Ángelo Néstore: «Lo queer implica llevar las afueras al centro y viceversa»
Foto: Angelo Nestore| Cedida por el autor

Cultura

Ángelo Néstore: «Lo queer implica llevar las afueras al centro y viceversa»

por Anna Maria Iglesia

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Confieso que conocí a Ángelo Néstore antes como editor que como poeta. Su labor como editor en Letraversal llamó enseguida mi atención gracias a los poemarios de Alberto Conejero y Elisabeth Duval y fue solamente después cuando leí por primera vez sus versos. Con Hágase mi voluntad (ed. Pre-Textos), Néstore -italiano de origen y afincado en Málaga- ganó el Premio Emilio Prados, galardón que se sumaba al Premio Hiperión conseguido con Actos Impuros. A través de sus poemarios, pero también su trabajo en teatro, Néstore está construyendo una obra poética sólida que reivindica lo “trans” como un espacio en constante movimiento hacia el afuera, hacia la ruptura de cualquier forma de cosificación. La poética de Néstore es su ética, su discurso reivindicativo se plasma en sus versos, que son de por sí una respuesta a toda forma normativa y una apertura hacia la hibridación y hacia un lenguaje nuevo capaz de nombrar y, por tanto, incluir aquello que todavía se niega, se silencia o se tacha.

“Me gustaría marcar la casilla de hombre/con la misma facilidad que tenía mi abuelo”. A partir de este verso, quiero preguntarte sobre la relación entre tu anterior poemario, donde planteabas las distintas formas de masculinidad, y Hágase mi voluntad, donde das un paso más allá y cuestionas precisamente el concepto de hombre en general como etiqueta impuesta.

Hágase mi voluntad nace como un ajuste de cuentas conmigo misma. En Actos impuros intento lacerar el concepto de masculinidad hegemónica con el cual he crecido, buscando una suerte de salida de emergencia y otra forma de pensar la fantasía y el deseo desde una identidad exocéntrica. Sin embargo, leyéndolo con cierto distanciamiento, no puedo evitar pensar que el mismo concepto de “nuevas masculinidades” al cual me agarré al principio y que aún se estaba forjando, a pesar de nacer con las mejores intenciones, ha revelado ser en una especie de trampa del patriarcado y de su capacidad de fagocitar cualquier pensamiento subversivo, ya que su uso parece blanquear siglos y siglos de opresión, colocando el cuerpo de quien se define “hombre” en una casilla de salida inmaculada que, en mi opinión, no le pertenece. Ante ese miedo, nace Hágase mi voluntad, como reflexión en torno a nuestro papel de opresoras y oprimidas, haciendo especial hincapié en el primero.

En Hágase mi voluntad retomas mucho de tu primer poemario Adán o nada, no solo por lo referente a la religión, sino precisamente por ese cuestionamiento del concepto de hombre en general y no solo por un tipo de masculinidad.

Correcto. Mi educación en un sistema patriarcal, católico y heteronormativo en una pequeña ciudad del sur de Italia (Lecce) ha marcado mi forma de ver el mundo y, sobre todo, la forma en la que los demás, me han llegado a percibir. De hecho, aunque no me defina como “hombre”, no puedo obviar los privilegios que se me han otorgado simplemente por la manera en la cual el mundo me ha leído. Creo que antes de hablar de “nuevas masculinidades” deberíamos reflexionar en torno a nuestros privilegios y, de repente, nos daremos cuenta de que esa etiqueta, entre otras, nos sobrará.

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Imagen vía Editorial Pre-Textos.

Con Adán o nada se empezó a definir tu poesía como “queer” y/o “trans”. Más allá del concepto “trans” que aplicas no solo al género, sino también a la nacionalidad, a la lengua… Quería preguntarte hasta qué punto estás cómodo con estas definiciones, pues leyéndote me da la impresión de que tu poesía aspira a ir más allá de cualquier nicho.

