Política y conflictos

Agustín Zamarrón (PSOE): «Los médicos no lloran, y si lo hacen tiene que ser en la soledad y en el silencio, no pueden mostrar el desconsuelo»

por Rodrigo Isasi Arce

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El diputado del PSOE Agustín Zamarrón nunca llora, eso dice él. Médico de formación y de profesión durante muchos años en Miranda de Ebro, decidió, una vez jubilado, cambiar la bata y el centro de salud por el traje y el hemiciclo. Para Zamarrón su referente en su vida es su padre. Era carlista disidente, controlado por la policía franquista, dice riendo, era «una persona que era genial en ética, una persona que jamás hizo nada que fuera una indignidad».

A sus 74 años, el diputado con más edad del Congreso asegura que los ciudadanos debemos estar presentes en la vida política, es una obligación, y por eso él decidió dar el salto. Hablamos con el diputado socialista sobre la identidad de la izquierda en España, el PSOE y Unidas Podemos y los jóvenes y la política, entre otras cosas.

¿Por qué decidiste meterte en política?

Me gustaría no ser ejemplar, pero sí ejemplarizar. Los ciudadanos tenemos que estar en la vida política por ser la vida pública y la ciudadanía es lo que nos da naturaleza de actuación en el común. Y realmente si eso se debilita, y el mal funcionamiento político tiene una gran parte de culpa de que eso sea así, pero los ciudadanos como tales no nos podemos consentir el desinteresarse de la cosa pública.

Ahora, con la situación actual de pandemia se ha visto la necesidad, la tremenda y trascendente necesidad, de estar integrados en la sociedad donde vivimos.

¿Cómo se lleva ser el diputado de más edad del Congreso? ¿algunos políticos deberían tomar ejemplo de usted?

Bueno, está muy en boga esto por el filósofo Gomar de la acción ejemplarizante, pero esa acción ejemplarizante no debe ser de los políticos, debe ser de todos. Y esa acción ejemplarizante la hacen las personas dignas en el lugar en que estén y tiene una trascendencia muy grande. Es un elemento de irradiación, podríamos decir médicamente, biológicamente, de contaminación y manifestarse como uno es como uno piensa con respecto a los otros es lo que nos hace humanos. Los hombres no somos si no es en grupos como antropoides superiores. Un hombre, si no vive en grupo, no se hace hombre. Y para hacerse ciudadano hay que lograr entendimientos comunes. Cada uno tenemos nuestras propias normas de nuestro grupo, de nuestras ideas, de nuestras convicciones religiosas, morales, sociales y para vivir en común hay que contraponerlas en una acción deliberativa, como dice Habermas, para llegar a una norma común que llamamos ley.

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Foto: Congreso de los Diputados.

Y esa ley no nace de los parlamentarios, tiene que nacer de los ciudadanos, del pueblo, que somos todos convertidos en ciudadanos por el compromiso con el gobierno común, y no sólo en exigencia, sino fundamentalmente en crítica, en aporte de las propias ideas para intentar que se extiendan a otros. Y eso lo debemos hacer todos, en todo momento, en cualquier lugar y a lo largo de nuestra vida.

La imposición de las ideas no puede ser a martillazos, tiene que ser mediante la razón. Hay que escoger las ideas mejores y por lo tanto, si uno que dialoga ve en el otro ideas superiores y mejores, con más convencimiento de certeza, debe hacerlas propias y apearse de las que hasta ese momento protagonizaba.

Los políticos se deben a sus ciudadanos. ¿No cree que a veces prima más conseguir el bastón de mando que servir a la ciudadanía?

No he podido leer entera la obra de Scopenhauer El mundo como voluntad y representación, pero si una parte de ella, y lo que más me gusta es el título: Voluntad y representación. Hay que asentarse en la voluntad y degradar al término de lo imprescindible la representación. Los políticos hemos pasado a la representación antepuesta a la voluntad. Voluntad que tiene que ser una buena voluntad en el sentido kantiano, una buena voluntad y entonces si es verdad.

Eso no contribuye a nada, y desde luego te agrada el político, pero no le degrada solo porque es irrisorio, ridículo, esperpéntico. Le degrada porque le llega a afectar a su capacidad racional de lógica política, en donde si lo que se hace es eso que se llama el too much. Colocando unos rollos inmarcesibles, esos que se llaman argumentarios, que es la negación de la capacidad de argumentar, que está muy bien si se toman como argumentos, no como leccióncillas, como catecismos. Entonces, si se hace eso, llega un momento en que se llega a una alienación total y que uno lo único que hace es repetir como una fotocopiadora, ideas que en ningún momento ya se puede identificar de dónde vienen ni a dónde van, porque son solo para el momento y para salir de un atolladero, y lo único que demuestran es una unidad, pero una unidad de que lo que hay que tener son ideas de conceptos, una unidad de ideología. Y eso es contraposición. Siempre hay que pensar. Los profesionales lo hacen. Los políticos son profesionales y debemos de hacerlo. 

