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Blanca Fernández Ochoa, la heroína que cambió la historia del deporte español

El cuerpo de la esquiadora, de 56 años, ha aparecido en los Siete Picos, la montaña más emblemática de Cercedilla

Foto: Ballesteros | EFE

La primera –y única– vez que hablé con Blanca fue hace unos cinco años. Yo trabajaba en un popular programa de TVE de ayuda social; ella era referente para la familia andaluza a la que íbamos a ayudar. La llamé para pedirle dinero, en eso consistía el programa, en ayudar económicamente a personas necesitadas. No recuerdo –ni tampoco importa– con qué cantidad colaboró, o si finalmente lo hizo, lo que sí recuerdo fue su amabilidad, su simpatía al otro lado del teléfono y su interés por conocer a la familia por la cual la llamaba.

Hasta ese momento no tenía ni idea de quién era Blanca Fernández Ochoa, mis conocimientos en deporte eran y son similares a los de física cuántica, pero su agrado al hablar conmigo me hizo no solo interesarme por ella, sino también por el esquí, y teniendo en cuenta que hasta ese momento mi relación con cualquier actividad física no iba más allá de subir y bajar las escaleras que llegaban a mi piso –vivía en un tercero sin ascensor–, ya era un logro en mi historial deportivo. Así que ese invierno me matriculé en un curso de esquí en Formigal, y allí que me fui ataviada con toda la equipación dispuesta a imitar a la primera mujer española en conseguir una medalla en unos Juegos Olímpicos de Invierno, a la mujer que había conseguido veinte podios en Copa del Mundo.

La noticia de su muerte nos ha conmocionado a todos, ha emocionado a todo un país que desde el primer día se tiró a la Sierra de Madrid en busca de la reina española del esquí alpino de eterna sonrisa y carácter alegre, así la definen quien la conoce. 12 días han sido los que se han buscado a Blanca por tierra y aire, un dispositivo de búsqueda sin precedentes en la Comunidad de Madrid. Finalmente su cuerpo ha aparecido en el pico de La Peñota, en Cercedilla, en ese bosque que se conocía como la palma de su mano, donde desde pequeña pasaba largas horas y su lugar de evasión en la actualidad.

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Voluntarios durante la búsqueda de la esquiadora Blanca Fernández Ochoa. | Foto: David Fernández | EFE

Y es que la relación de Blanca con la naturaleza viene de bien pequeña, cuando sus padres, Dolores Ochoa y Francisco Fernández, se trasladaron desde Carabanchel al mismo Puerto de Navacerrada, justo después de que naciera ella, en abril de 1963.

Fernández se convirtió en gerente de la Escuela Española de Esquí, Ochoa en la cocinera de la institución, y así, los siete hijos de ambos se aficionaron al deporte rey invernal, en el que también fueron olímpicos sus hermanos Juan Manuel, Ricardo, Lola, Luis y Paco, este último, hasta la fecha, el único español que ha logrado una medalla de oro en unos Juegos Olímpicos de Invierno y quien falleció en 2006 debido a un cáncer linfático.

Blanca Fernández Ochoa ha contado en muchas entrevistas las anécdotas de su infancia. Cómo el esquí pasó de ser algo que no le gustaba a una obsesión para casi toda la familia. Cuando tenía ocho años, una madrugada se despertó con el algarabío de su familia gritando en el salón. Era 13 de febrero de 1972 y el mayor de los hermanos acababa de ganar el oro en los Juegos Olímpicos de Sapporo. “Tu hermano Paco acaba de hacer historia”; un hito con un éxito similar al de un austríaco saliendo a hombros de la plaza de toros de Las Ventas, según comentaba el propio Paco en una entrevista en Efe en 1997.

20 años más tarde, en 1992, la que se haría con una medalla olímpica sería la propia Blanca, en concreto la de bronce en el eslalon en los Juegos Olímpicos de Albertville, Francia; de esta forma, la quinta de los Fernández Ochoa cambiaba la historia del deporte español.

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Blanca Fernández Ochoa, JJOO de Albertville. | Foto: Dieter Endlicher | AP

Sin embargo, llegar hasta aquí no fue fácil. Tuvo que aprender a conjugar el verbo trabajar a la perfección, y lo consiguió, porque tras haber competido en los JJ.OO. de Lake Placid’80 (EEUU) -en los que coincidió con Paco- y en los de Sarajevo’84 (Bosnia-Herzegovina, entonces Yugoslavia), la reina del deporte Blanco rozó la gloria en sus terceros Juegos, los de Calgary’88 (Canadá), en los que se cayó en la bajada decisiva, después de haber sido la mejor en la primera manga de la prueba disputada en Nakiska (Alberta).

“Lo de Calgary fue un auténtico jarro de agua fría para mí. Llegué a esos Juegos con la sensación de que pillaba medalla fijo. Caerme en la segunda manga cuando iba primera fue una decepción absoluta”, comentaba Blanca en otra entrevista con Efe, en 2017, con motivo del vigésimo quinto aniversario de su medalla.

Nadie iguala, sin embargo, los veinte podios en Copa del Mundo de Blanca, que coincidió en los Juegos de Sarajevo’84 con sus dos hermanos menores, Dolores –conocida como Lola–, de 53 años; y Luis, de 54. En 1984, Lola participó en eslalon y en gigante; idénticas pruebas que disputó Luis.

Después de 10 años de competición en la élite, numerosos premios y esa merecida medalla, Blanca, a la que no le gustaba ni esquiar ni pasar frío, según confesa en una entrevista con El País en 2014, se retiraba hace unos años. “Acabé quemada, a mí lo que me gusta es el golf”.

Hoy el cuerpo de Blanca Fernández Ochoa, de 56 años, ha aparecido en los Siete Picos, la montaña más emblemática de Cercedilla y la preferida de la esquiadora; por ello es que hoy el deporte blanco se tiñe de negro para llorar la muerte de la mujer que logró entrar en la Historia, con mayúscula, del deporte español.

 

 

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