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España

Máximo Pradera: «Hay comunicadores de izquierdas que son muy coñazo»

El recordado presentador de Lo+Plus sube hasta El Purgatorio para conversar sobre su polémicas, los gustos musicales de los tiranos y la memoria histórica

Máximo Pradera (Madrid, 1958) tuvo un amigo de derechas. Están las naves en llamas más allá de Orión, los rayos-C cerca de la Puerta de Tannhäuser y el amigo de derechas de Máximo. Pradera es un madrileño de 64 años, altura considerable y voz honda, como de cardenal de la archidiócesis de Toledo. Él, en cambio, no da hostias a quien las desee, si no que las reparte, especialmente, a quienes no las piden. Propaga sus invectivas verbales en los medios que le pagan los correspondientes honorarios y en Twitter, pero en este caso de gratis. Es un provocador natural, tipo burlón, lengua con forma de lupara, aunque, se defiende, no dice lo primero que se le pasa por la cabeza, pero tal vez sí lo segundo.

Pradera es hijo de Pradera, o sea, Máximo Pradera es hijo de Javier Pradera, intelectual, figurón de la Transición y con un papel destacado en ‘El País’. Nunca intentó imitar al padre. Sobresalió en la radio, fue guionista con Gurruchaga y Wyoming, alcanzó su mayor fama en Lo+Plus, junto a Fernando Schwartz, y se estrelló en Antena 3. Publicó en 2022 Están tocando nuestra canción (Libros del Kultrum) para, con la coartada de los gustos musicales de Franco, Stalin, Hitler o Sophia Loren, escribir sobre música, una de sus aficiones favoritas.

No le gusta parecer pelota y cree, como dijo Michi Panero, que se puede ser de todo en la vida menos un coñazo. La indiferencia no es una de las actitudes que más genera en la gente, supongo, que, en esta ocasión, reunidos en El purgatorio, tampoco se dará ese caso. 

P: ¿Cómo puede ser que el sobrino del cofundador de la Falange, Rafael Sánchez Mazas, y bisnieto de un carlista saliera tan de izquierdas?

R: Porque el contacto diario no era con estas estos dos personajes que has citado sino con mi padre que era muy rojo y muy inteligente, tenía mucho sentido el humor, un profundo sentido de la injusticia, que adquirió durante una visita un verano a unos campamentos en Extremadura, donde vio la miseria de la posguerra franquista.

P: Le he escuchado decir, «los abuelos eran fachas y los hijos salieron rojos», por consiguiente, debemos entender que, ahora, los hijos de los hijos salen «fachas».

R: No funciona tan automáticamente. Además, depende de la inteligencia, creo que para ser facha, hay que ser poco inteligente. Es decir, para decidir que el bienestar de la humanidad no te interesa si no que te interesa solamente tu propio bienestar, hay que ser un poquito cortito. 

«Para ser facha, hay que ser poco inteligente. Para mí es casi sinónimo de estúpido»

P: ¿Crees que «facha» es una palabra que ya se ha desgastado?

R: Se ha desgastado en el sentido de que es hasta simpático. O sea, a mí hay gente que me da así un codazo y dice «hazte facha, hombre, que se vive mejor». Entonces, es una palabra que antes era más agresiva y ahora es casi guay. Van un poco en ese plan de asumir la propia ideología excluyente del otro.

P: ¿Usted tiene amigos «fachas»?

R: No, ya digo que es que facha para mí es casi sinónimo de estúpido, entonces yo no me relaciono con gente estúpida. Es que, de verdad, hay que ser muy tonto para no querer la igualdad, por ejemplo. 

P: Pero amigos de derechas sí tiene, entiendo. 

R: ¿Amigos de derechas? Creo que no.

P: ¿Nadie?

R: Tenía uno, «el pulpo» (Carlos Moreno). Era muy amigo mío porque colaboraba en Lo+Plus, pero no es un lumbreras. Me divertía con él, pero cuando escarbas un poco en las neuronas, no hay grandes intelectuales de derechas, no hay grandes músicos de derecha…

«No digo lo primero que se me pasa por la cabeza, tal vez sí lo segundo»

P: ¿Pero no cree que hay tontos en ambos lados?

R: Sí, en la izquierda hay mucho tonto, te doy la razón, pero en la derecha hay muy poca gente inteligente, muchísima menos gente que en la izquierda.

P: Como siempre preguntamos al inicio, Máximo, ¿cuál es el peor pecado que puede cometer un ser humano? 