Desde Adán o nada, que reúne unos poemas escritos en 2015, reivindico un espacio trans. Nunca me he sentido cómoda dentro de la etiqueta de “poesía”. Prefiero indagar desde “lo poético”. Me seduce la idea de ensuciar el verso, bajar del pedestal en el cual se suele colocar al poeta. En fin, pensar que la poesía de los “señoros” ha muerto. Me interesan las intersecciones, las fronteras entre géneros, ver cómo otras disciplinas y las tecnologías pueden ampliar el espectro poético. Ahí nace Lo inhabitable, un proyecto escénico híbrido basado en mis dos primeros libros y Cíborg, algo nuevo, una suerte de traducción intersemiótica que estoy preparando a partir de Hágase mi voluntad. Para mí, de hecho, la poesía es queer si se plantea más como un espacio donde generar preguntas más que respuestas, si se entiende como un espacio de cuidados y de resistencia donde repensar los equilibrios de poder, aunque, a menudo, se suele asociar o confundir con poesía de temática homosexual, sin más matices.

Al respecto pienso en el artículo de Elizabeth Duval ‘Contra la cultura queer’, con la que creo que mantienes una afinidad teórica y poética, más allá de ser también su editor.

Algo que valoro especialmente de mi amistad con Elisabeth es nuestra capacidad de dialogar y debatir de forma totalmente libre y sin tapujos. Creo que en su artículo pone de manifiesto algo de profunda importancia: la capacidad que el sistema normativo y la lógica capitalista tienen, por un lado, de sacar beneficios económicos de cualquier discurso, aunque tenga como protagonista al mismo cuerpo abyecto que expulsa, y, por otro, de desactivar su poder subversivo circunscribiéndolo a un “nicho”. Para mí lo queer implica romper estas barreras, llevar las afueras al centro y viceversa.

Me gustaría centrarme en la idea trans aplicada no solo al género, sino a todo tipo de identidad. ¿Podríamos decirnos que Hágase mi voluntad es una crítica a toda forma de cosificación de la que somos sujetos desde el momento en que nacemos?

Desde la lógica capitalista no es necesario que el cuerpo del “otro”, el “abyecto”, desaparezca, no lo podemos eliminar, sino que necesitamos que exista para que su fuerza sea dominada y, a través de esa dominación, se genera el ego occidental. Son historias de expansión, de cosificación del otro. De hecho, desde el momento en el que nacemos, se generan expectativas sobre nuestros cuerpos y nuestra manera de estar en el mundo, que se traducen en formas de dominación, opresión y de afianzamiento de estereotipos que tienen como finalidad la aceptación dentro de la comunidad. Creo que es importante, como afirma Butler, reflexionar sobre la dependencia que se crea entre los cuerpos desde el nacimiento y la posibilidad de crear otras redes de apoyo, de solidaridad y prácticas de cuidado. En Hágase mi voluntad intento trazar un recorrido sobre mi experiencia personal con la finalidad de dibujar posibles prácticas de pensamiento que nos dirijan hacia un futuro más empático e incluyente.

“Yo sé que existo, porque tú me imaginas” dicen los versos de Ángel González que citas al inicio de tu poema Sección de caballeros. ¿Somos, como diría tu compatriota Pirandello, lo que los otros imaginan, creen o proyectan que somos?

Cada individuo se sitúa en una serie de intersecciones identitarias que hacen que nuestro poder cambie en base al interlocutor. Creo que es fundamental ser consciente de ello. La misma pandemia, por ejemplo, ha puesto de manifiesto, como afirmó en una entrevista el poeta y filósofo Rodrigo García Marina, que dentro del discurso queer hay que visibilizar y proteger cuerpos vulnerables y que siempre han sido desplazado, los ancianos, expulsados del sistema capitalista y, por tanto, de las decisiones gubernamentales en las medidas de actuación ante la pandemia, en cuanto ajenos a los mecanismos de producción.

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Foto cedida por el autor.

