Política y conflictos

Antonella Marty: «La discriminación no cabe en el liberalismo, el liberal no discrimina, como sí lo hacen el socialista y el conservador»

Hablamos con la politóloga Antonella Marty sobre el liberalismo moderno, los fallos que debe corregir esta ideología y el avance del populismo de extrema izquierda y derecha.

por Rodrigo Isasi Arce

Para la politóloga Antonella Marty, Rosario (Argentina), 1992, el liberalismo se sale de ese espectro de la izquierda y la derecha y ha sido «históricamente utilizado como una herramienta de muchos grupos de poder y de distintas ideologías para  llegar al poder y hacer algo que es totalmente la antítesis del liberalismo». Antonella Marty, directora de la Fundación Libertad y fellow de la Fundación Internacional para la Libertad de Madrid, acaba de publicar El manual liberal (Ediciones Deusto), un extenso manifiesto que incluye textos de autores de la talla de Mario Vargas Llosa, Johan Norberg y Deirdre McCloskey, entre otros.

La joven autora argentina defiende que el liberalismo, que «se basa en el sentido común», se ha vuelto más necesario que nunca en un momento en el que se enfrenta a varias ideologías que intentan aniquilar las libertades individuales de las personas. «Ser liberal significa ser adulto y tratar a los demás como adultos», asegura. Hablamos con ella sobre el liberalismo moderno, los fallos que debe corregir esta ideología y el avance del populismo de extrema izquierda y derecha, entre otros temas.

En tu libro defiendes la idea de que el liberalismo no es solo de derechas.

Obviamente no es de izquierdas, pero tampoco es de derechas, el liberalismo se sale de ese espectro de izquierda y derecha. A lo largo de la historia, el liberalismo ha sido identificado con ciertas corrientes, y mucho más en América Latina, que tienen una tendencia de derechas, una tendencia de adoptar ciertas políticas públicas que son precisamente contrarias a los grandes pilares que defendió el liberalismo desde sus orígenes.

Mostramos, tal vez, con lo que tiene que identificarse la derecha en vez de con lo que realmente es. Esos movimientos nacional-populistas, como una especie de socialismo de derechas, que muchas veces tienen tendencias conservadoras, más cercanas a un nacional-populismo de corte europeo al estilo Viktor Orban, Marie Le Pen o Matteo Salvini, e incluso a personajes como Donald Trump o Jair Bolsonaro, que utilizan la palabra liberal para mostrar algo y llegar a determinados sectores de la población contando algo que realmente no tiene nada que ver con el liberalismo.

Históricamente se ha utilizado al liberalismo como una herramienta de muchos grupos de poder y de distintas ideologías para  llegar al poder y hacer algo que es totalmente la antítesis del liberalismo.

¿Qué significa ser liberal hoy?

Significa entender a la libertad como el valor mayor del ser humano y poner al individuo por encima de cualquier otra cosa, no caer en los juegos colectivistas que muchas veces vemos de parte de estos movimientos. Sigue siendo la idea originaria de defender al liberalismo como un conjunto, como una libertad única, que no se divide en pedacitos y que no se cede cierta libertad a cambio de otras cosas.

Existe la libertad económica, la libertad política y las libertades individuales, y todo eso es un conjunto que no se puede separar y sacar para vender algo que el liberalismo, todo eso es el liberalismo. No se puede ser liberal en lo económico y en el resto no. Los conservadores dicen que son liberales en lo económico pero, ¿qué pasa con el resto de las libertades? ¿qué pasa con las libertades civiles? ¿qué pasa con las libertades individuales, con las libertades de consumo de los individuos, con la libertad de cada ser humano de hacer lo que guste con su vida y de tener su propio proyecto personal de vida, de consumir y hacer con su cuerpo lo que uno quiere?

En tu libro hablas de que «ser liberal es ser adulto»

Así es. Ser liberal es ser adulto y tratar a los demás como adultos. La libertad siempre va de la mano de la responsabilidad. Soy libre de mover mis manos hasta dónde llega tu nariz, hay límites que no puedo pasar. Mi libertad llega hasta donde está tu libertad, no tengo ningún derecho de tener injerencia en la libertad de las demás personas. 

El liberalismo se basa en el sentido común. Hay mucha gente que es liberal y que no lo sabe. ¿A quién le gusta que le quiten una parte lo que produce? ¿a quién le gusta que le digan cómo vivir? ¿a quién le gusta que le digan qué hacer y qué no hacer? ¿a quién le gusta que le controlen la vida?

