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Érase una vez en... Altamont: El fin del sueño hippie más allá de Woodstock y Charles Manson

Foto: Los Rolling Stones en el Festival Altamont | Fotograma de 'Gimme Shelter' (1970)

En el aniversario del festival de Woodstock y con Érase una vez en… Hollywood en cartelera en el aire se respiran anécdotas de lo acontecido hace 50 veranos. En este agosto de 2019, con la película de Tarantino como inmejorable excusa, la relectura del asesinato de Sharon Tate parece obligada, mientras que la efeméride de Woodstock sirve para rememorar el festival al que a casi todos nos hubiera gustado asistir. El magnetismo de la familia Manson y el apogeo de la música de los 60 son anzuelos que a todos nos parecen sabrosos pero, ¿qué mas había en aquel agitado mar? Quizá faltan piezas para completar el puzzle del declive.

Ahora, Tarantino utiliza a Manson como gancho para reescribir un mito perenne, demostrando que el imaginario colectivo es siempre una materia prima de calidad a la hora de construir nuevos relatos. Pero en 1969, a las afueras del relato, traspasando la frontera del sueño y la mitología, aparecen muchos más asesinatos, oscuras melodías y representaciones de las tinieblas que envolvieron el final de una década que terminaría en un brusco despertar.

Es posible señalizar las últimas paradas antes de la cuesta abajo, y es el Festival de Altamont el indiscutible símbolo que condensó en esencia la caída a los infiernos profetizada y encarnada por Manson.

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‘La Familia’ de Tarantino. | Escena de ‘Érase una vez en Hollywood’ vía Sony Pictures Entertainment.

¿Qué estaba pasando en 1969?

El 69 hereda mucha de la conflictividad y el desasosiego de 1968, año en el que Martin Luther King y Robert F. Kennedy fueron asesinados, en el que las tropas estadounidenses ejecutaron la matanza de My Lai y en el que el movimiento contra la guerra en Vietnam se había convertido ya en un reclamo expandido.

En marzo del 69, John Lennon y Yoko Ono recibían a la prensa en su cama a favor de la paz pero las bombas no cesaban a pesar de las promesas del recién electo presidente Nixon. En junio, el personal camino de baldosas amarillas que había recorrido Judy Garland desembocó en una sobredosis de barbitúricos, y Nueva York presenciaba los disturbios de Stonewall, un principio violento para la lucha por los derechos del colectivo LGBTI. Un mes después, en julio, el cofundador de los Stones, Brian Jones, moría ahogado en su propia piscina, y mientras Neil Armstrong se posaba mágicamente en la superficie lunar, en la Tierra, la sociedad estadounidense rugía exigiendo vientos de cambio

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En su mayoría mujeres y niños yacen en un camino como resultado de la masacre de My Lai. | Foto tomada por el fotógrafo de el ejército de EEUU Ronald L. Haeberle el 16 de marzo de 1968. | Imagen de dominio público vía Wikipedia.

El festival de Woodstock, que se celebró del 15 al 18 de agosto, es hoy un símbolo, y como tal, contenedor de significados para el imaginario colectivo; una bonita y colorida postal de trazos gruesos a la que es fácil mirar con nostalgia.

Documentales, libros, películas y reportajes han ido tiñendo de ensoñación las narraciones de lo acontecido. La canción Woodstock, compuesta por Joni Mitchell, y tocada por Crosby, Stills, Nash and Young aparece en la banca sonora del exitoso documental que Michael Wadleigh realizó sobre el evento y sigue conteniendo la que imagen que conservamos en la retina de nuestra imaginación.

Woodstock, sencillamente irrepetible 6

La locación de Woodstock era prácticamente un anfiteatro natural. | Foto: AP / File Photo.

I’m going down to Yasgur’s Farm,
Gonna join in a rock and roll band.
Got to get back to the land and set my soul free.
We are stardust, we are golden,
We are billion year old carbon,
And we got to get ourselves back to the garden.

By the time we got to Woodstock,
We were half a million strong
And everywhere was a song and a celebration.
And I dreamed I saw the bomber death planes
Riding shotgun in the sky,
Turning into butterflies
Above our nation.

Pero Woodstock también fue el apogeo y la antesala de lo que estaba a punto de ocurrir: un estallido que haría saltar por los aires el idealismo. La década de los sesenta terminaba con un clima más que convulso y cargado de violencia, acusando la ingenuidad en la que se apoyaban las utopías hippies.

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Margot Robbie, la Sharon Tate de Tarantino | Escena de ‘Érase una vez en Hollywood’ vía Sony Pictures Entertainment.

