Cultura

Blanca Li: «Los artistas de hoy tienen que saber comunicar, vender y conseguir dinero para montar sus espectáculos»

Blanca Li ha trabajado con figuras como Beyoncé y Pedro Almodóvar, ha creado el primer espectáculo de danza en realidad virtual del mundo y desde hace dos años dirige los Teatros del Canal

por Teresa Bazarra Urquidi

La historia de Blanca Li no cabe en 40 minutos de entrevista. Hace dos años que está al frente de los Teatros del Canal, pero esa es solo una de las miles de aventuras por las que ha apostado esta artista granadina. Se mudó a Nueva York con 17 años para formarse en danza, y allí vivió el nacimiento del hip hop. Cuando volvió a Europa creó su propia compañía de danza contemporánea, con la que lleva más de 27 años actuando en teatros de todo el mundo, y con la que no duda en apostar por lo más nuevo: desde la robótica hasta la realidad virtual.

Porque, como ella misma reconoce, ser simplemente artista es casi imposible a día de hoy. Así que Li se ha convertido en una mujer de negocios, en una creadora nata que ha sabido vender sus proyectos. Por eso han confiado en ella algunos de los grandes, desde Coldplay y Beyoncé hasta cineastas como Pedro Almodóvar y referentes de moda de la talla de Hermès o Valentino. En The Objective hemos tenido la oportunidad de adentrarnos en su universo, aunque 40 minutos de Blanca Li sepan a poco.

Has trabajado como coreógrafa para la Ópera de París, para la Ópera Metropolitana de Nueva York y has dirigido el Ballet de la Ópera Cómica en Berlín. ¿Qué diferencias encuentras entre estas instituciones y las españolas a la hora de gestionar los Teatros del Canal?

No hay una diferencia entre una institución española y una internacional, lo que hay es una diferencia entre cada institución de cada país, porque cada país tiene su funcionamiento, sus normas, sus sindicatos, sus políticas…Realmente cada país es diferente y cada lugar tiene cosas maravillosas y cosas que son «dificilísimas». Cada institución tiene sus partes estrictas de funcionamiento, y eso yo lo he aprendido trabajando en instituciones muy importantes donde aprendes el rigor y también los límites. 

Te fuiste a vivir a Nueva York con 17 años y allí presenciaste un momento histórico en el desarrollo del hip hop. ¿Las danzas urbanas siguen perteneciendo a la calle, o deben tener su sitio en la programación de los teatros?

Hace mucho ya que el hip hop dejó de estar sólo en la calle. Sigue en la calle, en la calle empezó, pero en países como Francia (donde más se ha institucionalizado) ha llegado a las escuelas, a tener centros coreográficos y es una forma de danza más. Hay países donde todavía sigue siendo una danza de la calle, pero lo que sí es seguro es que las danzas urbanas en general han dado el paso a lo comercial: están en todos los videoclips, en el cine, en la moda, en la publicidad…Están muy presentes como forma de danza. 

En tus trabajos como coreógrafa pareces interesarte por los dos extremos de la humanidad: la fuerza y la belleza de la naturaleza (como en Solstice o Diosas & Demonias) y lo virtual y la robótica (como en Robot!)

Me intereso por la vida, y la vida me habla de muchas cosas y esas son las cosas que me inspiran a la hora de crear. Vivimos en un mundo donde hay un conflicto permanente a muchos niveles, y uno de ellos es la relación con el medio ambiente, la ecología y el planeta. Como mujer en sociedad, con mis propios principios, me planteo mi existencia y de qué manera puedo como individuo mejorar la vida de todos. Yo lo intento hacer desde el arte y cada uno lo hace desde donde puede. 

Y luego la tecnología es algo que está tan presente y que está cambiando tanto nuestras vidas. En los últimos 20-30 años estamos viviendo una revolución tecnológica, es algo nuevo, como pudo ser la Revolución Industrial en su momento; y entonces me interesa mucho, me parece que la tecnología tiene cosas increíblemente positivas pero, como en todo, tengo también a veces el conflicto de decir hasta dónde, cuáles son los límites. Mi espectáculo Robot!, por ejemplo, era una reflexión sobre la utilización de la tecnología y cómo puede afectar nuestra vida o mejorarla. En el fondo yo soy una persona muy positiva, creo en la humanidad y pienso que vamos a superar los momentos en los que parece que no sabemos a dónde vamos. Lo veo por ejemplo con el medio ambiente y el cambio climático, la relación que tenemos todos con ese tema es mucho mejor que hace 15 años. 

En alguna entrevista has comentado que para poder ser libre como artista «hay que ser empresaria». ¿Resulta difícil desarrollar una carrera exclusivamente como bailarina o creadora a día de hoy?

