Abuso de poder, violaciones y extorsión: Netflix da voz a las víctimas de Jeffrey Epstein
Foto: Bebeto Matthews

Cultura

Abuso de poder, violaciones y extorsión: Netflix da voz a las víctimas de Jeffrey Epstein

Un documental da voz a las jóvenes de las que Epstein abusó antes de suicidarse en la cárcel dando pie a teorías de la conspiración

por --na

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Todo arranca con un reportaje. Vicky Ward preparaba una crónica más o menos anodina para Vanity Fair sobre Jeffrey Epstein, un rico financiero cuyos abusos no habían salido a la luz. Entonces era un multimillonario enigmático. Ward se refiere a él como un «Gatsby misterioso«. Como Jay, Jeffrey era un nuevo rico.

Investigando para su reportaje, Ward contactó con la artista Maria Farmer, que le contó cómo Epstein la extorsionó para que vendiera unos cuadros. Posteriormente, Maria puso en contacto a su hermana Annie con Epstein, que la atrajo con la excusa de pagar su educación. Annie acudió a su rancho. Después de un masaje, abusó de ella. Las hermanas se lo contaron a Ward, que empezó a intuir la sombra que proyectaba el personaje.

Jeffrey Epstein tejió una red de abusos sexuales a chicas jóvenes, muchas de ellas menores de edad. Su suicidio el pasado 10 de agosto abrió el grifo de las teorías conspiranoicas. Ahora, una serie documental de Netflix narra sus engaños y sus abusos. El documental se titula Jeffrey Epstein. Asquerosamente rico, pero su inmensa fortuna no es el tema principal. La serie pone el foco, desde el primer momento, en la voz de las víctimas. John Grierson, un pionero del género, explicaba que el cine documental consiste en el tratamiento creativo de la realidad. Aquí, Netflix no deja mucho espacio a la creatividad. Hay lo que hay.

Abuso de poder, violaciones y extorsión: un documental de Netflix da voz a las víctimas de Jeffrey Epstein 1

Jeffrey Epstein. | Foto: New York State Sex Offender Registry | AP

Algunas de las chicas de las que Epstein abusó relatan con una valentía sobrecogedora el modus operandi del abusador. Al principio de su investigación, en 2005, la Policía no halló pruebas sólidas, pero las chicas no dejaban de entrar y salir de la mansión de Palm Beach. Decidió entonces buscar en la basura. Allí, los investigadores encontraron notas manuscritas que podrían probar los contactos de Epstein con menores.

La pista les llevó hasta Hally Robson, una chica vulnerable, que había sido violada con 16 años, con una familia rota: blanco fácil para Epstein. Robson cuenta que cuando el magnate intentó tocarla, ella se negó. Pero Jeffrey Epstein no se conformó y le dijo que, si le traía a alguna chica, le daría 200 dólares. Robson reclutó a una veintena de ellas, a veces amigas suyas. Así, la compleja trama toma forma. En el centro estaba Ghislane Maxwell, su mano derecha, encargada de normalizar los abusos. Además de estos crímenes, Epstein acumuló muchas fotografías de jóvenes desnudas, algunas de contenido pedófilo.

Otro punto lacerante de la historia es la pasividad inicial de las autoridades. Cuando Maria denunció los abusos, la Policía y el FBI la ignoraron. No fueron los únicos que miraron para otro lado: al saberse observado, Epstein amenazó a Ward y a su editor de Vanity Fair. Tras las presiones, el editor sacó a las víctimas del artículo de Ward. De este modo, el silencio permitió a Epstein actuar impunemente. En julio de 2006 fue arrestado por un único delito de incitación a la prostitución. El hombre que organizó a su prestigioso equipo de abogados fue Alan Dershowiz, un letrado que no tiene reparo en explicar a cámara la realpolitik de sus métodos: «En el juicio hay que sacar a la luz todo lo oscuro, cuestionar la credibilidad de cualquier testigo».

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Donald Trump junto a Alexander Acosta en el momento de su dimisión. | Foto: Andrew Harnik | AP Photo

El documental hace un breve repaso de la trayectoria de Jeffrey Epstein, señalando su inteligencia (en el instituto se saltó un par de cursos) y sus primeros fraudes: falsificó su currículum y, una vez dentro del mundo de Wall Street, participó en varias estafas. En cualquier caso, eso no es tan infrecuente. Sí resulta más difícil encontrar una agenda de contactos como la suya. Entre los temas más espinosos está su red de influencias, con un catálogo de amigos ilustres que va desde Donald Trump a Bill Clinton, pasando por el príncipe Andrés de Inglaterra.

Trump dijo de Epstein que era «un tipo tremendo». Clinton negó haber estado nunca en su mansión, pero varios testigos sí lo vieron allí y está probado que estuvo en su avión privado varias veces. Otro nombre propio es Alexander Acosta, el fiscal de Florida que lo libró de una pena severa en 2006. Acosta fue posteriormente Secretario de Trabajo de Trump y, cuando se lo relacionó con el caso, se vio forzado a dimitir. La lista de conocidos la cierra Harvey Weinstein. 

Para las víctimas de Jeffrey Epstein, el movimiento #MeToo, que coincidió con la reapertura del caso, fue un rayo de esperanza. No solo por ellas, sino por todas las que no habían sido noticia. Esta idea enlaza con el leitmotiv del documental, que consiste en escuchar a las víctimas. Cuando Epstein se suicidó, se sintieron decepcionadas porque, una vez más, no pagó por sus crímenes. El documental no aporta demasiado en lo relativo al suicidio, aunque un experto asegura que Epstein tenía ciertas fracturas óseas imposibles de practicarse ahorcándose con una sábana. Días antes de morir, el magnate movió sus fondos a un paraíso fiscal. ¿Alguno de sus poderosos amigos no estaba tranquilo con lo que pudiera contar? Se lo dijo Michael Corleone a Tom Hagen: «Si algo nos ha enseñado la historia es que se puede matar a cualquiera». En cualquier caso, la muerte de Epstein impide que haya justicia para las víctimas, pero puede funcionar como aviso. Virginia Roberts, una de las supervivientes, lo expresó con claridad: «Por ahí hay muchísimas más personas así».