Aves comunes como la codorniz o la golondrina se encuentran en situación de riesgo

Energía y medioambiente

Aves comunes como la codorniz o la golondrina se encuentran en situación de riesgo

La codorniz común, el escribano cerillo o la grajilla occidental han visto menguada su población en porcentajes que rondan el 50-60%, lo cual implicaría que están en peligro de extinción, como el águila imperial o el quebrantahuesos

por Carlos Madrid

El programa de Seguimiento de las Aves Comunes en Primavera (SACRE), publicado recientemente por la organización ecologista SEO Birdlife, arroja datos poco esperanzadores para las aves de nuestro país. Y es que, según este estudio, el 37% de los pájaros comunes se encuentran en una situación desfavorable. O, lo que es lo mismo, sus poblaciones están menguando considerablemente. 

Aves comunes como los mirlos, los gorriones o los carboneros, pájaros que están en todas partes y que todos hemos visto alguna vez, están sufriendo un descenso de sus poblaciones muy importante con respecto a 1998, año en el que la organización empezó a hacer registros sobre estos animales. «Gracias a este programa que realizamos cada dos años desde hace 25, podemos saber qué poblaciones aumentan y cuáles disminuyen. Y los datos de este año no han sido muy buenos”, sostiene Juan Carlos del Moral, miembro de SEO Birdlife. 

En total, el programa de SACRE ha analizado 114 aves comunes, de las cuales, por ejemplo, la tarabilla norteña o el roquero rojo, la primera propia de la campiña del norte y la segunda de las zonas de montaña, muestran declives superiores al 70%. «El roquero rojo es el que más afectado se ha visto, con un descenso de su población de un 95,3% respecto a 1998», apunta el experto.

El informe también muestra una serie de aves cuya población se ha visto menguada en porcentajes que rondan el 50-60%, como son la codorniz común, el escribano cerillo o la grajilla occidental. Unos porcentajes que, según los criterios internacionales de la Unión para la Conservación de la Naturaleza, implicarían que están en peligro de extinción, como el águila imperial o el quebrantahuesos. Por ello, la Administración debería actuar de manera rápida para que no desaparecieran.

A parte de estas aves, hay otras especies vulnerables que también requieren que el Gobierno intermedie con planes de recuperación y conservación. Son pájaros que han visto descender su población entre un 30-40% y que nos son tan familiares como la golondrina común, la paloma bravía, la perdiz roja o la alondra. Una serie de animales que, como apunta Juan Carlos del Moral, «si seguimos por la misma línea, acabarán en la categoría de vulnerables».

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Foto: Hans Veth | Unsplash.

El cambio climático y la gestión de los medios agrícolas, el mayor problema

Para llegar a esta situación, se han tenido que dar una serie de factores que desde 1998 han ido haciendo más complicada la vida a muchas de estas aves. Uno de ellos es el cambio climático. Muchos de estos pájaros comunes están ligados a la montaña y, la subida de temperaturas, que ha hecho que la vegetación cambie, los está afectando directamente. Como sostiene el miembro de SEO Birdlife, «seguramente esté haciendo que se desplacen hacia el norte, en busca de un clima más frío».

Otro factor que parece también evidente, por la gran cantidad de especies que implica, es el de la gestión de los medios agrícolas. «Muchas de las especies que te he comentado antes,  como la tarabilla, la perdiz roja o la codorniz, son de estas zonas. Los que tenemos unos cuantos años hemos podido ver que antes el campo estaba todo lleno de saltamontes o grillos, algo que a día de hoy no es así. Está todo muy verde, producimos mucho, pero el uso de herbicidas y pesticidas es tan salvaje que está fulminando la vida en el campo», manifiesta.

Una gestión del territorio que hemos llevado durante los últimos años sin pensar en la fauna que la rodea y que Juan Carlos del Moral ejemplifica a través de los campos de placas fotovoltaicas. «Se están aprobando iniciativas para invadir el campo con placas solares, pero muchas de ellas no están bien diseñadas. Algo que nos pasó ya con los parques eólicos en su día. No es energía tan limpia si su implementación tiene consecuencias sobre la fauna y la flora. Es la gestión del territorio lo que va cambiando la vida en el campo y lo que genera problemas en la biodiversidad», defiende.

Aves comunes como la codorniz o la golondrina se encuentran en situación de riesgo

Foto: Bryson John Cheng | Unsplash.

La ciudad, un espacio hostil para las aves

Además de en el mundo rural, en las ciudades tampoco se está teniendo en cuenta a las aves, ya que muchas de ellas están sufriendo un descenso de sus poblaciones. Un problema que seguirá aumentando si no se crean más zonas verdes. «Por mucho que los gorriones estén acostumbrados, sus pollos necesitan insectos que consiguen en las zonas verdes. Naturalizar nuestras ciudades es primordial», sostiene. 

También es necesario construir edificios que permitan sus nidificaciones, donde crean sus hogares los vencejos, los gorriones o los estorninos. «En todas las construcciones modernas, con cristaleras y sin ningún agujero, no pueden criar estos pájaros. Hay mucha información y libros sobre cómo construir facilitando la nidificación a estos animales», apunta.

Pero, aparte de estos cambios, también tenemos que tener en cuenta que cuidar a las aves es cuidarnos a nosotros. Y es que, estos animales son un gran indicador de calidad de vida. Por ello, reducir la contaminación, las ondas electromagnéticas o el ruido, ayudaría a una mejor convivencia entre humanos y aves. «Cada vez tenemos más problemas físicos, más enfermedades. Nosotros, gracias a la medicina, vivimos más. Pero la fauna no. Hay estudios que demuestran que los gorriones tienen unas deficiencias físicas enormes en las ciudades, más leves en las periferias y que desaparecen en el campo. Eso es debido a la contaminación de humos, pero también a las ondas, al ruido… todo lo que les pasa a las aves nos pasa a nosotros. Por ello, si ellas están bien, nosotros también lo estaremos», finaliza. 

Carlos Madrid

Terminé periodismo allá por 2013, pero, no sintiéndome suficientemente formado, me matriculé en lector insaciable, perpetuo viajero, musicodependiente, aprendelenguas. Difundo lo que me agita por dentro en aquellos lugares donde me toleran. También lucho en mis ratos libres para que le devuelvan la tilde a ‘sólo'.