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Estados Unidos, el país que sí come unido

Foto: rawpixel | Unsplash

 Los Estados Unidos que han votado el 6 de noviembre en medio de una gran división, según los análisis primeros y más superficiales, representan dos mundos, el de los blancos que se resisten a perder su supremacía y el de los de orígenes étnicos diversos, considerados como “inmigrantes”, como si los demás no descendiesen también de extranjeros.

Un análisis que podrá parecer aún más superficial pero que ayuda a ir un poco más lejos es el de la forma de alimentarse los estadounidenses de hoy: casi toda su alimentación tiene orígenes extranjeros y ha evolucionado a formas mestizas, y salvo diferencias regionales menores -pensemos en los platos de soul food de origen africano que aún consumen los negros del Sur profundo-, los norteamericanos de todos los grupos étnicos comen esencialmente lo mismo. Y ése es un factor de cohesión nacional menos baladí de lo que algunos pensarían.

En un ránking de los platos más consumidos de Estados Unidos la hamburguesa ocupa probablemente el primer puesto. Pese a su nombre, no se parece mucho a las ‘Frikadellen’ populares en Hamburgo en los siglos XVIII y XIX, que eran más como nuestro filete ruso. La evolución a la actual hamburguesa está poco clara, pero es probable que hace 130 años algún bar de Nueva Inglaterra empezase a servir el disquito de carne picada dentro de un panecillo blando. Y de ahí, a conquistar el ancho mundo.

Estados Unidos, el país que come unido…  

Imagen: Armando Ascorve Morales | Unsplash

De esa misma zona yanqui, aunque traído esta vez por los pescadores franceses con base en Quebec, es el ‘chowder’, del francés ‘chaudière’, esa rica sopa de moluscos, patata y beicon con un fondo de nata.

Salvo las carnes rojas de los ingleses, poco legado más ha dejado la Europa atlántica. De Irlanda, muy poquito. Los españoles sí que llevaron a Luisiana las técnicas de asado, la barbacoa, aprendidas de los indios taínos en el Caribe, antecesoras de la ‘barbecue’ sureña, que no es una parrilla al aire libre, sino un contenedor cerrado en el que se ahúman durante horas, sobre brasas de leña, las carnes.

La inmigración italiana, con sus tradiciones propias y con las adaptaciones a su nuevo país –esos espaguetis con albóndigas neoyorquinos-, y las oleadas de refugiados del Este, con los judíos a la cabeza, también representaron pilares de esa cocina mestiza, con productos como el corned beef y el pastrami.

Estados Unidos, el país que sí come unido…  

Imagen vía Rawpixel | Unsplash.

Pero quizá el triple impacto mexicano, chino y finalmente japonés ha acabado siendo el más importante. Son influencias que ahora los europeos empezamos a sentir claramente, pero en Estados Unidos se instalaron un siglo antes.

La coincidencia de todos los grupos étnicos de aquel gran país en torno a una misma serie de valores culinarios y dietéticos es algo que llama mucho la atención al visitante. En ello, como en las pasiones deportivas compartidas, vemos las raíces profundas de una mejor unidad nacional de la que los agoreros nos explican.

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