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¿Es el alquiler de ropa el secreto para hacer que la moda sea sostenible?

Cada año, 300 millones de kilos de ropa usada van a parar a vertederos. 700 son los litros que se necesitan para hacer una única camiseta de algodón. El 30% de la ropa que se produce acaba convertida en residuos. Y cada español desecha cada año entre 12 y 14 kilos de ropa, según datos facilitados por la Asociación Ibérica de Reciclaje Textil (Asirtex).

El consumo excesivo y la eliminación de ropa no deseada se ha convertido en un problema mundial teniendo en cuenta que, en muchos casos, la ropa se desecha innecesariamente cuando podría repararse o reciclarse. La cultura del consumo corre tan fuerte por nuestras venas, que para cada ocasión buscamos comprar una prenda nueva. Es casi una obligación verse diferente para cada evento, con un nuevo modelito que, por supuesto, no hayamos mostrados en redes sociales.

El EAE Business School muestra en un informe como cada español consume una media de 34 prendas al año y se gasta unos 450 euros de media. En este sentido, un estudio sobre hábitos de compra realizado a 2.000 mujeres concluye que vestimos un máximo de siete veces una prenda y que el 33% de las mujeres consideran “viejas” las piezas de ropa que han llevado al menos tres veces.

FOto: rawpixel/Unsplash

Es aquí donde deberíamos comenzar a seguir ejemplos de otros sectores económicos y comenzar a aplicar el concepto de sostenibilidad, ya que alrededor del 35% del total mundial de microfibras en los océanos proviene de la ropa y los textiles, y para el año 2050, se prevé que la industria de la moda utilizará hasta el 25% del presupuesto mundial de carbono, asegura Independent. A esto hay que añadir que el 60% del material del que está hecho una prenda es altamente contaminante, como, por ejemplo, el poliéster. Estas cifras muestran como  ecología y moda han tenido siempre una relación incómoda al ser la textil una de las industrias más contaminantes del mundo.

A todo esto hay que añadir la creciente preocupación por las condiciones de trabajo de los empleados de las empresas textiles. El desastre de Rana Plaza, en Bangladesh, en 2013, donde murieron más de 1.000 personas cuando el edificio, que albergaba cinco talleres de confección, se vino abajo es muestra de la explotación que sufre este sector, y ha obligado a las empresas de moda a reformar los impactos sociales y ambientales.

Edificio Rana Plaza tras el derrumbe, Bangladesh, el 24 de abril de 2013. | Foto: Flickr

¿Cuál es la solución?

El reciclaje se ha convertido en una iniciativa importante. H&M, por ejemplo, tiene un esquema exitoso de recolección de prendas usadas para darles una segunda vida.

Una de las pioneras en unir moda y filosofía green ha sido Stella McCartney. La diseñadora británica, defensora de la liga anti pieles, capitanea la innovación textil y anima a comprar y vender prendas ya usadas de su firma a través de The RealReal. El valor potencial del mercado de alquiler de ropa en Reino Unido se estima en 923 millones de libras. En Estados Unidos Rent the Runway se ha convertido en un importante eslabón en esto de la industria ecológica y el hecho de que por primera vez en diciembre del año pasado reportara las primeras ganancias, 100 millones de dólares en beneficios, parece confirmar que el mercado está más maduro para un modelo de negocio que hace una década se hubiera imaginado como impensable.

En España, la marca Ecoalf lidera la moda comprometida. Sus diseños, hechos con residuos como botellas de plástico, neumáticos usados o redes de pesca han conquistado a la reina emérita Doña Sofía y a celebrities como Richard Gere o Gwyneth Paltrow. Entre sus proyectos en macha destaca Upcycling the Oceans (UTO), que recoge la basura que está destruyendo nuestros océanos y la convierte en un hilo de primera calidad para hacer tejidos y productos.

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Foto: Sylvie Tittel/Unsplash

Sin embargo, fue la diseñadora Sybilla Sorondo la gran pionera en España de la moda sostenible. Fundó su empresa Diseños Sostenibles en 1996 y organizó entre 2006 y 2013 los encuentros Tierra, Alma y Sociedad en Mallorca, que reunieron a pensadores, emprendedores y activistas.

Ahora anda embarcada, además de en atender sus tiendas de Palma y Madrid, en implicar a las grandes empresas y los fondos de inversión en las iniciativas relacionadas con la producción sostenible de ropa.

Además, aplicaciones como Wallapop o servicios online como Wallyboo pueden utilizarse para conseguir ropa y complementos de segunda mano con poco uso.

El alquiler de ropa tiene el potencial de reducir el desperdicio y extender la vida útil de las prendas, pero para lograr una industria más sostenible es necesario un cambio sistémico en la práctica empresarial y el comportamiento del consumidor.

 

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