R: Me alegro que me haga esa pregunta (ríe), es la exhibición de tu propia ignorancia, esa cosa que decía tan certeramente Isaac Asimov, de que ahora hemos llegado al nivel tal de delirio que en los debates vale tanto tu ignorancia como mi sabiduría y en las tertulias estamos acostumbrados a verlo, «no es que es mi opinión», o sea, la gente opina ya sobre hechos, eso es un poco esto de la posverdad.

P: ¿Y el peor pecado que puede cometer un comunicador?

R: Aburrir. En esto, reconozco que hay comunicadores de derechas, por ejemplo, Dragó o Losantos, que divierten. Herrera puede llegar a divertirme en un momento dado, y hay comunicadores de izquierdas, no voy a decir ni uno porque luego tengo que salir a la calle y convivir con ellos, pero tenemos gente de izquierdas muy coñazo, comunicando y arengando.

P: Lo que decía Michi Panero, «en la vida se puede ser de todo menos un coñazo».

R: Sí, exactamente, ser un pelmazo es una de las peores cosas que se puede ser en la vida. Eso lo aprendí de Rafael Sánchez Ferlosio, de mi tío, hermano de mi madre, que siempre decía, «lo peor que puedes hacer en la vida es darle el coñazo al prójimo», y él era súper reservado con lo suyo. 

P: Máximo Pradera, bienvenido a El purgatorio. Pradera es, lectores todos, periodista, radiofonista, escritor, experto en música…

R: (interrumpe) Soy en cada momento lo que me dejan, cuando me llaman para radio, hago radio, cuando me llaman para tele, voy a la tele y cuando me dejan publicar, lo mismo. Y cuando me llaman, voy. Tengo fama de millonario excéntrico, de raruno, pero, ¿te he puesto alguna pega para venir aquí? 

P: Nada, no ha pedido dinero, ni nada por el estilo. 

R: Nada, vengo encantado. Hombre, vengo a hablar de mi libro (imitando el tono de voz de Francisco Umbral, cuando amenazó, icónico momento, a Mercedes Milá con marcharse del plató).

P: (ríe) Fue presentador de aquel mítico programa llamado Lo+Plus junto a Fernando Schwartz, ganó un Ondas…

R: (interrumpe) Hice otra cosa antes. 

P: Iba a continuación. 

R: ¿Cuál?

P: Creó, junto a Carlos López Tapia, LoQueYoteDiga.

R: Y fui guionista de «Viaje con nosotros», ese programa tenía ocho millones de espectadores. Fue donde hicimos aquel famoso sketch de Felipe González, que fue un palo para él, claro.

P: Donde Felipe González era un enano.

R: Sí, te cuento la historia muy brevemente. Gurruchaga había visto ese enano en una película de James Bond, un actor que se llamaba Hervé Villechaize, hacía un malo que era un submalo, era el submalo de Scaramanga. Años después, se acordó de él, y entonces, cómo era igual que Felipe González, dijo, «voy a entrevistar a Felipe González», pero claro, faltaba la motivación de por qué ese González era un enano.

P: Porque está desgastado por el poder. 

R: (asiente) Y yo le di la clave a Gurruchaga. 

P: Además, como decía al principio, es experto música y en 2022 publicó, entre otras cosas, «Están tocando nuestra canción» (Libros del Kultrum), donde habla de los gustos musicales de personas tan selectas y con gustos tan exquisitos como, por ejemplo, Francisco Franco, Adolf Hitler o Sophia Loren. Pradera es un hombre que tuitea mucho y dice que, de pequeño, le ocurrió como a Obélix, que cayó dentro de una marmita de poción mágica pero que la suya no era de fuerza sobrehumana, si no la marmita de tocar los cojones. Máximo, como cantaba Loquillo, usted aquí no ha venido a hacer amigos. 

R:Exacto, cuando colaboraba con Juan Ramón Lucas en el programa de Radio Nacional que le quitó Cospedal, mi sección se llamaba haciendo amigos. Mira, aunque me proponga ser diplomático, hay algo dentro de mí. ¿Te acuerdas cuando Obélix tocaba un legionario y le hacía así?

P: Es que yo era más de Tintín. 

P: Pues Obélix tocaba a un legionario y no controlaba su fuerza. A mí me pasa que doy unas hostias verbales como panes, de hecho, el modista Lorenzo Caprile siempre me dice (imitando las inflexiones de voz del modisto) «Máximo, prefiero mil veces una hostia física tuya, que una invectiva verbal», y es lo que me pasa, es que tengo una lengua muy afilada.

P: Una lengua que parece un hospital, no dice nada más que enfermedades, como decía aquel.

