso es un nuevo torpedo en la línea de flotación de las familias que pagan una hipoteca…

R.- Me interesa esa reflexión, porque, en efecto, ante una inflación convencional, se suben los tipos de interés. Pero eso tiene una lógica en situaciones normales. Pero en la actualidad esa inflación no se debe a que los ciudadanos consuman mucho, sino a los precios de la energía. Por tanto, subir los tipos de interés va a tener un efecto prácticamente nulo sobre esas variables. Pero sí va a tener el efecto de encarecer los préstamos y, en un país donde existe tanta deuda hipotecaria, esto disminuye la renta disponible de las familias. Se puede inducir una cierta recesión. Son medidas que hay que tomar con mucho cuidado. La subida de tipos no es recomendable para Europa, porque nuestra subida de la inflación no tiene que ver no tiene que ver con los términos clásicos.  

P.- Da la sensación de que el BCE copia fórmulas que parecen eficaces en EEUU…

R.- En EEUU la inflación no tiene tanto que ver con la energía y precios de los alimentos como con lo que nos pasaba a nosotros el año pasado (cortes de suministros, encarecimiento de los microchips, de los contenedores, etc.) Y allí tienen pleno empleo y los costes salariales se han incrementado un 11% En toda esa configuración la subida de los tipos de interés puede tener cierta lógica.

P.- En materia de empleo, el mes de agosto ha sido un mal mes, después de encadenar muchos meses de buenas noticias… ¿Está el mercado laboral anticipando una crisis que está a la vuelta de la esquina?

R.- Parece que son datos de destrucción de empleo en términos parecidos a lo que ocurre en España los meses de agosto. Lo cierto es que la variable del empleo es la que mejor ha evolucionado en los últimos trimestres; se ha demostrado que con una Reforma Laboral que ha multiplicado por cuatro la contratación indefinida y una subida de más del 37% del SMI en 4-5 años la evolución del empleo es mejor que en otras salidas de las crisis y estamos ante la cifra del 20% de empleados. Esta es la cara buena de la foto. La mala es que España sigue teniendo un 12% de paro, que tenemos una tasa de paro muy alta y que esto afecta a millones de familias. España tiene un modelo económico muy dependiente de factores estacionales.

P.- Con respecto a esa «cara buena de la foto», ¿las cifras del descenso de desempleo son consecuencia de la Reforma Laboral?

R.- La calidad del empleo es consecuencia de la Reforma Laboral; el volumen total del empleo, creo que no. Con la misma regulación laboral en España hay territorios que triplican la tasa de paro de otros. Era mentira que España necesitara un 30% de temporalidad para generar empleo y eso se ha demostrado en la calidad de la contratación hasta ahora.   

P.- Como observador, cómo está viendo esta guerra entre Gobierno y oposición, ningún acuerdo, ni pacto de Estado y mucho insulto y descalificación…

R.- No se insulta tanto como dicen, pero sí hay malas formas. España -como otros países- ha atravesado una secuencia de dos crisis tan inéditas y tan difíciles de gestionar, como es la pandemia y una guerra en el este de Europa, que ha disparado precios hasta términos que no conocíamos en 40 años, que hubiera requerido de grandes acuerdos de Estado.

«La derecha no reconoce de forma nítida a la actual mayoría parlamentaria… ¡es muy fuerte!»

P.- ¿Por qué no se han dado esos acuerdos entonces?

R.- En mi opinión, hay una parte del espectro político español que no asume como legítimos los Gobiernos cuando no están ellos en el Gobierno. La Legislatura en España adolece de una crisis de legitimidad que ha pretendido trasladarles los partidos de la oposición y, concretamente, la extrema derecha. Y, de otra forma más implícita, aunque otras veces de forma también explícita, el propio PP, que viene a decir que un Gobierno de España que se sustente en ciertas fuerzas políticas no es legítimo. Y viene a decir que si interviene no sé quién en la renovación del CGPJ, no es legítimo. Si cuestionas la legitimidad del Poder Ejecutivo es difícil no ya hacer pactos de Estado, sino una convivencia normal. Esto es muy grave, pero es así.

Esther Jaén y Unai Sordo. | Foto: Carmen Suárez

P.- Del mismo modo que les reclaman a ustedes, patronal y sindicatos, llegar a acuerdos, ¿no deberían ellos aplicarse la misma medicina?

R.- El diálogo social ha sido un contrapunto clarísimo a la situación política, que se generó en la propia pandemia. Era muy curioso, por decirlo de alguna manera, ver aquellas sesiones plenarias en las que se intentaba prorrogar los Estados de Alarma, para evitar un contagio masivo, que fuera un suplicio sacar adelante esas prórrogas de los Estados de Alarma y que, a la vez, se produjesen 14 acuerdos en el diálogo social. Creo que ha sido el contrapunto perfecto para explicar que dos negociadores de las empresas y de los trabajadores, llegamos a acuerdos, en los que todo el mundo cede. El contrapunto ha sido la política, incapaz de concretar pactos de Estado. Pero no quiero mantener una posición neutral. No se han puesto de acuerdo porque se parte de un pecado original: la derecha no reconoce de forma nítida a la actual mayoría parlamentaria… ¡es muy fuerte!

Tienes un Poder Judicial que ha dicho que los Estados de Alarma son inconstitucionales, o se organiza una polémica porque la vicepresidenta Yolanda Díaz dice que si hay manifestaciones para pedir aumentos salariales se situará en cabeza de la manifestación… pues la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que el 14 de mayo con una cantidad enorme de muertos diarios, le decía al Gobierno que, cuando terminase el Estado de Alarma lo de Núñez de Balboa les iba a parecer una broma…¡pero que país es este! ¿Dónde se ha abordado así una pandemia? Esto es muy preocupante y creo que la derecha española tiene que hacer una reflexión sobre la necesidad de normalizar democráticamente que a veces gobiernan unos y a veces otros. Y que en esos otros están todos, incluso los que no les gustan. El diálogo social ha sido un contrapunto de que se puede llegar a acuerdos entre distintos.

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