Anabel Montes, a bordo del Geo Barents: «Una decisión política jamás puede estar por encima de la vida en el mar»
Foto: Avra Fialas| Médicos Sin Fronteras

Sociedad

Anabel Montes, a bordo del Geo Barents: «Una decisión política jamás puede estar por encima de la vida en el mar»

El buque Geo Barents, de Médicos sin Fronteras, se encuentra en el momento paralizado por las autoridades italianas por una serie de irregularidades que han provocado en otras ocasiones la inactividad prolongada de las operaciones de rescate

por Maixa Rote

Anabel Montes Mier es el mar. El mar en su apogeo recreativo y también en su expresión más implacable. Y no porque ella sea de ese modo, sino porque lleva en sus venas la naturaleza apasionada de las olas. Es la líder de la misión de Búsqueda y Rescate de la ONG Médicos Sin Fronteras (SAR Team Leader) a bordo del barco Geo Barents. Toda su vida, desde que gateaba, ha estado destinada a este elemento -su elemento- y ahora emplea sus habilidades para rescatar migrantes en las aguas internacionales del Mediterráneo.

Se ha dedicado gran parte de su vida al rescate y desde 2015 lo hace en el área humanitaria. «Es difícil cuando te das cuenta de que el mismo sitio en el que puedes disfrutar puede ser un sitio terrible a la vez», comenta refiriéndose al mar. En cualquier caso, está decidida a continuar con su labor, que desempeña ahora en el Mediterráneo Central, entre las costas de Libia y las europeas.

Anabel Montes, a bordo del Geo Barents: «Para mí, jamás ninguna decisión política puede estar por encima de la vida en el mar» 1

Imagen: Avra Fialas | Médicos Sin Fronteras

En este momento, el Geo Barents está paralizado y no podéis continuar haciendo rescates, ¿qué ha pasado?

Digamos que ha habido una evolución todos estos años en el trato hacia las ONG al llegar un barco con bandera extranjera, que es lo que nos ha pasado ahora con el Geo Barents. Cualquier embarcación que llegue de fuera haciendo rescates de migrantes y trayéndolos a puerto seguro -en este caso en Italia- se está instrumentalizando con una herramienta que se llama «Port State Control». Es muy útil para cualquier país para poder hacer una inspección y asegurarse de que cumplen todos los requisitos de seguridad.

Lo que pasa es que están utilizando este proceso de una manera intencional muy exhaustiva, concreta y discriminatoria solo hacia los barcos de las ONG, haciendo inspecciones muy largas en el tiempo y buscando un nivel de deficiencias muy minucioso. Esto ha provocado que barcos de otras organizaciones hayan estado parados dos o tres meses, esperando a esa segunda inspección en la que digan que el barco está bien y que puede salir otra vez. Es el arma que se está utilizando a nivel legal para hacer que los barcos estén parados. Y ese es el punto en el que estamos nosotros.

¿Han aumentado en los últimos años las operaciones de rescate por parte de las autoridades o de las ONG?

Centrándonos sobre todo en el Mediterráneo Central, esto viene de muy atrás. Por ejemplo, en 2013 estaba la operación Mare Nostrum que llevaba el Gobierno de Italia, en la que los guardacostas italianos rescataron miles y miles de personas. Cuando se paró esta operación, que Italia no podía afrontar sola, es también cuando empiezan a operar las ONG. Empezaron a entrar organizaciones civiles que denunciaron lo que pasaba, especialmente si llevaban periodistas a bordo, quienes hicieron mucho más pública una situación que llevaba mucho tiempo sucediendo y que no todo el mundo conocía. 

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Ahora mismo hay seis organizaciones trabajando y bastantes de ellas tienen el barco parado como nosotros. Digamos que, con el paso del tiempo, siempre ha habido organizaciones desde 2014. También es cierto que ahora en 2021 no hay ningún tipo de acción u operación europea de responsabilidad que se haga cargo de esto. Hay misiones por parte de FRONTEX, pero no están dedicadas al salvamento.

Y a la dificultad que ya por sí misma implica una operación de rescate, se le añaden también estos impedimentos burocráticos que dificultan vuestra labor.

El mar, aunque parezca muy libre y abierto, tiene muchas normas. Hay una serie de convenios y tratados internacionales que regulan absolutamente todo. En este caso se complica más porque Libia no es un puerto seguro, aunque desde 2018 la Organización Marítima Internacional ha reconocido una zona de búsqueda y rescate allí. Al mismo tiempo, no es un lugar seguro, por lo que hay contrariedad. Entonces cuando nosotros trabajamos en zonas de rescate en Libia, tenemos que informarles, pero casi nunca contestan. Cuando no se hacen responsables de su área de competencia, hay que avisar a los Estados competentes subsecuentes, que en este caso sería Malta, que tampoco se hace responsable desde hace unos años. Por eso Italia es el segundo subsecuente estado. Nosotros acudimos a Italia porque ni en Malta ni en Libia se hacen responsables, seguimos un orden. 