Me parece interesante el primer poema, Insepulto, en cuanto plantea de qué manera se rompen las expectativas no solo de que se nos dice que debemos ser, sino también cómo la familia es donde primero se crean estas expectativas y donde primero también se rompen.

Sí, el modelo de familia heteronormativa tal y como está pensado y estructurado constituye el germen del patriarcado, que se articula a través de técnicas tanatopolíticas y en el cual el poder se inscribe en el cuerpo como autoridad, tomando la forma del padre y de la masculinidad. Por eso es tan importante pensar en otras formas de amar y dinamitar ciertas conductas desde el núcleo de afectos más prójimo.

El cuerpo es objeto de reflexión en tu poesía, pero también en tu obra teatral. ¿De qué manera se retroalimentan ambas disciplinas y de que manera esta retroalimentación se hace explícita en tu trabajo en torno al cuerpo?

Como sugerí antes, no me encuentro cómoda en ninguna etiqueta de género, en todos los sentidos de esta palabra polivalente. Cuando me hallo en un proceso creativo, me cuesta constreñirme, por ejemplo, a los límites del artefacto “libro” u “obra teatral”. Y el resultado es una ampliación brutal del abanico de posibilidad que se despliega ante mis ojos. Es un poco lo mismo que ocurre cuando te alejas del concepto normativo de deseo o de género.

“Me dejo ser/carne que se abandona a ser carne/y nada más”. ¿Somos, por tanto, principalmente carne, sin adjetivos ni etiquetas?

Estos versos tienen bastante que ver con la lectura de La risa de la medusa de Hélène Cixous. Ya en 1975 ella es capaz de plantear una exploración de lo pluri dentro del sujeto como manera de superar la noción del ego occidental. Basándome en sus postulados, creo que en un cuerpo habitan potencias y energías que van en múltiples direcciones, que pueden caer dentro de lo que culturalmente se considera masculino/femenino, hombre/mujer, etc. En ese sentido, abandonarse a esta posibilidad implica renunciar a gran parte del poder que se nos otorga al encajar dentro de unos moldes. Mi lucha en este momento se encuentra en intentar abordar el cuerpo desde la pluralidad, lejos de binarismo o de posturas que intentan homogeneizar conceptos como “mujer” patologizando o expulsando, por ejemplo, cuerpos como los de las personas trans. De hecho, el discurso tránsfobo o anti-queer que se está cristalizando en estos momentos me parece del todo fuera de lugar e inaceptable.

Beckett, Brodsky, Nabokov… estos son lo algunos escritores que escribieron en una lengua que no era la materna, sino aprendida de adultos, como es tu caso.

Escribir en las fronteras de la lengua tiene mucho que ver con la libertad que me otorga vivir en las fronteras del género porque, también en este caso, me ofrece una plasticidad y unos recursos que, probablemente, dentro de unos marcos lingüísticos más definidos, no tendría.

Y ahí está el poema Tú es un altro. ¿Una forma de inventar una nueva lengua?

Sí, una nueva forma de pensar que, en definitiva, gira en torno y tiende a lo híbrido. En este sentido, imposible no pensar en todo lo que nos ha enseñado Donna Haraway.

Pensando tanto en tu faceta de poeta, pero también de editor de Elisabeth Duval o Alberto Conejero: ¿te interesa una poesía combativa?

Con Letraversal la idea es que por nuestro catálogo nunca se pase de puntillas, la idea es que una esté obligada a detenerse. Pienso en el poema y en la edición desde unas lentes queer como una red de cuidados y también como un grito que alerta sobre las espinas del mundo; somos la flor, pero también el cuchillo (de allí el logotipo). La rosa, decía e.e. cummings, qué perfecta es en manos asesinas.

Anna Maria Iglesia

Licenciada en Teoría de la literatura y literatura comparada, actualmente me encuentro en la fase final de mi doctorado. Escribo en distintos medios, principalmente sobre literatura.