A nadie le gusta eso, quizás únicamente a un grupo de personas que tienen ideas comunistas, pero a fin de cuentas, eso solo les pasa en las ideas, porque en la práctica a los comunistas también les encanta vivir de una manera que es totalmente contraria a la que ellos dicen pensar, porque hablan en contra de la riqueza y terminan siendo personas millonarias, como lo fue Fidel Castro, Hugo Chávez, su hija Gabriela Chávez, como lo es la dinastía Kim en Corea del Norte, como lo fue Stalin, como lo fueron todos estos estos grandes asesinos y referentes del comunismo a lo largo de la historia, y esto también se aplica a Pablo Iglesias en España.

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En el caso de España, ¿quién encarna ese liberalismo ahora mismo?

El partido que mejor encarna el liberalismo en España es el Partido Libertario. Es verdad que, como pasa también en algunas partes de América latina, solemos tener un sistema político en el que suele haber bipartidismo, suelen existir estos juegos de poder entre ciertos partidos que se reparten el poder durante un determinado tiempo.

Hay un centro de poder concentrado dentro de la arena política donde no se les da pie a otros partidos políticos, se genera una forma de hacer política en la que se recae en hacer un negocio a través de la política. Algunos políticos han encontrado en la política una forma de hacer su propio negocio personal de enriquecimiento personal y por supuesto ilícito, de enriquecerse a costa del sufrimiento de los demás. Esto pasa en muchas partes del mundo. Se enriquecen a costa de la gente y ahí entra el famoso populismo.

Hay que distinguir entre liberalismo económico y moral: hay voces que dicen que la izquierda es más progresista en lo moral.

Creo que ninguno de los dos, ni la izquierda ni la derecha, entienden la importancia de las libertades civiles e individuales. La derecha rechaza hablar de las libertades individuales y la izquierda utiliza las libertades individuales para llevar un mensaje que es totalmente contrario a lo que han ejercido históricamente. La discriminación es algo que no va de la mano del liberalismo, el liberal no discrimina, como sí lo hace el socialista y el conservador, que rechazan a los grupos de personas que no se amoldan a su idea de lo que deber ser el ser humano correcto.

Hablemos de diferentes libertades.

Libertades sexuales y los derechos de las personas LGBT: en cualquier país comunista del mundo esas libertades están totalmente reprimidas. En la Unión Soviética se decía que la homosexualidad era un vicio burgués, lo decía Mao también desde China y Stalin y Lenin, por supuesto. Lo hizo y lo pensó también Fidel Castro, la gran cabeza de esa izquierda supuestamente progresista y defensora de las libertades civiles e individuales. Incluso para Ernesto Che Guevara, que formo parte también de esa nefasta Revolución Cubana de 1959, la homosexualidad era algo que no iba de la mano de ese hombre nuevo que proponía el máximo. Esto también le pasa al conservadurismo, a la derecha.

Lo que sí han encontrado las izquierdas actuales es una forma de capitalizar sobre cierto descontento que ha existido históricamente de ciertos grupos y personas que han estado totalmente marginadas y han sido rechazadas, no solamente por la política, sino por la forma de gobernar y por la institucionalidad de muchos países. No creo que el LGBT sea un colectivo, porque creo que es la defensa de las personas y de una libertad que ha sido negada históricamente a los individuos. Eso es lo que lo que tenemos que defender, libertades de muchas personas que incluso la izquierda ha utilizado para creer que el Estado tiene que tener una injerencia en ese sentido sobre las libertades de los demás, cuando en realidad el Estado ha sido el gran negador de esas libertades.

Feminismo: lo mismo pasa con las mujeres. Si uno hace un repaso del feminismo, en sus orígenes era un feminismo que parte de las ideas de personajes como la filósofa Mary Wollstonecraft, que se planta frente al Estado no para pedir cuotas, no para pedir privilegios, como hacen este feminismo de izquierdas de ahora, este feminismo de nueva ola, sino que lo hace para plantarse ante un Estado que negaba precisamente esas libertades.