R: (Ríe)

P: ¿Tiene más enemigos que amigos dentro del periodismo? 

R: Sí, para que nos vamos a engañar. 

P: ¿Por qué?

R: Por mi incontinencia verbal, soy una persona que no tengo filtros. ¿Te acuerdas de Sophia Petrillo, la mayor de las Chicas de Oro? Era la abuela de Dorothy, se le había ido la pinza, tenía una especie de trastorno senil, y decía lo primero que se le pasaba por la cabeza. Hombre, yo no digo lo primero que se me pasa por la cabeza, pero tal vez sí lo segundo.

P: ¿Pero se arrepiente de cosas que ha dicho o que ha escrito?

R: Sí, me arrepiento, ¿Sabes cuándo me arrepiento? Cuando pongo en apuros a un tercero, por ejemplo, con lo de Macarena Olona, me di cuenta de que estaba poniendo en un aprieto a Julia Otero.

P: Para la gente que no lo sepa, fue un texto suyo en Público, donde, resumiendo, Máximo expresaba su fastidio, porque le tocase el cáncer a Julia Otero, y que no le tocara antes a otras personas, entre ellas, Olona. 

R: Sí, que está mal repartido. Era una especie de aspiración naif a que hubiera justicia poética, y que lo malo pues le tocará a los que, como dice Machado, caminan y van apestando la tierra. Entonces, metí a Olona como podía haber metido a otro cualquiera. La idea era, oye, qué pena que no haya justicia poética y que los malos, que es una aspiración legítima, carguen con lo malo. Entonces, cuando lo puse, con el escándalo que se organizó, me di cuenta de que estaba poniendo en aprietos a Julia, porque le llovieron también insultos. Me dije, «qué necesidad hay», pero si no, yo creo en esa cosa que dice el Tribunal Constitucional, de que a veces se puede ser hiriente, molesto y hasta desagradable, no siempre, y con determina gente me gusta serlo, lo reconozco, excepto, como te digo, si pongo en aprietos a alguien. 

P: Pero, por ejemplo, de entre los muchos tweets polémicos, cuando Cristina Cifuentes, la por entonces delegada del Gobierno en Madrid, después presidenta de la Comunidad, tuvo un grave accidente de moto en el que casi pierde la vida. El mismo día 20 de agosto de 2013 publicaste un tweet en el que decías: «La vida de Cristina Cifuentes no corre peligro. Ojalá muchos madrileños pudieran decir lo mismo de la suya». ¿De esto se arrepiente?

R: En absoluto, es que están desmantelando la sanidad pública. Esta gente que desmonta la sanidad pública, cuando le pasa algo gordo, dicen, «ay, qué bien que existe la sanidad pública y me han podido llevar a tal hospital».

P: Pero cuando una persona tiene un accidente, publicar eso el mismo día del accidente…

R: A veces hay que hacerlo cuando viene a cuento. De todas formas, estoy un poco harto de los afeadores de conducta, que es una casi profesión en Twitter, es gente que no vierte contenidos propios si no que se dedica afear la conducta por contenidos tuyos, yo tengo mi vida, tú haz la tuya, sabes. Ya soy muy mayor, aunque me afeen la conducta, me lo paso por el orto, viste, como dicen los argentinos. Es un poco patético lo de afear la conducta ajena.

P: Pero, ¿qué debe tener un provocador profesional?

R: No lo sé, porque a mí me brota, no te creas que digo, «voy a ver qué putada pongo», hoy, por ejemplo, he visto una noticia sobre Sarkozy y he puesto lo que sería una provocación, si me leyera o leyese, «qué le has pedido a los reyes, hijo mío, pues que le empitonen a Sarkozy», porque sí, porque es un tipo siniestro, es un corrupto. Ese tipo de provocaciones, no las puede estar diseñando desde hace una semana, o sea yo no soy Jesús Aguirre. Te voy a contar una anécdota, muy breve, del Duque de Alba que te va a encantar, para que veas qué diferente es mi mentalidad de Jesús Aguirre, siendo los dos gente molesta. Cuando Jesús trabajaba en Taurus, todavía no era Duque de Alba, tenía de ayudante a José María Guelbenzu, editor y novelista. Un día decidió contarle una maldad de otro editor con la esperanza de que este lo cáscara, de que propagara el rumor, le dijo «José Mari, no se te ocurra contar esto por Dios», porque pensaba que así era más eficaz. Entonces, al cabo de dos semanas vio que no pasaba nada, que no le llegaba feedback de la maldad que le acababa de contar, entonces se reunió con él y le dijo, «oye, pero esto no lo has contado», y le contestó Guelbenzu, «no, si me rogaste encarecidamente que no lo contara», y la respuesta de Aguirre fue, «José Mari, lo que en otros es una virtud, la discreción, en ti es un vicio». Bueno, este es el típico personaje, que sí que tiene un puchero como de azufre y prepara maldades, a mí me salen espontáneamente.

