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400 metros de fervor en Madrid para besar el pie del Cristo de Medinaceli

Foto: Anna Carolina Maier | The Objective

Entre la calle Cervantes y la calle de La Verónica, del centro de Madrid, hay unos 400 metros que un día cualquiera se recorren en cinco minutos, pero este viernes 2 de marzo los fieles del Cristo de Medinaceli pueden tardar hasta ocho horas en atravesar la distancia. A las cinco de la tarde, ese trayecto era el largo de la fila de personas que bajo la lluvia esperaban pasar a la basílica ubicada en la plaza de Jesús de Madrid para besarle los pies a la talla del siglo XVII en agradecimiento por algún milagro recibido o para pedirle tres deseos. Como dicen sus seguidores, “uno de ellos se cumple seguro”.

Gloria tiene unos 50 años. Era la última en la cola a las 17:23 horas. Afirma que probablemente entrará a la medianoche a la basílica. El recinto no cerrará las puertas hasta que el último de la fila entre a venerar la imagen de Jesús de Nazareno, como es costumbre. El año pasado, las puertas del templo cerraron a las cuatro de la mañana de la madrugada del sábado.

Gloria ha pasado hasta 12 horas en ocasiones anteriores, esperando. El año pasado tardó siete en entrar a la iglesia. Este, los voluntarios esperan que, debido a la lluvia, asistan unas 900.000 personas, pero generalmente más de un millón y medio de creyentes pasa bajo la mirada de la figura de madera que mide 1.73 cm y que impacta por su cabellera de pelo natural oscuro. También destaca su gran ajuar compuesto por más de treinta túnicas, entre estas, una de 1846, regalada por el rey Francisco de Asís y otra de 1883, regalo de la Duquesa de Medinaceli.

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El recinto no cerrará las puertas hasta que el último de la fila entre a venerar la imagen de Jesús de Nazareno. Foto: Anna Maier / The Objective

Para Gloria, el Cristo de Medinaceli significa “todo”. “Llevo ocho años viniendo. Le he pedido algo y se me ha cumplido, de modo que, por agradecimiento, vuelvo”, relata. Asegura que trata de venir algún viernes de cada mes pero el primer viernes de marzo “es el día más importante porque hoy beso el (pie) izquierdo”. Se trata de la cita predilecta de los devotos porque descienden la imagen a ras de suelo. Generalmente, el Cristo está en un balcón que mira los feligreses en misa, aunque las personas pueden subir una vez a la semana a besarle el pie.

Elena lleva 30 años asistiendo a la “bajada del Cristo”. Contaba ya dos horas de cola y le faltaban al menos dos más cuando expresó: “Yo todo lo que le pido es salud y que proteja a los míos, y a mi me lo ha concedido”. No echa monedas, cosa que algunos añaden al momento de pedir los deseos, porque considera que “la Iglesia tiene mucho dinero” y prefiere dárselo a los niños necesitados. “Esta cola no ha sido tan larga porque he tardado hasta 14 horas”, ha añadido.

La tradición que desde hace más de tres siglos lleva hasta el templo a un representante de la Casa Real este año también se ha cumplido. Por primera vez desde que es rey, Felipe VI ha visitado este viernes el templo de los capuchinos para venerar la imagen. Felipe de Borbón no acudía a la iglesia del Cristo de Medinaceli desde 2004, cuando lo hizo junto a doña Letizia dos meses y medio antes de su boda y pocos días antes de los atentados del 11 de marzo. En esta ocasión, don Felipe ha acudido solo puesto que la Reina tiene un acto en Santiago de Compostela.

La imagen del Jesús Nazareno que custodian los capuchinos se talló en la primera mitad del siglo XVII por encargo de los duques de Medinaceli y se trasladó a Marruecos para culto de los españoles. Allí la robaron, pero después de cuarenta años en manos de los musulmanes los padres capuchinos pudieron recuperarla en 1682. Una leyenda cuenta que los fieles pagaron un rescate al sultán por el Cristo “cautivo” quien les había pedido a el peso de la imagen en oro. Cuando se pesó la imagen, el plato de la balanza se equilibró y llegó a unas pocas monedas. Las que tenían los fieles.

De vuelta en Madrid, fue guardada en una pequeña ermita situada en lo que hoy es la basílica y se instauró la costumbre de besar el pie del Cristo el primer viernes de marzo como muestra de devoción. La talla se tuvo que recuperar por segunda vez después de la Guerra Civil desde Ginebra, a donde había sido llevada junto a otras imágenes.

A su llegada a la capital en 1940, recibió una apoteósica bienvenida y se retomó la tradición de ser visitada por autoridades y miles de fieles, no solo de Madrid, sino también de otras provincias.

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