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Alfred y Amaia, la pareja de Eurovisión que engancha en esta 'España de mierda'

Foto: Francisco Leong | AFP

El 23 de abril, Día del Libro, Sant Jordi y San Jorge, Alfred García, un chaval catalán de 21 años que va a representar a España en Eurovisión publica un vídeo con una musiquita y unos efectos vintage en el que se ve cómo le regala a su pareja musical y sentimental Amaia Romero, de 19 años, de Pamplona y también representante eurovisiva, una flor y un libro. El libro resultó ser España de mierda, del cantautor Albert Pla. Ante tamaña ofensa, las hordas de Twitter y las tribunas que salvaguardan el buen renombre de este nuestro país sacaron las antorchas. Que si cómo se atrevían, que si es una vergüenza que nuestros representantes vayan diciendo por ahí que España es una mierda, que si se lo parece pues que no vayan, que si todo es culpa —para variar— del independentismo, que, en definitiva, de qué carajo iban estos dos niñatos.

 

 

Tal fue el escándalo que, al día siguiente, tuvieron que grabar un nuevo vídeo pidiendo disculpas por si alguien se había sentido ofendido, pero que el libro ni tenía que ver con el independendentismo ni faltaba el respeto a nuestra patria, sino que contaba las andanzas de un músico uruguayo que trata de ganarse penosamente la vida en España, y que se lo habían regalado porque a los dos les encanta la música y las letras de Pla. Terminan la grabación diciendo que ellos “están a muerte con España“.

 

 

Ahí podía haber quedado todo, claro, pero esta semana, durante los ensayos de Eurovisión ha vuelto a empezar a moverse por redes sociales otra vez el boicot a Alfred y Amaia. El último, promovido por la asociación tránsfoba y de ultraderecha HazteOir, que considera que han insultado “a millones de españoles” que han pagado “400.000 euros para que ellos puedan ir a Eurovisión”. Los insultos a la pareja se reiteran en sus publicaciones, en sus vídeos y en las noticias que hablan de ellos. En Change.org hay cuatro propuestas para que no vayan al festival europeo por ser catalufos e ir en contra de España. Una de ellas, No queremos que el cantante independentista Alfred represente a España en Eurovisión, tiene más de 95.000 firmas.

 

 

Pero, ¿saben los haters quiénes son realmente esos dos jóvenes a los que atacan?

Rebobinemos.

Amaia Romero, pamplonica, 750.000 seguidores en Instagram, aka reina de España. Ganó Operación Triunfo, donde consiguió por parte de todos los miembros del jurado una puntuación de 10 sobre 10. Canta lo que le eches. En serio, lo que quieras: sevillanas, Los Beatles, El Kanka, un poema de Lorca versionado, C. Tangana, un villancico asturiano, Marisol, Rihanna, la sintonía de Aquí no hay quien viva, M-Clan, Ed Sheeran. Y, chico, es que todo lo entona bien. Siempre ha sido más de instrumentos que de libros, reconoce. Tiene formación clásica de piano, toca la guitarra y aprendió en tres días a tocar el ukelele. Así ha pasado que la mitad del panorama artístico español ya ha pedido cantar con ella. A Dani Martín ni le ha contestado, que ahora tiene mucho lío.

 

 

 

Sabe que se quiere dedicar a la música desde que tiene ocho años. Con 13 se presentó al concurso de Antena 3 El número uno, donde quedó sexta porque Mónica Naranjo la eliminó, como llegada del futuro, diciéndole: “Amaia, te estoy haciendo el favor de tu vida, ahora que eres joven. Pero si te quedas aquí con lo pequeñita que eres, te devorarán. Perdóname, yo sé que es bueno para ti. Nos veremos dentro de unos años, ya verás que te irá bien”. Cuando Mónica, jurado de Operación Triunfo en 2017, le puso uno de los dieces que la llevó a ganar el concurso se cerró el círculo. 