«Los que entienden la memoria histórica como deshacerlo todo y juzgar a los criminales de guerra, no han entendido la transición»

P: Pradera, usted es hijo de Pradera, o sea, Máximo Pradera, usted es hijo de Javier Pradera, hombre de gran importancia en la prensa española de los años 80, figura indiscutible de los primeros 15 años del diario ‘El País’. ¿Ser hijo de Pradera en que beneficia y en qué perjudica?

R: Por un lado, de pequeño, le coges aversión a los libros, yo nací en una casa donde todo eran libros, o sea, estaba todo repleto de libros, además eran libros muy sesudos, muy coñazo y durante una temporada le cogí un poco de aversión a los libros, precisamente porque estaban omnipresentes. Luego, es que no es solo Pradera, es que es Rafael Sánchez Ferlosio, en la creación literaria, Carmen Martín Gaite, Chicho Sánchez Ferlosio en la música, es decir, era una familia de lumbreras, yo me abrí pasó a codazos en la tele que era el único nicho que me habían dejado. Ser hijo de Javier pesa muchísimo, porque él fue insuperable en lo suyo. 

P: ¿En eso perjudica?

R: Claro, mí no me apetecía lo suyo, o sea, no es que yo quisiera ser lo mismo que Pradera, pero, aunque hubiera querido, no hubiera llegado, porque en lo suyo era un personaje fuera de serie, un tipo con una cultura brutal, era muy inteligente, sabía mucho de la naturaleza humana. Una cosa, que fue uno de los regalos que me hizo, es que mi padre siempre me decía que las conductas humanas están siempre multimotivadas, él hace unos análisis muy sofisticados de las conductas políticas y ponía todas las posibles motivaciones, por ejemplo, de Felipe González en tomar una determinada decisión. Todo eso enriquece el debate político, lo que lo empobrece ahora, «a ti lo que te pasa es» y das una sola razón, que casi siempre es el dinero o que eres un lacayo del sanchismo. 

Imagen: Carmen Suárez.

P: Entonces, Twitter embrutece una barbaridad. 

R: Una barbaridad, Twitter es muy tóxico. Hay que tomárselo con distancia, yo si no hubiera gente muy interesante en Twitter, no estaría, no quiero ser influencer, a veces influyo porque estoy por ahí leyendo a Escolar, a Garea, estoy leyendo cosas de Maraña en Infolibre, del propio Pablo Iglesias, a veces tienen reflexiones que me interesan.

P: Pronto de THE OBJECTIVE.

R: Hoy os he seguido, sí. 

P: «Están tocando nuestra canción», es el libro que Máximo Pradera sacó en 2022, un recorrido por los gustos musicales de gente tan dispar como Franco, Hitler o Sophia Loren. ¿A que tú también te has preguntado qué música le gustaba a Franco? ¿A que no sabías que Stranger In The Night era una canción que Frank Sinatra odiaba? Pues Pradera te lo cuenta. Pradera, confiese, ya que estamos en El Purgatorio. ¿Le dio miedo incluir solo sátrapas, dictadores, genocidas en el libro, por si le acusaban de blanquearlos, y por eso metió usted a gente como Sophia Loren, Paul McCartney o Marlene Dietrich?

R: Me empezó a agobiar, vamos a ver, el libro es un pretexto para hablar de música que es de lo que me gusta hablar, sabes, imaginé que, si igual que dicen eso de que la mayoría de los de la gente pagaría dinero por acostarse con un famoso, pues a ver si a través de las celebrities puedo hacer, como decía Mary Poppins, con un poco de azúcar va la píldora, pues la píldora puede ser un poco azucarada, entonces por eso metí a Sophia Loren, a Audrey Hepburn. Pero, el libro nació como un libro sobre la música que calma a las fieras y entonces empecé a meter a fieras como Stalin, Lenin, Sadam Hussein, Hitler, Franco, pero me pareció demasiado, y decidí meter a algún cordero. Leones y corderos. 

P: ¿Del que menos le sorprendieron sus gustos musicales fue de Franco?

