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Alfonsina Storni en tres poemas y unos cuantos estereotipos desmitificados

El escritor intenta hacer malabares con las palabras sin desencajar su valor. Es común que el de las palabras sea un oficio que se intenta esquivar con el tiempo, que se deja para luego porque hay que pagar las cuentas y porque la tinta no se transforma en comida, al menos no literalmente. Y así como las palabras los oficios varían, pero raramente los desenlaces, porque el que nace para ser escritor puede alargar más no evitar el acontecimiento. Un ejemplo de esto es la escritora argentina Alfonsina Storni, referente literario latinoamericano no solo por sus publicaciones poéticas sino por su rol activo para con la desmitificación de los estereotipos femeninos.

Storni tuvo también muchos oficios antes y durante su primera etapa de autora homónima: zapatera, celadora de un colegio, vendedora, trabajadora en una empresa de gorras y en otra de aceites, corista y maestra; sin embargo, la escritora, quien como muchos logró esquivar por un tiempo más no escaparse de la pluma, ya escribía su primer poema a los 12 años cuando dejó unas líneas debajo de la almohada de su madre para que esta la riñera al día siguiente con enfado por la melancolía y tristeza que rodeaban sus palabras.

 

“A los doce años escribo mi primer verso…escribo para no morir”. Alfonsina Storni.

 

Normalmente todo comienza con un libro, una frase, un poema pero Storni es recordada como algo más que una escritora o que una lectora empedernida. Sí, todo comenzó con un poema, pero a diferencia de otros escritores su pluma no fue definitoria para su persona más que su libertad y su dedicada presencia en el gremio literario y en la creación de la Sociedad Argentina de Escritores.

Storni supo hacer de la solidaridad femenina un espacio común para otras escritoras, un soporte mutuo entre su trabajo y el de sus compañeras que juzgó con entusiasmo pero sin rivalizar el acercamiento.

 

La suya fue una esencia tan autónoma y rebelde que hasta decide morir, o frenar  las secuelas de una larga enfermedad y con un suicidio anunciado se dirige hacia el mar como una de las primeras autoras iberoamericanas en sincerarse con el mundo y participar activamente en su alteración. Porque Storni fue una mujer involucrada en muchos de los problemas sociales más complejos de su época y se incorporó sin frenos a la fuerza laboral/profesional del siglo.

Su primer libro de versos titulado: “La inquietud del rosal” recoge un romanticismo superado por obras como “El dulce diario”“Irremediablemente” , “Languidez”  y “Ocre”. El amor en estos trabajos es una ironía de hombres que expresa ideologías fracasadas y clichés inconstantes para con la verdadera incomprensión del sentimiento.

De su prosa romántica y sensual también se resiente la abstracción de la figura masculina, creando una ambivalencia entre la estampa feminista clave para el movimiento latinoamericano del siglo XX y los estereotipos de género con las etiquetas menos esperadas. En su poema ‘Hombre pequeñito’, Storni hace alusión a una prisión, una sociedad dominada por hombres, un deseo escondido incluso de ser un hombre.

En el fondo del mar

Las composiciones de esta escritora son casi una predicción de su punto final. Siempre fue poeta, pero en Buenos Aires se convierte en una prosista con todas las letras y en una de las pocas autoras latinoamericanas de renombre que plasma un sentimiento común para las mujeres no como un reclamo o una dolencia, sino como una disertación de mutación interna.

El discurso que crea Storni durante el siglo XX es el de la autora como ente individual y libre, el de la mujer como voz representativa no particularmente de un género sino de un sentimiento, y junto con autoras como Juana de Ibarbourou y Gabriela Mistral, Storni se convierte en un símbolo social, en periodista, articulista crítica y activista. 

Como periodista escribe en revistas y diarios americanos abajo el seudónimo de “Tao Lao”. Como poetisa le da plena libertad a sus ansias y frustraciones, a sus carencias y anhelos para enmarcarlas en una rima de agua.

Alfonsina Storni en tres poemas y unos cuantos estereotipos desmitificados 1

 

El 25 de octubre de 1938 luego de una larga enfermedad Alfonsina Storni se arroja al mar y se suicida en el balneario de Mar del Plata. Como despedida le deja al diario argentino La Nación unos versos más que premonitorios:

“... Ah, un encargo,
Si él llama nuevamente por teléfono
Le dices que no insista, que he salido...”

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