¿Cuándo ha sido la última vez que ha llorado?

No, yo no lloro. Los médicos no lloran; y si  lloran tiene que ser en la soledad y en el silencio, pues los médicos, los sanitarios, sufren, pero no lloran. A lo mejor para ellos sería bueno llorar, pero no pueden hacerlo. No pueden mostrar el desconsuelo frente a situaciones.

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Foto: Rodrigo Isasi

¿Qué significa ser de izquierdas en España?

Ser de izquierdas es ser solidario, pero solidario en un sentido de gran respeto al otro, como igual. Para explicarlo de una manera muy gráfica: no es ser solidario ser muy generoso, porque la caridad nunca tapa la injusticia. Aquello que se debe dar porque es justo no se debe dar en base a una motivación de bondad, porque es falsa bondad. Casi todo lo que tenemos que otorgar a otro, y al mismo tiempo nos lo otorgamos a nosotros mismos, es una acción de justicia. Debe ser una acción de justicia, de igualdad.

¿Cree que el PSOE ha perdido sus siglas de Socialista y Obrero?

La sociedad ha cambiado en las conceptuación de lo que es ser un obrero, ahora ya casi no existen,  serían trabajadores. Entonces, uno diría ahora que es obrero quien se siente obrero. Sí, se sienten obreros aquellos que ejecutan una obra que generalmente es una obra intelectiva, una obra grande, pero no el mandado. La palabra obrero era una persona a la que tenía una función concreta, se le mandaba para que la hiciera y lo que se quería era así convertirla en un robot, una robotización. Era la despersonalización. En el momento actual tenemos el gravísimo problema de que si no nos preocupamos por una formación permanente y continuada nos convertimos en inteligencias artificiales. Y los políticos somos un claro ejemplo, muchas veces, de lo que es una inteligencia artificial, con esto que estábamos hablando antes.

En cuanto a la acción de socialismo, la acción social, el Partido Socialista no ha perdido esa función de solidaridad, esa vocación de solidaridad. Si una gran parte de nosotros la hemos perdido, lo que estamos haciendo es traicionándonos y traicionando aquello para lo cual estamos.

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Foto: Congreso de los Diputados.

Durante muchos siglos se ha funcionado con leyes de procedencia supuestamente divina. Eran humanas, como todas. Cuando esto ya fracasó, se inventó el derecho natural, como todos los derechos, incluso el positivo, lo hacemos nosotros. Todos estos inventos a la par, al final a lo que llevan es a que para vivir los hombres y crear nuestras propias leyes, tenemos que imaginar poner a un lado las leyes de los dioses, porque tenemos que atender a la creación de nuestras propias leyes.

Realmente hay que inclinarse por una de las dos cosas: o por la ambición, el medro, el oro, a comérselo finalmente como a Midas, o por el paradigma de la dignidad del hombre. La izquierda, los socialistas, tenemos que inclinarnos convencidamente, y así hemos estado siempre, por el paradigma de la dignidad del hombre y no apearnos de eso. Hemos vivido lusos y lustros de adoración al becerro de oro desde Reagan y Thatcher y desde mi amigo Blair y los amigos de Blair. Ya es hora de que nos preocupemos de centrar la acción de todas nuestras leyes y la acción de gobierno en el hombre mismo.

Sobre la entrada de Unidas Podemos en el poder ¿no cree que muchos ciudadanos se esperaban más?

En una entrevista que me hicieron mucho antes de entrar en el Gobierno ya se planteaba  establecer relación con Podemos. Yo decía que para hablar con Podemos hay que atarse los machos. Con atarse los machos me refiero a la vestimenta taurina, no vaya a pensarse que uno es machista.

Desde mi punto de vista, Podemos es la personificación en sus momentos iniciales del populismo. Populismo de izquierda, pero populismo. Y entonces, desde este punto de vista en donde decía: « la Constitución hay que tirarla, la accion hay que hacerla en la calle», he de reconocer la evolución.