R: Sí, de Franco no me esperaba mucho y no encontré mucho, la verdad. Le gustaba Marina, es lo que él canturreaba sobre el Azor, y luego le gustaba pues alguna folclórica, pero poco más. En cambio, Stalin era un tipo bastante más cultivado musicalmente, le gustaba Mozart, el concierto 23, le gustaba una canción que se llama Sulico, una canción georgiana muy bonita. Lenin cantaba, tenía, cuando vivía en Londres, un coro doméstico. Hay cosas muy sorprendentes.

P: Cuando habla de Stalin, escribe Pradera, «Ah, pero a un monstruo que asesinó entre 13 y 15 millones de seres humanos, ¿le gustaba la música?, ¿se conmovía con ella?», claro, convendrá conmigo, en que cuesta imaginarse a este tipo de gente emocionándose en una ópera, canturreando por la mañana. Es un ejercicio interesante el de hablar de la sensibilidad musical de estas personas porque la humana, no la tuvieron nunca.

R: No tenían compasión, pero si tenían autocompasión. Supongo que la música les invitaba a compadecerse a ellos mismos, ¿tú no te has dado cuenta de que en el PP, la gente llora mucho? También en la izquierda, que yo he visto a Pablo Iglesias llorar, pero los peperos son muy de lagrimita, una lagrimita igual que cuando la gente aplaude 20 minutos a Plácido Domingo, se está aplaudiendo a sí misma, está diciendo, «que cojonudo soy, que tengo sensibilidad para apreciar esto». La gente sin sensibilidad como Hitler, Stalin, Franco cuando lloran con la música es porque esta les permite compadecerse de sí mismos.

P: La música es una cosa íntima.

R: (Interrumpe) Bueno, no siempre, hoy hay un concierto de Serrat.

P: No, pero quiero decir, es íntima en lo referente a los gustos musicales. 

R: Tampoco te lo acepto, porque hay muchos gustos que son tribales. Yo escucho a Rosalía porque en mi tribu la escuchan, no me gusta, pero bueno. 

P: Pero también hay mucho de postureo, a eso iba, habrá gente de Podemos que le guste Julio Iglesias, pero no lo diga, como a alguien del PP no va a decir, «yo fui muy fan de Javier Krahe», por ejemplo.

R: Pero Sabina, por ejemplo, es transversal. 

P: Ahora le iba a preguntar por Sabina, pero lo tocamos ya. ¿Entiende, como hombre de izquierdas, que Sabina haya dicho que en la izquierda hay una deriva?

R: A mí es que nunca me interesaba la ideología de Sabina, me han interesado algunas de sus canciones que están muy bien, tiene metáforas muy acertadas lo que pasa es que no es músico, él es un letrista, el músico es Pancho Varona. Musicalmente, el interés que pueda tener Sabina es el que tiene Pancho haciendo progresiones de acordes, él es un negado para la música, canta horrible, no sabe pasar de tónica a dominante. Me interesa la sinergia entre Pancho, el otro músico que no me acuerdo cómo se llama y Sabina, en algunas canciones. De su ideología, yo sé que le gusta la pela, que si puede te jode. ¿La Mandrágora por qué se acabó? La Mandrágora se acabó porque Sabina hacía putadas en el escenario a Alberto Pérez, mi pobre cantor de Sigüenza, armaban el concierto, lo pactaban, y el tío le jodía lo que habían pactado para eclipsar al otro.

P: ¿Pero usted ha entendido el ataque, a veces furibundo, de determinada parte de la izquierda, a raíz de esas declaraciones de Sabina, sobre que se sentía menos de izquierdas?

R: Pero en qué ha sido de izquierdas Sabina, no sé, es que ha donado…

P: (interrumpe) Pero cada uno, en su intimidad, puede pensar lo que quiera.

R: Pero porque uno diga que es de izquierdas, no es de izquierdas.

«Joaquín Sabina no es de izquierdas, es del dinero»

P: ¿Cree que Sabina es de derechas? 

R:  Sabina es de Sabina, Sabina es del dinero, fundamentalmente Sabina es un pelas. Es un tío de familia muy humilde, hijo de un comisario de Úbeda, que estuvo lampando durante mucho tiempo, se fue a Londres, tocaba en el metro y tal, le costó muchísimo llegar a ser Sabina por las canciones que hacía, hasta que no descubrió que él podía hacer canciones de amor, y que eso era realmente lo que lo que enganchaba al gran público. Sabina encontró una fórmula muy original de engatusar a las mujeres, sobre todo, y le fue bien y reconozco que era muy eficaz, tenía metáforas muy acertadas, pero Sabina es del dinero, de su ambición personal, es de él mismo. 

P: Diría que no le cae muy bien Sabina. 