Helter Skelter y la paranoia

Los Beatles habían incluido en su White Album la canción Helter Skelter, con guitarreos infernales, marcadas baterías y un tono estridente antes desconocido en la banda. Charles Manson aseguraba que la canción contenía un mensaje oculto, que venía a advertir sobre la guerra racial entre negros y blancos que según él estaba apunto de acontecer, pero un Helter Skelter es, en realidad, un tobogán que puede encontrarse en los parques de atracciones ingleses y la expresión puede traducirse como “desorden” o “fuga en desbandada”. Justo lo que estaba ocurriendo. Las dos palabras del título aparecían escritas con sangre en el lugar donde la familia Manson asesinó a la mujer de Polanski.

El fraudulento profeta también pensaba que la estrofa you were only waiting for this moment to arise (solo estabas esperando que surgiera este momento) en la canción Blackbird era una llamada a la comunidad negra a la insurrección, y que los ecos de tiros de Revolution 9 eran una premonición de la guerra.

En este torbellino de esquizofrenia y paranoia compartida, la noche del 8 de agosto del 69, una semana antes de Woodstock, la familia Manson asesinó a Sharon Tate, embarazada de 8 meses. La escena fue aún más violenta que la retratada por Tarantino, que ya es decir: le cortaron los pechos y la dejaron morir desangrada. La noche siguiente le tocó el turno al magnate de los supermercados Leno LaBianca, a quien encontraron con un tenedor clavado en el estómago, sobre el que se leía la palabra War. Su mujer Rosemary recibió 38 puñaladas.

Faltaban tan sólo unos meses para el auténtico cierre del telón de la era hippie: Altamont.

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Cartel de Altamont. | Imagen de archivo.

Altamont, la némesis de Woodstock

En diciembre de 1969 vendría el declive, y tras el sueño, la pesadilla. Si Woodstock denotó el apogeo de una fase cultural y social para la juventud norteamericana, Altamont vino a simbolizar el estrepitoso final de la misma. Los duros golpes que estaban recibiendo los ideales utópicos se hicieron literales en lo que muchos recuerdan como uno de los capítulos más trágicos de la historia del rock. Altamont Speedway Free Festival fue un apoteósico final de década.

Los Rolling Stones querían poner el colofón final a su exitoso American Tour del 69 ofreciendo un concierto gratuito en la costa oeste. El lugar elegido era el Parque Golden Gate de San Francisco, pero la autorización fue denegada. Esta vez no apareció ningún granjero hippie con terrenos que ceder para preparar el evento, pero a pesar de la falta de localización el concierto seguía en pie. Jagger declaraba en los medios que realizarían su aparición por sorpresa en un lugar sin determinar. Grupos de fans de los Rolling empezaron a desplazarse a California mientras la policía local se tiraba de los pelos, temiendo que se repitiera una multitud incontrolable como la de Woodstock en un lugar imprevisible. Finalmente el concierto se realizó el 6 de diciembre, pero no fue hasta dos días antes cuando se dio a conocer su ubicación.

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Imagen de ‘Gimme Shelter’ (1970), documental dirigido por David Maysles, Albert Maysles y Charlotte Zwerin | Maysles Films.

Santana dio el pistoletazo de salida al festival con una actuación sucedida por Jefferson Airplane. Tocando en su California natal, el acto estaba destinado a ser uno de los grandes momentos del festival, pero los problemas empezaron durante la interpretación de The Other Side of this Life. En el video del concierto puede verse la discusión en directo entre los componentes de la banda y los Ángeles del infierno, que habían empezado a cargar agresivamente contra la drogada multitud de las primeras filas. Los Rolling Stones habían contratado para la seguridad del festival a los motoristas que, lejos de evitar los conflictos, sembraron un clima de violencia.

Mientras encima del escenario se escuchaba a Grace Slik intentando calmar los ánimos, uno de los Ángeles del Infierno noqueaba a Marty Balin, vocalista de Jefferson Airplane. Estaba planeado que Grateful Dead tocaran entre las actuaciones de Crosby, Stills & Nash y los Rolling Stones, pero cuando Michael Shrieve, el guitarrista de Santana, les contó el incidente de Balin, éstos decidieron no tocar.

La banda compondría después New Speedway Boggie, como recuerdo del festival que decidieron abandonar:

Things went down we don’t understand
but I think in time we will
Now I don’t know but I was told
in the heat of the sun a man died of cold
Do we keep on coming or stand and wait
with the sun so dark and the hour so late?

Malos viajes, rock y muerte

A medida que avanzaba la jornada se expandía el rumor de que los Rolling no actuarían, pero éstos subieron al escenario con la caída del sol. Jagger y compañía empezaron a tocar canciones oscuras mientras cerca de 5.000 personas se agolpaban en el mismo borde del escenario, muchos de ellos intentando escalarlo. Mientras sonaba Under My Thumb, un joven afroamericano de 18 años llamado Meredith Hunter sacaba una pistola de su bolsillo. Segundos después el ángel del infierno, Alan Pasaro iba hacia él, cogiendo la pistola con la mano izquierda y asestándole dos puñaladas con la derecha. Encima del escenario, a pesar de varios parones en su actuación por culpa de los disturbios, los Rolling seguirían tocando las 8 canciones que les quedaban en la setlist, ajenos al asesinato.

