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Así es el Yoggaton: yoga y reggaeton para un «activismo del placer»

Hablamos con Maque Pereyra, creadora del Yoggaton y su filosofía. ¿Conceptos clave? «Perreo espiritual», «desculonización», «activismo del placer» y «meditación desde la pelvis»

por Teresa Bazarra Urquidi

Cuando entro en la redacción celebrando que «he entrevistado a la creadora del Yoggaton», las miradas de desconcierto y la pregunta del millón («¿Pero eso no es como las clases de zumba?») se disparan. Sin embargo, la combinación del yoga y el reggaeton en una misma filosofía no es algo gratuito. Y si no, que se lo pregunten a su creadora, Maque Pereyra, una bailarina boliviana afincada en Berlín que marca una distancia muy clara con la zumba y nos habla de «perreo espiritual», «desculonización», «activismo del placer» y «meditación desde la pelvis».  

Pereyra estudió ballet y baile tradicional en Bolivia, pero también se ha formado en danza contemporánea, pole dance e incluso teatro físico; y en 2016 se trasladó a Berlín para estudiar un máster de danza en el Centro Interuniversitario de Danza de la Universidad de las Artes de Berlín (Universität der Künste). En el máster empezaron a trabajar con estéticas queer, la no binariedad del pensamiento y el ser migrante. «Yo ya venía de trabajar con nociones de otredad, estéticas decoloniales traducidas en crear movimiento (por ejemplo, había montado coreografías de cumbia con zapatillas de punta de ballet) y comencé a reflexionar sobre una práctica diaria donde mis intereses conceptuales se encontraran con el cuerpo en movimiento», explica Pereyra. Al fin y al cabo, la bailarina lamenta que en danzas más académicas como el ballet o el contemporáneo «no es que se olviden de los glúteos y las caderas, pero no las celebran» (risas).

Ahora bien, el detonante no fue precisamente académico: se puede decir que el Yoggaton nació oficialmente una noche de fiesta, cuando Maque volvió a casa y decidió hacer yoga y estirar mientras se ponía reggaeton de fondo (pues todavía tenía ese «sentimiento de fiesta dentro»). «Simplemente me dejé llevar, sintiendo que todo eso tenía mucho sentido en sí mismo, que lo reconocía como persona y artista», nos cuenta Pereyra. Aseguró que fueron horas de pensar «qué rico se siente: perro bocabajo, volver, respirar, inhalar, saludo al sol, otra vez, perrear»; y el efecto «hipnotizante» de aquella noche marcó un antes y un después en su vida.

Así empezaba una aventura que se inició en junio de 2020 con el lanzamiento de su propio canal de Youtube, Yoggaton, y de la primera clase magistral dividida en cinco capítulos. Por ahora Maque solo imparte clases online, pero asegura que «el Yoggaton está creciendo, claro que sí, creo que su potencial es muy grande». 

Estas clases combinan los «asanas» (posturas de yoga) con la música de Bad Bunny y Maluma; y comienzan siempre con una introducción «en la cual se explica lo que se propone a nivel físico, mental y emocional». De esta forma, los contenidos de la introducción se complementan con la práctica, para que cada persona pueda tener su propia experiencia espiritual y política más allá del ejercicio físico.

Por ejemplo, en un primer momento se expone cómo se va a respirar a lo largo de la clase, consiguiendo que el aire llegue hasta el suelo pélvico y se exhale desde ahí. Y es que el culo tiene un claro protagonismo en el Yoggaton, en línea con lo que llaman la «desculonización»: esta metodología ha sido creada por la artista Re Kebr, y básicamente traslada los conceptos y reivindicaciones de la descolonización al mapa corporal. Hay una identificación del sur corporal (el culo) con el sur geográfico, pues se considera que ambos han sido relegados: «El culo del cuerpo (sur del cuerpo) es todavía una parte de nuestros cuerpos de la que no se habla con suficiente apertura y que a nivel emocional contiene herencias coloniales de vergüenza, miedo y culpa». 

El reggaeton, al nutrirse de las danzas tradicionales latinas -basadas en la repetición de movimientos que golpean el suelo con las piernas- ayuda a conectar con la tierra, con el ahora y «bajar» de lo mental, defiende la creadora del Yoggaton. «Por eso en la clase vibramos desde el piso pélvico y con ayuda del beat del reggaeton, para regenerar y sacudir los tejidos desde lo más profundo. Esta vibración tiene un efecto a largo plazo y que ocurre paulatinamente». A su juicio, esta herencia del pensamiento colonial es responsable de que el ser humano no se valore en su totalidad, lo que genera ansiedad, bloqueos emocionales y negación del cuerpo, de identidades o de culturas.

De hecho, Maque Pereyra insiste en entender el Yoggaton como un «ritual de sanación» que puede incluso combatir el pesimismo derivado de la pandemia actual, pues «el movimiento pélvico es tan poderoso e intenso que hace salir todos esos demonios que te están habitando y, ahora con la COVID-19, tendemos a estar mucho en la cabeza y ver lo malo». En definitiva, el Yoggaton quiere erigirse como actitud política ante un momento histórico donde el placer parece haber sido enterrado. ¿La clave? Respirar, moverse y perrear

Teresa Bazarra Urquidi

Periodista y humanista. Escribo por pasión y, sobre todo, para aprender. He aquí lo fascinante del periodismo: que lo mismo te hago una ruta gastronómica de croquetas que entrevisto a gente de la danza y el teatro. Pero siempre con la humildad y curiosidad que se necesitan en este oficio.