R: Te estoy diciendo que le admiro profesionalmente, humanamente no me merece, o sea, he visto el documental de Sabina, no me interesa eso, ver a un tío mamao el 50% del metraje, rodeado por gente que depende de él, vive de él y le tienen que reír las gracietas al mamao, eso es el documental de León de Aranoa. 

P: No lo he visto.

R: Pues es patético. Entonces, no me interesan las cosas que dice, sus juicios estéticos sobre Luis Alfredo, tengo yo más cultura de aquí a Lima y he pensado mucho más sobre todo lo que ha podido pensar Sabina. Tiene un talento muy específico, que es que es un gran creador de metáforas.

P: Ya que escribe en el libro sobre los gustos musicales, en su intimidad, de grandes personajes. ¿Qué música cree que le gusta al rey Felipe?

R: ¿Es importante eso?

P: Es curioso, como mínimo. 

R: El rey Felipe ha heredado la indiferencia, por usar una palabra suave, de la música de su padre y a la que más le puede gustar la música yo creo es a Letizia.

P: Habla sobre los himnos, como el de «La Marsella», es verdad que ahí los franceses nos ganan, para que nos vamos a engañar.

R: ¿Pero sabes por qué mola tanto? Porque es una pieza de un músico profesional que se llamaba Viotti. El compositor de la Marsellesa, que era un oficial que estaba en Estrasburgo, el alcalde de la ciudad, le encarga, cuando se acercaron los austriacos a reprimir la revolución, componer algo para que dé fuerza las tropas, y el tipo, Rouget de Lisle, escribió en una noche la Marsellesa. ¿Cómo consigue esa rapidez un tío que no era un gran músico? Pues porque cogió una un tema de variaciones del músico italiano Viotti, que había hecho la carrera en París, luego cogió los incipies, los comienzos de los pasquines que había en Estrasburgo, llamando a las armas, y todo así. Es tan bonita porque la compuso un músico profesional. 

P: ¿Le pondría letra al himno de España o ni con esas se mejora?

R: El himno de España es un toque militar, es decir, es fundamental, tercera, quinta y octava, y es imposible hacer música buena con eso.

P: ¿Ni aunque se ponga una letra?

R: Mira, La Madelón, que era la canción que yo siempre cantaba, es como un toque de corneta. (con gesto de desagrado)

P: ¿La versión de Marta Sánchez le gustó?

R: Me pareció muy risible, me pareció una especie de artista diciendo «dame bolos Ciudadanos, dame bolos», ella pensó que era el momentazo de Ciudadanos, que le iban a dar muchos bolos.

P: ¿No cree que los artistas, en general, son personas que buscan pela? ¿Ha conocido a algún artista que no busque pela?

R: Sí, Javier Krahe, al que antes has mencionado, creó Cuervo Ingenuo, que el felipismo dio orden a todos los ayuntamientos, o ni siquiera hizo falta, porque hay más papistas que el papa, de que no se contratara a Krahe. Él se encontró con que nadie le contrataba en verano, cuando solía trabajar, y después de descubrir lo bien que estaba sin hacer bolos en verano, se dijo pues así siempre y el tipo que no era nada ambicioso, era un tipo más bien frugal, trabajaba lo mínimo para poder vivir, o sea, no tenía esa ambición desmedida de la pela. ¿Tú sabes por qué se pegó la hostia Sabina en el Wizink Center? No estaba preparado para salir, montó una gira porque había quedado tocado, esto me lo contó un artista, que me dijo que le han metido dos rejonazos la agencia tributaria y está sin liquidez, tiene el piso de Tirso de Molina y otras propiedades y tal, y el tipo vuelve, en una gira recaudatoria, como él no estaba preparado, no tenía condición física, y se metió la hostia. Sabina estaba zumbado, no zumbado de trastorno mentalmente, es que no sé, estaría medicado. Y esta gira que monta ahora es igual.

P: Voy a ir a verlo. ¿He de sentirme engañado?

R: Yo creo que vas a sentir que te están tangando, sí. Hombre, puedes decir yo estuve allí, pero es que a mí me gusta el arte, no me gusta subvencionar a un defraudador tributario. Dos rejones de muerte le ha metido la agencia tributaria, si te han pillado, tío, no lo lleves hasta el Supremo, reconoce que te han pillado, paga y no nos hagas pasarlo mal, es dinero nuestro. Además, yo sé cómo se trae el dinero desde las giras, me lo han contado, no lo voy a contar aquí, para no entrar en conflictos jurídicos, pero sé lo que meten en las cajas de los instrumentos, a Sabina me lo conozco a la perfección.