El asesinato de Hunter y gran parte de los disturbios que acontecieron aquel día quedaron registrados en el documental Gimme Shelter (Albert y David Maysles, 1970) y muchos han encontrado claras referencias a lo acontecido en la letra de la mítica American Pie, de Don McLean. “Ningún ángel nacido en el infierno pudo romper ese hechizo satánico”. Puede que Altamont fuera el día que murió la música que llenó de sueños las almas de los sesenta:

Oh, and there we were all in one place
A generation lost in space
With no time left to start again

 So come on Jack be nimble, Jack be quick
Jack Flash sat on a candlestick
‘Cause fire is the devil’s only friend

Oh and as I watched him on the stage
My hands were clenched in fists of rage
No angel born in Hell
Could break that Satan’s spell

And as the flames climbed high into the night
To light the sacrificial rite
I saw Satan laughing with delight
The day the music died
He was singin’

 

Tal vez el conflicto racial que predijo Manson sí se materializó pero a mínima escala en la desigual batalla de un concierto de rock y siendo un Ángel del Infierno quien asestara el golpe mortal. Los motoristas de chaquetas de cuero y actitudes rebeldes exentas de pacifismo ya habían aparecido en escena y buena cuenta de ello daba la película Easy Rider (Dennis Hopper, 1969) que, como coincidencia metafórica, recogía un viaje de ácido en un cementerio. En el escenario del filme coincidían la muerte y los narcóticos, al igual que el propio Altamont.

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Dennis Hopper y Peter Fonda en una escena de ‘Easy Rider’. | Fotograma vía Pando Company Inc.

Alan Pasaro, asesino de Meredith Hunter, alegaba en su juicio el consumo de metanfetaminas. Muy probablemente, motoristas borrachos y puestos de estimulantes no eran los más indicados para contener a las masas que rodeaban un escenario de poco más de un metro de altura. En Woodstock la seguridad había corrido a cargo de miembros de la comuna hippie Hog Farm, quienes supieron lidiar con los conflictos sin caer en la agresividad. Para muchos parece obvio que los hippies, más familiarizados con el LSD y los malos viajes, hubieran sabido controlar mejor la agitación de Altamont.

Una nueva era

Olvidados los ideales y mantenidos los vicios, el festival ejemplificó el lado oscuro del rock y la decadencia que empezaba a filtrar el panoramaSonidos oscuros, que caían como “metal pesado” empezaban a expandirse, influenciados por lo que proponían Jimi Hendrix o Cream. Melodías distorsionadas que tomaban como base el rock psicodélico y el blues daban comienzo a lo que poco después se denominaría Heavy Metal.

El año 1969 empezaba con la publicación de Led Zeppelin I, como punta de lanza y las imágenes recogidas en la letra de 21st Century Schizoid Man de King Crimson, publicada en octubre del mismo año, resultaban poco halagüeñas.

Blood rack barbed wire
Politicians’ funeral pyre
Innocents raped with napalm fire
Twenty first century schizoid man

Death seed blind man’s greed
Poets’ starving children bleed
Nothing he’s got he really needs
Twenty first century schizoid man

Por su parte, Manson, considerado un icono de la cultura popular estadounidense, acabaría retratado en posters y camisetas. Es lo que en sociología se llama un líder carismático y no cabe duda de que Charles Manson lo fue. En marzo del 70 publicaba el álbum Lie, grabado entre septiembre del 67 y agosto del 68, para poder financiar su defensa. Una de las canciones del álbum era de los Beach Boys, ya que su cantante, Dennis Wilson, había sido colaborador cercano de La Familia.

Artistas como Guns n’ Roses o Marilyn Manson han versionado sus canciones y alabado su figura, propiciando su mitificación y poniendo en el altar de la cultura popular a uno de los asesinos más mediáticos del último siglo.

La soleada California conocida por el amor y la paz, se torna oscura y sangrienta. Hippies, en principio caracterizados por sus ideales pacíficos, se convirtieron en asesinos, e idílicos festivales que prometían ser el paraíso, en infiernos. El ciclo tocaba techo, la agitación se tornaba violenta y la sociedad se desprendía de su ingenuidad.

Un año después morían Joplin y Hendrix.

El fin de una era marcada de pistas que hoy es posible rastrear, releer y revivir, llegando a veces, como en el caso de Tarantino, a reescritura cinéfila para tornarse de rabiosa actualidad. Que érase una vez en… Hollywood se apoye en guiño a la historia de Manson y el convulso año 1969 encaja como un guante en el Olimpo cultural estadounidense.

Así terminaba la década hace 50 años y así es cómo en este verano de 2019 volvemos a sentir fascinación por los mitos que jamás fueron olvidados y, afortunadamente, en las lindes también es posible rememorar relatos perdidos que nos recuerdan cómo la música y los mitos hablan de nuestro mundo. 

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