Hay decenas de recopilaciones de las frases más míticas de Amaia dentro de la academia. Porque esta chica de 18 años hablaba, sin tapujos, de todo lo que no se hablaba en la tele antes de que ella llegara. Dijo tan templada en prime time delante de millones de españoles que tenía diarrea; casi llegó tarde a la primera gala porque se tenía que “depilar los sobacos”; aseguró que estaba a favor de las relaciones abiertas porque “hay que abrir la mente”; protestó —y sigue protestando— por esa obligación que nos imponen a las mujeres de depilarnos y de llevar tacones (si ella está ya tan contenta con su estatura y con sus pelos y con ).

 

 

Esta mezcla de escatología y naturalidad, que consiguieron hacerla favorita durante todo el concurso, también la han convertido en un referente superpositivo para las y los jóvenes: feminista, inteligente, espontánea, trabajadora, tolerante. Eso sí, inglés lo que es inglés, no sabe. Durante la gira eurovisiva ha tenido que ser Alfred quien hablara con los medios extranjeros en casi todas las ocasiones. Porque es verdad que Amaia tiene a veces un problemita con la forma de expresarse. “Buah, no sé, perdona”, ha sido su frase para todo.

Ante los haters, Amaia ha tenido dos actitudes de libro. La primera es ignorarlos, porque la de Pamplona pasa bastante de las redes sociales. Sus publicaciones son random, sin orden ni sentido, puede estar meses sin subir nada, y romper el silencio con una foto de ella con ojos diabólicos mirando al frente sentada en un sofá —que recibió más de 200.000 likes, por supuesto—. La segunda actitud es trolear a los que trolean. Para muestra un botón.

 

 

Alfred García, El Prat de Llobregat, 536.000 seguidores en Instagram, un millón de luces detrás. Quedó cuarto finalista de Operación Triunfo, pero la verdad es que eso le ha dado igual a sus fans. Alfred es música. No solo porque toca el trombón y, de manera autodidacta, la guitarra, la batería y el teclado, o porque tenga dos discos autopublicados y otro en camino, 1016. Sino porque Alfred tiene las letras y los acordes en la cabeza, porque Alfred crea temas cuando terminan un gala y quedan cinco horas para el cumpleaños de Amaia —Et vull veure—, o cuando se da cuenta de que uno de sus compañeros se va al día siguiente —Por si te hace falta—. Solo en la academia ha compuesto más de 10 temas.

 

 

 

Una anécdota que define bastante bien a Alfred ocurrió al primer mes de entrar en la academia. La periodista Mónica Tourón dio a los concursantes una clase para saber cómo tratar con los medios. En sesiones individuales, les hizo las típicas preguntas chorras que hacemos los periodistas: cómo te defines, qué formatos te parecen más importantes, qué referentes tienes… Y luego lanzó una pregunta al aire: ¿cuánto vive un elefante africano en libertad? Nadie se esperaba que los triunfitos supieran la respuesta, era una especie de trampa para ver cómo reaccionaban ante algo inesperado. Pero ahí llegó Alfred: “No lo sé, pero imagino que menos que uno en cautividad”. Boom, mic drop.

Alfred ha dejado que lo representen —entre otras cosas— sus camisetas. La que tiene a favor de los refugiados, por su apoyo de forma activa a la ONG Proactiva Open Arms, a quien ha destinado además un cheque de 1.016 euros; la de Feminist, cuyo mensaje apuntaló con el traje feminista de La mujer que llevo dentro, de Ernesto Artillo, que vistió en la gala en la que se eligió la canción para Eurovisión; o la de Bonito, de Pau Donés, por su apoyo a las fundaciones contra el cáncer.

 

 

Su paso por el concurso ha tenido muchos altibajos. En numerosas galas, Alfred tuvo que irse del plató por sus repetidos ataques de ansiedad que el catalán ha reconocido que lleva años tratándose. Durante meses ha recibido críticas por su supuesto amor interesado hacia Amaia. A estas se suman ahora las de su supuesto independentismo, a raíz de unas fotos que se han filtrado del concursante en la Diada de 2014 en las que acompañaba imágenes de esteladas con hashtags como #independencia o #votaresnormal. Pero, sinceramente, a nadie más que a los trolls de esta España de mierda les importan estos cuentos.

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