El Estado ha sido históricamente un enemigo de las libertades individuales de las personas. Un liberal tiene que ser necesariamente feminista, en el sentido de ser un defensor de la única igualdad existente en el mundo que es la igualdad ante la ley. Todos somos iguales y no hay por qué hacer distinción ni discriminar según tu color de piel, tu género, tu sexo, el lugar dónde naciste, eso va también para los nacionalistas y los ultranacionalistas europeos.

El feminismo, desde los orígenes es un femenino que ha buscado una lucha histórica por la igualdad ante la ley, que es la única igualdad que existe, no es la destrucción del espacio público, no es pedir cuotas o pedir privilegios a costa de otras personas. Es entender que la mujer es como cualquier individuo y que uno tiene que valer por el mérito y por todo lo que puede lograr.Es entender desde el liberalismo la importancia de la mente humana, la importancia de todo lo que un ser humano puede lograr.

Legalización de las drogas: es algo que ha rechazado muchas veces la derecha, por supuesto, con su famosa guerra contra las drogas en Estados Unidos, una guerra fallecida que no ha funcionado y que ha generado el narcotráfico y la violencia que hoy estamos sufriendo en América Latina. Algo que también ha rechazado durante mucho tiempo la izquierda.

¿Qué fallos tiene el liberalismo?

Uno de los grandes fallos que tiene el liberalismo es hablar únicamente de las libertades económicas y esto ha pasado durante mucho tiempo. Es fundamental hablar de la economía pero no es lo único que representa al liberalismo: hablar solamente de la reducción del gasto público, de la reducción del tamaño del Estado en la economía, de la reducción de la presión tributaria, de la deuda pública y privada y todos estos temas.

El liberalismo también es defender los derechos de propiedad, defender las libertades individuales y que cada ser humano pueda elegir como quiere vivir su vida sin que otra persona, un Gobierno, una institución o incluso una religión te vengan a imponer una manera de vida y te vengan a limitar.

El ser humano no es solamente racional por el hecho de ser un ser humano, no todos los seres humanos piensan, uno tiene que elegir pensar, entender el mundo desde una perspectiva en la que la racionalidad sea el valor que prime sobre todas las cosas, y cuando haces eso, tienes sociedades con individuos que prosperan, donde la gente puede crear e innovar, puede abrir una empresa, puede salir adelante, donde hay gobiernos limitados, y creo que eso es lo importante hoy en día, empezar a pensar en la importa de los individuos y sus libertades y  respetar y empezar a ponderar la racionalidad sobre todas las cosas.

Antonella Marty: «La discriminación no cabe en el liberalismo, el liberal no discrimina, como sí lo hacen el socialista y el conservador»

¿Qué decir sobre el avance de la izquierda en algunos países de América Latina y que algunos consideran una amenaza?

Es gravísimo, y esa izquierda avanza porque hay una derecha. Estamos en ese péndulo de izquierda y derecha que cada vez se radicaliza más. Nos vamos yendo cada vez a extremos mayores y no salimos de eso porque no apostamos por la libertad, porque ninguno de estos dos espectros de la política entiende la importancia de defender la libertad, sino que todos quieren defender una cuota del populismo, todos quieren ejercer el poder de una manera que muchas veces termina siendo antidemocrática y antirrepublicana en países como Estados Unidos.

Este avance de la izquierda en América Latina es una consecuencia de esas derechas mercantilistas inoperantes, que reniegan del capitalismo y de la apertura económica, que ya no son liberales ni en lo económico. Es todo consecuencia de una derecha que no funciona y que hace las cosas mal porque no entiende la importancia de tener a la libertad como valor supremo, sino que tiene esos valores tradicionales y que cae y recae en el mercantilismo y en la idea de soberanía nacional económica, lo que le pasa también a Vox en España, por ejemplo.

No se entiende Latinoamérica si no se entiende lo que pasó y pasa en Cuba. Lo que nos pasa hoy es la gran consecuencia de no haber hecho nada con Cuba y de convivir con una dictadura más de medio siglo.

¿Algunos ejemplos concretos?

La situación en Perú es realmente preocupante. Un país que en los últimos 20 años ha mejorado todos los índices en los que se puede medir el progreso económico, el progreso del avance político, el desarrollo de la institucionalidad, dejando atrás las políticas antidemocráticas. Las mejoras han sido muchas y eso ha sido porque ha apostado por el modelo de la Alianza del Pacífico, al que se sumaron países como Colombia o Chile, que hasta hace muy poco estaban encaminados en el gran desarrollo y que eran un poco la antítesis del famoso del Unasur o incluso del Mercosur. Pedro Castillo está rodeado de muchos académicos y asesores que son abiertamente declarados marxistas y es muy peligroso lo que va a pasar en Perú en los próximos años.