El problema viene respecto a los días que pasan hasta que nos dan un puerto seguro con gente rescatada. Según la normativa tendría que ser lo más rápido posible dentro de las circunstancias y no siempre es así. Ha habido gente que ha estado aquí esperando ocho días a poder llegar a puerto seguro. Además, ahora de forma instrumentalizada por la COVID-19, todas las personas que desembarcan de una ONG van directamente a cuarentena y tienen que estar durante 10 días en un barco en el puerto, aunque tengan un test negativo. 

¿Hay alguna experiencia en concreto que te haya marcado particularmente?

Siempre me cuesta mucho elegir, porque hay muchas experiencias, tanto rescates muy difíciles que acabaron bien, con toda la gente sana y salva, como rescates trágicos. Para mí es más duro estar mucho tiempo a bordo con la gente, más que el propio rescate. Lo que está pasando en Libia, las circunstancias en el mar, encima el tener que estar en un barco sin saber cuántos días van a poder llegar a tierra… A mí, personalmente, me parece mucho más duro sobrellevar todos esos días de incertidumbre.

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Entiendo que la gente que se dedica a labores humanitarias generalmente lo hace por vocación, pero también es muy sacrificado emocional y físicamente, ¿dirías que lo disfrutas más que lo sufres?

Estoy totalmente de acuerdo en que tiene que ser vocacional; si no es vocacional, no puedes hacerlo como tu forma de vida. He visto mucha gente que ha ido de voluntaria y decir: «Ostras, me ha encantado, pero no vuelvo nunca más». Realmente no tienen vocación por ello. Pero también creo que tiene que haber una parte muy realista de la situación en general. Evidentemente el querer siempre ayudar, el querer que las cosas vayan a mejor y aportar tu granito de arena, pero hay que ser consciente de que ni es la solución, ni se va a acabar con el problema de esa forma. Tienen que sentirlo, tienes que querer estar allí, pero ser realista de lo que está pasando. Aunque evidentemente si no tienes esperanza dentro, no lo vas a hacer. De momento es el sitio en el que no debería estar, porque no debería estar nadie, pero es el sitio en el que siento que quiero estar o que puedo aportar algo. 

¿Cómo fue tu primera experiencia con ese sentimiento vocacional, de ayuda y de realismo?

Siempre recuerdo muy bien la primera vez que vi un bote, primero porque no estábamos preparados, acabábamos de llegar y ni siquiera habíamos tenido la oportunidad de escuchar los briefiengs ni los protocolos de actuación. Literalmente enfrente del lugar en el que estábamos alojados, a 10 metros del mar, llegó un bote. Fue muy chocante porque todo lo que yo había hecho hasta ese momento había sido ayudar a gente en un determinado momento en el que estaban en peligro pero en un ambiente festivo. Aquí no: era un montón de gente, no importaba la edad, el momento ni nada, no estaban allí por accidente, sino que era algo muchísimo más grande que les empujaba a hacerlo. Toda la vida de esas personas estaba dentro de una mochila que tenían mojada en la espalda. 

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¿No te sentiste enfadada con el mundo?

Estuve muy enfadada al principio, porque te derrumba toda tu vida, todo lo que tú te has construido en tu mente de la realidad, se destruye, entonces tienes que volver a construirla de nuevo. Pero también creo que es mucho más fuerte cuando la vuelves a construir, porque es real. 

La historia de la humanidad, hablando en conceptos muy generales y grandes, está construida a base de flujos migratorios, nos hemos ido moviendo de un lado para otro de acuerdo a necesidades específicas. Evidentemente esto ha sido mucho más complicado cuando alguien decidió poner líneas imaginarias, que se llaman fronteras. Sobre todo ahora, si tenemos en cuenta qué es lo que está pasando a nivel climatológico en todo el mundo, va a haber muchos flujos migratorios. 

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De todos modos, nunca jamás ninguna decisión política puede estar por encima de la vida en el mar. Si hay que tomar alguna decisión, que sea en tierra, pero nunca en el mar, eso es algo que tiene que estar por encima de cualquier pensamiento individual, cualquier política o cualquier ideología. 

Maixa Rote

Periodista importada del Pirineo. Más del corazón que del cerebro. En busca permanente de las historias del mundo.