P: Hablemos un momento de Lo+Plus, que muchos jóvenes como yo, no vimos en su momento.

R: Esto me da ternurita. 

P: Sí, bueno, lo he estado repasando estos días. Era un programa presentado por dos personas, estaba Fernando Schwartz, el correcto, y Pradera, el burlón, el gamberro. He visto varios momentos, por ejemplo, hay uno donde le dijo usted a Raphael, que era un icono gay, no se rio mucho.

R: A Raphael tampoco se le pide que tenga sentido del humor. 

P: ¿Cree que le molestó? 

R: Probablemente le molestó, sí, pero había momentos así y creo que era uno de los acicates del programa, esa tensión.

P: ¿Usted era, si me permite la comparación, el Broncano de la época o el Broncano adelantado? 

R: Sí, con la salvedad de que lo mío era un encargo de la cadena. Canal Plus me había encargado que fuera el contrapunto políticamente incorrecto de Schwartz, que es, por ser diplomático de carrera, extremadamente correcto. Es decir, tú llegas al purgatorio e incluso el infierno y está Schwartz y enseguida te pone cómodo, te sentías en tu casa. Él lo hacía muy bien, un tipo muy simpático, un poco perezoso a la hora de trabajar.

P: Ya le ha metido un guantazo (ríe).

R: Sí, pero es que le he metido un guantazo porque ahora voy a decir algo muy bueno de él entonces, para que no parezca peloteo.

P: La clásica táctica de la hostia y después el abrazo.

R: Digamos que si hay una cosa que no me gusta es parecer pelota. Siempre le agradeceré a Schwartz que me dejara hacer el programa que yo quería hacer, y que no solamente me lo dejara hacer, si no que participara en todas y cada una de las gamberradas que yo le propuse. Eso no se paga con nada, Fernando (mirando a cámara), muchas gracias porque estuviste genial.

P: ¿No continuó la relación después del programa?

R: No, porque a él le sentó mal, y esto enlaza con lo que he dicho sobre que le gusta poco trabajar, que yo me llevara dinero sin trabajar porque «Maldita la hora» en Antena 3 duró dos o tres semanas.

P: (interrumpe) Para la gente que no lo sepa, se fue usted de Lo+Plus a Antena 3 para hacer ese programa que duró lo que duró. 

R: Como todos los programas de ese tiempo, también el de Juan Ramón Lucas, todos fueron un desastre. De hecho, en enero me contrataron y en agosto, toda la directiva estaba en Telecinco. Entonces cuando vio que me estaban pagando por estar en mi casa, porque me habían suspendido el programa, creo que le dio mucha envidia.

P: He leído que usted vino a decir que Fernando Schwartz había sobornado a gente para que ganase el Premio Planeta.

R: No, sobornado no, hombre, ¿sobornado? No, nunca diría eso porque además no creo que sea cierto. Pero, hombre, se ve que el Planeta no es insacular entre 100 nombres y sacar uno al azar.

Imagen: Carmen Suárez.

P: Es que no te gusta hacer amigos (ríe).

R: No, hombre, yo lo he vivido eso, querido mío, o sea, un mes antes del premio Planeta, Fernando ya sabía que se lo iban a dar. Es un tipo de premio donde se prima o se primaba, el salir en la tele. Ten en cuenta que Fernando había sido finalista del Planeta cuando no salía en la tele con un libro que se llamaba «La conspiración del Golfo», y tenía ese prurito. Entonces, el primer año de Lo+Plus, él tenía un amigo en Planeta que se llamaba Basilio Baltasar y dijo, “hombre, a ver si ahora me lo puedo llevar”, ahora que estaba saliendo en la tele, cosa que sirve de escaparate, independientemente de que la novela te pueda gustar o no, que a mí tampoco me entusiasma su faceta literaria como fabulador. Entonces le dieron el Planeta, en parte, porque salía en la tele, aparte de los méritos literarios. ¿Cuál fue el problema? Que se mostró tan cagaprisas, que si hubiera esperado un año más, tan solo un año más, el premio se hubiera doblado. Juan Manuel de Prada, que lo ganó al año siguiente, cobró 100 millones de pesetas y Fernando, porque tenía mucha prisa, porque no sabía cuánto iba a durar el programa, cobró sólo 50 millones. 

P: La pela es la pela. 

R: Y la prisa es la prisa. 

P: ¿Qué haría antes, aceptar volver a presentar un programa o meterse en política?