En Argentina el peronismo, que no sé si es de izquierda pero es un caso extraño, es una maquinaria de poder político que no se ha visto en ningún otro lugar y que ha destruido a un país como Argentina, que lo tuvo todo y que fue potencia e iba muy bien encaminado y que era un país feminista. Argentina había entendido que se podía crecer cuando se apostaba por la libertad, por el libre comercio,  por una estabilidad política y no caer en políticos caudillos y mesías, y lamentablemente lo perdimos todo cuando llega a escena el peronismo en los años 40.

En el caso de Venezuela, no creo que tenga una salida real de eso, hay una oposición política que le ha sido funcional al régimen en su totalidad, no hay nadie que pueda tener una distinción real de la defensa de la libertad. El comunismo es un modelo que hace un daño antropológico tan grave que muchas veces puede ser irreparable. Lo que ha pasado en Venezuela es realmente preocupante y eso se ve reflejado también en esa oposición política que sigue creyendo que el socialismo vegano, el socialismo light, es la solución a los problemas. Por otro lado, hay otras alas que insisten en el sistema conservador, por lo que no veo solución ni en la oposición ni en un régimen que está muy cómodo y que ha tomado las instituciones y las Fuerzas Armadas prácticamente en su totalidad a través de un proceso de sobornos, manipulación o el control de los medios de comunicación.

También hay que hablar de Nicaragua: la dictadura de Daniel Ortega y su esposa es de lo peor que tenemos en nuestra región y nadie habla de lo que pasa allí. Y, por supuesto, de Bolivia, que ahora ha vuelto a recaer en las manos del poder de Evo Morales y estos personajes nefastos de ese proyecto bolivariano. 

Cuando entendamos en América Latina lo importante poner en libertad como valor supremo y al individuo por encima de cualquier otra mentalidad populista, colectivista o dogmática, ahí es cuando nos va a ir bien como región.

También es una amenaza el crecimiento de los populismos de extrema derecha en Europa.

Siempre insisto mucho en que ambos son igual de peligrosos. El populismo, sea de izquierdas o de derechas, siempre es hostil a los a los principios liberales y representa además una dinámica antidemocrática de ejecución del poder político.

El populismo se presenta en versiones de izquierda y de derecha que comparten una una teoría popular de la economía, como competencia de suma cero entre clases económicas en el caso de la izquierda y entre naciones y grupos étnicos que diferencian según el lugar dónde naciste en el caso de la derecha. Estos populismos siempre miran hacia atrás y recaen en esa idea de la soberanía nacional, de tener un nacionalismo muy arraigado que se ve tanto en la izquierda como en la derecha.

Los populistas de la derecha no esconden la creencia de que para ellos hay lo que llaman dictaduras menos malas, y en América Latina existen muchos de estos personajes que indebidamente se hacen llamar liberales y que después salen a defender a dictadores militares como Augusto Pinochet. Todas las dictaduras son condenables, todas las dictaduras son malas, los liberales no creemos que haya dictaduras que son buenas, no hay ningún caso en el que un liberal puede aceptar que una dictadura es tolerable, todas las dictaduras son inaceptables.

Es una cuestión de libertad versus dictadura y ser anticomunista no te hace liberal, no te hace ser un defensor de la libertad, y digo esto por mucha gente de esa derecha que es anticomunista como Vox, Donald Trump o Jair Bolsonaro, todos estos personajes que se dicen anticomunistas. Se puede ser anticomunista y ser un negador y violador serial de las libertades de los individuos.

Distinguir hoy el liberalismo del conservadurismo es esencial, porque el liberalismo está muy lejos de esos movimientos nacionalistas de los que hablamos. Tanto la izquierda como la derecha han buscado mediante el Estado, y por ende la coerción, imponer lo que cada una de esas tendencias políticas entiende por la buena sociedad o modelo de vida. Yo siempre digo que lo lindo de la libertad es que te permite dudar y que cada uno puede vivir su vida de la manera que le guste. 

Rodrigo Isasi Arce

Periodista especializado en Defensa, conflictos armados, mundo arabo islámico y cooperación internacional. Viajero empedernido y fotógrafo aficionado.