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Así es bucear con tiburones blancos

¿A quién se lo ocurre sumergirse en aguas infestadas de tiburones blancos? A mucha más gente de la que uno se imagina, incluyendo quien escribe. Y sí, sobrevivimos para contarlo conservando todas las extremidades. A muchos les parece que bucear con tiburones blancos es una auténtica locura, un riesgo innecesario y totalmente evitable en el que sólo caen los adictos a la adrenalina, pero lo cierto es no hace falta ser ningún Frank de la Jungla versión superhéroe para atreverse a hacerlo.

Para algunos, verse las caras con el depredador más temido de los océanos está incluido en la lista de “cosas que hacer antes de morir”, para otros supone un sueño con el que dar rienda suelta a su pasión por los animales, y el resto, acaba buceando con tiburones blancos sin saber muy bien por qué, empujados por la promesa de vivir una experiencia diferente que contar en la cena de Navidad. No es que los de este último grupo se levanten un día por la mañana y digan “parece un maravilloso día para conocer al Gran Blanco”, pero al hacer un viaje a Sudáfrica lo más probable es que entre en la lista de actividades, al menos como propuesta.

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El Gran Blanco tomando el aperitivo | Foto: Lwp Kommunikáció

Y ¿qué se siente?, ¿cómo se hace?, ¿es peligroso? Antes que nada, una aclaración: suena muy valiente decir que uno ha “nadado” con tiburones blancos, pero en realidad, esta actividad se limita, la mayoría de las veces, a flotar dentro de una jaula metálica. Equipados con gafas de buceo y sumergiéndose a pulmón, grupos de 2 a 4 personas se introducen en una especie de compartimento submarino que va pegado al barco, mientras desde la embarcación avisan “¡que viene, que viene!, ¡meted la cabeza”.

No cabe duda que resultaría más emocionante no tener ningún tipo de protección, poder tocarlos y que nada se interpusiera entre nosotros y las enormes mandíbulas de este feroz ser acuático, pero estarán conmigo en que también es ligeramente importante sobrevivir para contarlo. Estamos hablando del Gran Tiburón Blanco, un animal en la cúspide de la cadena alimentaria que puede llegar a alcanzar los 6 metros de longitud y cuyos afilados dientes pueden destrozar focas o ballenas pequeñas en segundos.

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Por una vez, son los humanos los enjaulados | Foto: Clara Paolini

Teniendo esto en cuenta, que haya unos barrotes de metal por medio, no parece mala idea. Nadar junto a otro tipo de escualos, como por el ejemplo con el gigantesco tiburón ballena en Galápagos, Maldivas o Mozambique, es una experiencia maravillosa, pero creedme, éste tipo de tiburón es mucho más amigable e inofensivo que los temidos blancos. De las más de 360 especies de tiburones que existen en el mundo, el tiburón blanco es, por así decirlo, el más “bestia” y sanguinario.

El mejor lugar donde tener una cita con el Gran Blanco es sin duda la localidad de Gansbaai, situada en la costa sudafricana a un par de horas de Ciudad del Cabo. Considerada como la capital mundial del tiburón blanco, en sus costas habitan cientos de ellos, atraídos por la mezcla de corrientes marinas (a poca distancia se juntan los océanos Atlántico e Índico) y por el buffet libre que les proporciona Dyer Island, una isla plagada de focas que sirve en bandeja de plata su aperitivo favorito.

Los barcos para avistar tiburones salen de la costa casi todos los días del año, siempre que las condiciones climáticas lo permitan, y resulta rara la ocasión en la que un touroperador vuelva sin haber visto al menos un par de ejemplares. Eso sí, dependiendo del día, la visibilidad varía y en ocasiones, si la mar está revuelta, puede que haga falta que el tiburón esté a pocos centímetros para poder verlo bien desde el agua. Por otro lado, da igual que sea verano o invierno: el agua está helada a pesar de los trajes de neopreno que te proporcionan, y si la marea no está del todo tranquila, conviene tomar pastillas para el mareo. En más de una ocasión he escuchado a personas decir eso de “yo no me mareo en los barcos” para acabar echando por la borda su desayuno, junto con su oportunidad de disfrutar de la aventura y un pedacito considerable de dignidad, así que una Biodramina o similar resulta casi tan indispensable como los barrotes de la jaula.

