"Alemania ha tenido un comportamiento muy honesto con los refugiados"

Cultura

"Alemania ha tenido un comportamiento muy honesto con los refugiados"

Hablamos con Leticia Álvarez, coautora del libro Mi nombre es Refugiado, un collage de historias de una epopeya migratoria contada a través de sus protagonistas.

por Lidia Ramírez

Mi nombre es Refugiado, Editorial UOC, es la historia de Samia Sleman. Una joven de 15 años que durante varios largos meses fue esclava del Estado Islámico: «Lo peor venía por las noches, cuando una de nosotras tenía que ir a su habitación y nos pedía que lo tocáramos, que le practicáramos sexo oral. Allí siempre estaba su mujer, asistía a todo y asentía». Ahora, Samia se encuentra con su familia en Alemania. También es el relato de la abuela Emilia, que acogía y daba el biberón a los pequeños que llegaban a la isla griega de Lesbos. Y la voz de Nour, que ya en Europa y tras leer la Biblia, decidió volver a Siria, sintiéndose humillado y menospreciado, para morir allí. Sólo tenía 23 años, pero una Europa indiferente a la mayor crisis migratoria y humanitaria después de la Segunda Guerra Mundial, pudo con él. «Quiero que Europa se avergüence de mi muerte», contaba el joven a Leticia Álvarez e Irene L. Savio, autoras de Mi nombre es Refugiado. Un collage de historias recogidas durante sus trabajos en Turquía, Grecia, Macedonia, Serbia, Hungría, Croacia y Alemania.  «Primeros planos al estilo Frank Capa… (Historias) que molestan como un flash que no se puede evitar», escribe Roossend Domènech en el prólogo.

Irene L. Savio junto a Samia Sleman Kaman, esclava del Estado Islámico.  (Foto: Irene L. Savio)

Irene L. Savio junto a Samia Sleman Kaman, quien fue esclava del Estado Islámico. (Foto: Irene L. Savio)

Un retrato que conduce a la introspección, al silencio, a la reflexión, al análisis de cómo el ser humano puede llegar hasta determinados límites. Mohaimen Alhussein, de 21 años, recuerda en una carta recogida en el libro capaz de conmover a los corazones más duros: «Créanme cuando digo que teníamos una vida antes de la guerra. Ninguno de nosotros podía imaginar que acabaríamos cruzando media Europa y jugándonos la vida para llegar a escapar del horror». (…) Somos personas que hemos tenido mala suerte en la vida, como dice mi padre». Mosaicos de historias que acuchillan el alma de personas cuyos hijos serán los nuevos europeos y, por qué no, los futuros presidentes de Europa, de igual forma que un hijo de migrantes keniatas ha sido presidente de Estados Unidos. Hablamos con Leticia Álvarez, quien junto a Irene L. Savio, ha recorrido los Balcanes y Europa cubriendo la crisis migratoria que rompió todos los esquemas en el Viejo Continente.

Portada libro 'Mi nombre es Refugiado'.

Portada libro ‘Mi nombre es Refugiado’.

¿Es el título una provocación a una etiqueta de la que ellos mismos huyen?

Nos costó mucho titularlo. En lo que coinciden casi todos es en que no les gusta que les llamen refugiados, porque ante todo son personas. Los sirios, sobre todo, no se sienten refugiados porque para ellos es como ser ciudadanos de segunda o tercera. Además, hay que tener en cuenta que cuando llegan a Europa no son refugiados, sino solicitantes de asilo.

 

«Somos personas que hemos tenido mala suerte en la vida» 

 

En el libro contáis situaciones críticas a las que teníais que hacer frente. Como cuando recibisteis un mensaje de ayuda de una chica siria cuya embarcación se estaba hundiendo en alta mar. ¿Cómo se afrontan ese tipo de situaciones?