Ahora son defensores de la constitución, del constitucionalismo, de la acción política de otras maneras. Y claro, ahora su pasado se les echa en cara. Pero yo lo que debo de apreciar es su evolución y en este caso, desde un punto de vista de una evolución hacia algo mucho mejor y mucho más razonable. Por otra parte, probablemente es evidente que sus ideas son algo más extremas, por decirlo de una manera, que las de los socialistas. Y entonces esa compaginación del acicate de ir a más frente a una acción de gobierno con experiencia y con capacidad, que eso sí hay que reconocer al presidente del Gobierno actual, capacidad de diálogo mil veces, de dialogar una y otra vez, de no romperse nunca la capacidad y obligación que tenemos de negociar.

Vivimos en un mundo político en donde es una pléyade de partidos y hay que escuchar a todos, porque representamos a los ciudadanos y todos, sea mayor o menor, representan a los ciudadanos. Pero además, la razón no depende tampoco del número que se representa. Eso puede ser el peso de la opinión pública, pero la razón es la razón y no hay otra alternativa. Como decía Machado «tu verdad, no la verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela». Esto es como una premonición poética y profética de la acción deliberativa y la ética de responsabilidad de Habermas.

Dice que hay que escuchar a todos los políticos: ¿A los de VOX también?

Escuchar, siempre. Negociar, eso es otra cosa. Con Vox no se puede negociar, pero puede que de ideas que sean superiores, más certeras en algún aspecto a las mías, pues debo hacerlas propias, como antes explicaba, y con el mayor respeto a las personas, no a las ideas.

Las ideas son moneda de cambio. Lo que es importante, donde radica la dignidad, es en la persona. Las ideas hay unas, hay otras y se transmiten como las enfermedades virales y las que tienen éxito, sean buenas o sean malas, se multiplican entre nosotros. Bueno, pues si VOX tiene ideas buenas, aprovechables, yo las haría propias si son mejores que las mías, ¿por qué no van a serlo en algún aspecto? 

Me parece un despropósito al mismo tiempo, querer unificarnos en una entidad mayor, plural como es Europa, y, por otra parte, cortar pedazos de la unidad que se tiene que integrar. Es, como diría vulgarmente, un sindiós. Es intentar coger dos trenes de direcciones diferentes, que los cojan. Al final se van a juntar en la misma estación. Pero yo con los miembros de Vox, el mayor respeto y los escucharé siempre. Sus ideas no, pero si alguna de sus ideas  es mejor que la mía, la haré propia.

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Foto: Congreso de los Diputados.

¿En qué tres puntos clave se debe centrar la política española actual?

Es hora de que la política se centre en el individuo, ponga por delante el paradigma de la dignidad del hombre que existe así en Europa desde los tiempos de Pico de la Mirándola que era un fervoroso creyente. Yo no lo soy, pero es su aporte que nos parangonaba a los Ángeles en su sentido,para explicar la dignidad. Eso lo primero, pero luego tres ideas.

Los derechos más importantes del hombre como ciudadano, su libertad de pensamiento y por lo tanto eso va asociado a algo fundamental que es la formación, la educación. Libertad, pero libertad asentada en el individuo que piensa y entonces tiene que capacitarse, no hay que capacitarlos, hay que dar los medios para que se capacite y que siga, porque somos un país muy inculto, un país muy pobre por eso. El amor al conocimiento.

Luego, naturalmente, la salud. La sanidad, en sentido amplio, es importantísima.

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Foto: Congreso de los Diputados.

Finalmente, la asistencia social, las leyes que se dan. Yo estoy satisfecho de estar ahora en las Cortes cuando surge la ley del salario mínimo, la ley de la renta vital. 

Esos tres principios de acción de gobierno van obligadamente, decía yo, mirando a la libertad, pero mirando también a una libertad básica que un individuo tiene, yes la necesidad de un desarrollo social que permita que todo el mundo tenga trabajo y que todos los trabajos se conviertan en trabajos dignos. El trabajo nunca degrada, todo lo contrario.

¿Cree que la política actual es poco atractiva para la sociedad?

La acción política es lo que se discute en las plazas al modo ateniense. Hemos perdido mucho con los bares, donde uno se recuesta en la barra y según se acueste sobre el lado derecho o el izquierdo, se le tuerce la columna hacia una escoliosis que finalmente le configura políticamente. Las tabernas eran mucho mejores porque ahí se dialogaba en un término abierto, circunscrito. Esa acción política es necesaria.

Hay que ganarse la vida día a día, y hay que ganarse al resto por convencimiento en todos los minutos del día. 

Rodrigo Isasi Arce

Periodista especializado en Defensa, conflictos armados, mundo arabo islámico y cooperación internacional. Viajero empedernido y fotógrafo aficionado.