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Más cerca, imposible | Foto: Marine Dynamics

¿Cómo es posible que los tiburones se acerquen tanto? No es que quieran comerse a los pobres buzos dentro de la jaula; la cosa tiene truco. Desde la embarcación sueltan una figura flotante con la forma de una foca, y además, la cabeza sanguinolenta de un jugoso pescado. Con este cebo, los tiburones se sienten atraídos por el olor y… ¡vaya que si se acercan! En pocos minutos puedes tener un enorme ejemplar a pocos centímetros de tus narices.

En cuanto a qué se siente, hay opiniones de todo tipo, pero casi todos están de acuerdo en que la adrenalina es la principal protagonista. Hay pocos animales que ejemplifiquen de forma tan explícita las características de un depredador; tienen una incomparable “cara de malo”, son rápidos, potentes, y al verlos tan cerca, es posible sentir el aroma del peligro aunque éste en realidad no exista.

¿Se puede bucear con tiburones sin jaula? Claro, es posible, pero extremadamente inusual. Aquellos que han buceado con tiburones blancos sin jaula son en su mayoría buzos expertos, que se me sumergen en las aguas de Sudáfrica para observar la fauna de forma normal y tienen la ¿suerte? de cruzarse con algún ejemplar. Bucear con el objetivo de encontrar tiburones blancos no es lo habitual. ¿Te gustaría tener un encuentro con un tiburón blanco 100% garantizado mientras buceas? Entonces necesitas utilizar cebo, pero no es demasiado recomendable si quieres evitar que te confundan con un delicioso pescadito. Cuando vas a un safari a nadie se le ocurre llevarse un chuletón atado a una cuerda para atraer leones, ¿verdad? Observar la fauna de Sudáfrica no es dar un paseo por el zoo, y bucear sin jaula no es algo que pueda hacerse de forma comercial. En Sudáfrica no existen touroperadores que lo ofrezcan porque nadie querría asumir el riesgo que supone.

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Sharkspotter vigilando la costa | Foto: Schalk van Zuydam / AP

Por otro lado, a pesar de la peligrosidad que supone encontrarse con un tiburón blanco, en Sudáfrica los surfistas campan a sus anchas en las costas en busca de olas, e incluso en Gansbaai, que como hemos mencionado es famosa por la enorme población de estos depredadores marinos, resulta habitual ver gente haciendo surf sobre sus tablas. En la mayoría de las playas existe la figura del sharkspotter, personas que se dedican a vigilar la presencia de tiburones, poniendo banderas indicando si ha habido un avistamiento (surfistas, salid del agua ya), si hace horas o días que no se ha observado ninguno (es relativamente seguro surfear) o por último, si la visibilidad es reducida y no se sabe a ciencia cierta si hay alguno nadando en los alrededores (lo más habitual, así que cuando está puesta esta bandera la gente se mete igual).

De cuando en cuando, tiburones blancos han atacan a bañistas o surfistas en las costas de Sudáfrica, dejando conocidos casos como los del surfista Mick Fanning el año pasado, pero lo cierto es que a pesar de su ferocidad, no es una conducta habitual. Cuando un tiburón ataca a un surfista es porque le confunde con una foca, y no porque verdaderamente le guste la carne humana.

En el fondo, los tiburones no representan un peligro tan grande para los humanos como la cultura popular nos ha hecho creer. Son peligrosos, sí, pero ¿sabías que las tostadoras han matado a más gente que los tiburones? Cerca de 800 personas mueren cada año electrocutadas por tostadoras, mientras la media de personas que fallece cada año en las fauces de un tiburón es sólo de 9. Coches, perros, ascensores… según las estadísticas hay cientos de cosas más letales que los tiburones, pero películas como la ultraconocida Jaws de Spielberg, o frikadas como Sharkanado (en la que los tiburones vuelan atacando a la gente, no te lo pierdas), no han contribuido a mejorar la imagen de ferocidad.

En el lado opuesto, organizaciones que luchan por su conservación se esfuerzan por recordarnos que los escualos no buscan atacarnos, y como por desgracia suele ocurrir con el resto de especies del reino animal, los humanos representan un mayor peligro para ellos que los tiburones para nosotros. En este sentido, no deja de resultar polémico el papel de las organizaciones que proporcionan tours para bucear con tiburones. Muchos critican que al echar cebo con el objetivo de que se acerquen a las jaulas estamos interviniendo en su hábitat natural, obligándoles a actuar de determinada manera; pero por otro, casi todas las organizaciones, como es el caso de Marine Dynamics, contribuyen mediante la inversión en investigación y conservación a perpetuar su especie.

Más allá de dicotomías medioambientales, una conclusión: bucear con tiburones es una actividad inolvidable, y sin duda, una de esas experiencias al alcance de todos para poner el corazón a mil.

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