R: Las dos cosas me gustarían. Bueno, yo en política he estado, estuve de consultor externo con Rubalcaba y con Elena Valenciano, me lo pasé muy bien, y luego estuve, me metió Irene Lozano, de consultor externo también con Rosa Díez,  ya con la debacle final con Ciudadanos. Creo que tengo buena cabeza para la política.

P: Otra encrucijada, ¿qué haría antes, irse con Pablo Iglesias a la nueva televisión que está montando o con Yolanda Díaz, si decidiera ficharle?

R: Haría las dos cosas.

P: ¿A la vez? No creo que le guste a Iglesias. 

R: Sí, hombre. Mira, fuera caretas, Yolanda Díaz necesita el aparato de Podemos para hacer 52 listas de aquí a muy poco, que igual las elecciones son en junio, vete a saber. Yolanda necesita el aparato de Podemos y Podemos necesitar el tirón de Yolanda Díaz, estamos en un momento en que ninguno de los dos dice mucho la verdad. Están condenados a entenderse. 

P: Siendo de una familia, digamos de amplio espectro ideológico, ¿qué opinión tiene Máximo Pradera de la memoria histórica en este país?

R: Hay una cosa muy sabia que decía mi padre. Mi padre tenía un concepto de la transición muy jurídico, él lo consideraba un mal acuerdo, un acuerdo mediocre pero el mejor acuerdo posible en aquel tiempo. Entonces, él lo que decía era, una vez que has establecido el acuerdo, el pretender echarle en cara al otro y preguntarle por flecos, no, ya está, yo he renunciado a cosas, tú has renunciado a cosas, no podemos estar meneando a lo que hemos renunciado para poder alcanzar este mal acuerdo antes de llegar al pleito, que es otra guerra civil o que son 900.000 atentados de Atocha. Entonces, los que entienden la memoria histórica como deshacer todo el acuerdo e incluso juzgar a los criminales de guerra, me parece que no han entendido el sentido de la transición.  La parte que sí se puede hacer, que es reparar la dignidad de los familiares y las víctimas, ayudarles a encontrar a los familiares la parte humana, todo eso sí. Pero ahora, empezar a que venga la república otra vez es que…

P: Cuidado, que le pueden llamar facha.

R: Pues que me lo llamen, a mí me han echado de Público y me han echado del Cascabel, querido mío, y probablemente acabéis echándome también de aquí.

P: Pero dentro de un rato. 

R: (Ríe) La república no es el momento, lo interesante es crear las condiciones para que Felipe VI, aunque quiera, no pueda delinquir. Es decir, modificar de alguna forma la inviolabilidad del Rey, que él sea responsable en la vida personal y familiar, y la inviolabilidad reducirla a su esfera pública.

P: Para ir cerrando, Máximo, ¿cuál ha sido el milagro de su vida?

R: Muchos. 

P: Coménteme algunos.

R: Joder, pues en un momento en que no sabía qué hacer con mi vida, de repente se funda Radio El País, y me encuentro con un genio de la radio que es Carlos López Tapia que me enseña a cómo hacer la radio más extraordinaria que yo he oído en mi vida, que es la radio que hacía él, eso ya fue un milagro. Milagro número 2, el momento en que me quitan, se cargan «El peor programa de la semana», el famoso programa de Wyoming, que lo quitaron.

P: Por la entrevista a Quim Monzó.

R: Sí, yo metí la pregunta que tocaba los cojones. (Empieza a reírse y cae rendido sobre la mesa, la golpea con los puños)

P: (riéndose) Con lo cual también le echaron de TVE, entiendo. 

R: Sí, (riendo), echaron a todo el equipo por mi culpa. Justo, nos quitan el programa y al año siguiente, crean un programa de televisión donde podía entrar, pues otro milagro. O se acaba la televisión y me acerco a Plaza y Janés, les expliqué que tenía una idea sobre Beethoven, hicieron un lanzamiento internacional y se vendió la novela a 20 países. Ahora, me diagnostican un cáncer hace dos años con un PSA de 90, que es una bestialidad, normalmente ya cuando está en 8, el urólogo ya empieza a decirte… (riendo)

P: Requiescat in pace

R:  Requiescat in pace, yo lo tenía de 80-90. Entonces, era tan alto que el tipo no se creía que no hubiera metástasis y se vio que no se había escapado de la cápsula, pues otro milagro. 

P: Máximo Pradera, el hombre milagro. Gracias por subir al purgatorio. 

R: Gracias a vosotros, además me ha gustado mucho encontrarme aquí con un viejo compañero de facultad, Luis Prados, al que le ofreceré trabajo (mirando a cámara).

P: Lo rechazará, seguramente.

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