Reaccionas con sentido común. Aunque si ellos no están preparados para enfrentarse a esas situaciones, nosotras mucho menos. Fátima nos envió un mensaje en el que ponía «AYUDA» junto a un mapa que mostraba su localización. Lo primero que hicimos fue llamar a los guardacostas. En ese momento estás trabajando y centrada en lo que tienes que hacer, lo peor llega cuando desconectas y piensas qué habrá sido de esa persona y de todas las que con ella viajaban.

¿Sigues teniendo contacto con ellos?

Con todos. Nedal Loubani, un sirio de 20 años que fue nuestro traductor en Idomeni, vive ahora en Suiza, se ha prometido con una voluntaria y vive con ella. Su tío está en Holanda. La pequeña Ayla y su padre Mohammed están en Alemania, les enviamos ropa y sabemos que la niña va al colegio.

Leticia Álvarez junto a Nedal en el aeropuerto de Salónica, Grecia, el día de la despedida. (Foto: Leticia Álvarez)

Leticia Álvarez junto a Nedal en el aeropuerto de Salónica, Grecia, el día de la despedida. (Foto: Leticia Álvarez)

Las redes sociales y la tecnología han tenido un papel determinante en todo el proceso migratorio de estas personas…

Sí. Lo primero que hacen cuando llegan en las barcas es encender el móvil, comprarse una tarjeta del país y contactar con sus familias. Es más, la ruta de los Balcanes, aunque ya era usada hace muchos años por traficantes, comenzó a establecerse como una ruta al uso para los inmigrantes a través de las redes sociales y móviles. En los grupos iban poniendo información como, por ejemplo, «cuando llegues a Macedonia sigue la vía del tren», o información útil para el viaje y llegar al destino final. También, las redes sociales han sido un medio indispensable para publicitarse las mafias.

El discurso de Merkel, que en un principio se mostró tolerante con los refugiados, está cambiando en los últimos meses. ¿A qué crees que se debe?

A las elecciones, sin ninguna duda. Aunque hay que admitir que Alemania no puede aguantar el peso de toda la gente que llega, y que llega cruzando con mafias y sin ningún tipo de control, porque eso afecta a su seguridad. Se critica mucho a Alemania pero con la extrema derecha que tiene ha tenido un comportamiento muy honesto y honrado y ha pagado el descontrol de Grecia y los Balcanes. Si se hicieran las cosas bien desde Grecia, donde hay más de 60.000 personas atrapadas, todo sería diferente. La gente llega mediante mafias a Alemania, unos se registran y otros no. Y ese descontrol es malo para el país. Por lo que su discurso ha cambiado por las elecciones, sí, pero también para dar un toque de atención a los otros países, porque ellos no pueden aguantar todo el peso.

 

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Leticia Álvarez junto a varias niñas en el campamento de refugiados de Idomeni. (Foto: Leticia Álvarez)

«Turquía seguirá chantajeando todo lo que pueda. Está en una posición dominante»

En todo este tiempo que llevas cubriendo la crisis de los refugiados hasta ahora, ¿has visto algún cambio?

Sí, para peor. Antes podían pasar y llegar al norte de Europa, sin embargo, ahora cuando llegan a los países de destino a través de mafias los centros están más saturados y las cosas se ponen más difíciles. Además, en la actualidad si no tienes dinero y no pagas a las mafias no sales de Grecia.

Turquía amenaza constantemente con abrir las puertas y romper el pacto sobre los refugiados, ¿lo cumplirán o seguirán chantajeando hasta conseguir sus objetivos?

Chantajearán todo lo que puedan y más. Mi deseo es que lo rompiera antes Europa que Turquía. Pero ésta va a intentar sacar todo lo que pueda y más porque está en una posición dominante.

Te defines como una griega de corazón. ¿Crees que el Grexit  llegará a producirse?

Yo creo que sí. Aunque Europa tiene muchos frentes abiertos y, ahora, tras el Brexit, no puede permitirse otra salida del Euro. Pero dentro de dos años estoy segura de que afrontará otra crisis similar. Lo que vive Grecia es un bucle continuo hasta que un día explote.