Hay gente que todavía lo consigue, pero creo que cada vez quedan menos. Creo que hoy en día tienes que saber un poco de todo, en muchos casos tienes ser mujer de negocios a la vez que eres directora de una compañía o creadora. Los artistas de hoy tienen que saber comunicar, tienen que saber vender, tienen que saber llevar sus empresas, tienen que saber cómo conseguir dinero para montar espectáculos. Muchos artistas no tienen agentes y tienen que hacer ellos los dossiers, ir a las citas, buscar dinero… Es casi un trabajo tan importante conseguir los medios para hacer una obra como hacer la obra en sí. Los artistas hoy en día, y más los jóvenes, creo que son conscientes de esto y estudian y se preparan también para eso. No es solo «ay, soy artista», no. Soy artista pero yo misma soy responsable de montar mi empresa y de conseguir que mis proyectos existan

En este tiempo que llevas al frente del Canal has apostado por compañías muy jóvenes como OGMIA (de danza) o Guindalera (de teatro) y, al mismo tiempo, por grandes figuras polémicas como Angélica Lidell. ¿Qué crees que quiere ver el público del Canal? ¿Cuál es tu criterio a la hora de programar?

El Canal quiero que sea un espacio donde haya una diversidad de programación, donde puedas encontrar desde artistas súper jóvenes que empiezan hasta los artistas más grandes y consagrados. Me parece que en un teatro como este con tres escenarios que tienen características tan diferentes nos podemos permitir ese eclecticismo en la programación. Me apetece que en el Canal haya además todo tipo de espectáculos, que haya la presencia de todas las artes escénicas: el circo, las danzas urbanas, danzas de todo tipo, por qué no, un ballet que viene de China con danzas tradicionales.

Creo que la riqueza de la programación también es cultivarse, aprender. Ver espectáculos a veces es como viajar, es el encuentro con otra cultura, con otra mente, con otra energía, con otra historia. Y bueno otra cosa que estoy haciendo en el Canal es intentar que no solo sea un sitio donde se ven espectáculos sino también un espacio de vida. Estamos haciendo exposiciones; los domingos está el Canal Familiar, espectáculos para familias que vienen con sus niños pequeños y luego pueden tomarse algo; los sábados hacemos el Canal Performance, performances en espacios del Canal que no son escénicos… Estamos intentando que el Canal sea un espacio donde cuando entras te vas a enriquecer, un sitio de aprendizaje, de cultura. 

¿Consideras que la mejor forma de nombrar al director o directora de una institución pública cultural como esta es «a dedo», como ha solido hacerse con los Teatros del Canal y en tu caso, o mediante un concurso público? 

En todos los países se hace de las dos maneras: hay puestos de este tipo que los nombra directamente el presidente del Gobierno, un ministro de Cultura o, como en mi caso, una consejera autonómica de Cultura. Y luego hay puestos que son por concurso. Pero bueno, creo que eso es una decisión política y no es que una cosa sea mejor que otra, creo que las dos están bien y de hecho es lo que se hace en todos los países. 

Blanca Li: «Los artistas de hoy tienen que saber comunicar, vender y conseguir dinero para montar sus espectáculos» 2

Foto: Eva Cubas

Acabas de estrenar a nivel mundial en los Teatros del Canal Le Bal de Paris, una experiencia de realidad virtual donde los espectadores entraban en escena junto a tres bailarines profesionales. No es nada común ver este tipo de espectáculos en teatros. ¿Lo consideras un espectáculo de danza, o es algo inclasificable?

Este espectáculo nadie lo ha visto nunca porque no se ha podido hacer nunca nada parecido. Ha sido muy complicado porque la tecnología de Le Bal de Paris es una tecnología que, cuando yo empecé hace dos años y medio, era imposible hacerlo, entonces en estos años hemos ido empujándola para hacer que pueda existir. Somos el primer espectáculo del mundo de estas características, por lo tanto yo estoy feliz de haber inventado algo que no se ha hecho antes. Aún sabiendo que probablemente si hubiera esperado dos años lo hubiera hecho con más facilidad, con menos tecnología, porque ahora mismo todo el mundo lleva unas gafas que van conectados a un ordenador de la espalda, a unos captores que van conectados al Wifi… Para que mi espacio funcione el nivel de tecnología que hay es increíble. 

Pero al final sí es danza, porque todo el mundo baila. Yo no digo que sea un espectáculo de danza, es una experiencia nueva, por el momento indefinida, una experiencia de realidad virtual, danza y música. ¿Qué quería yo cuando creé esta experiencia? Mi finalidad era que el público entrase en un espacio virtual donde está ocurriendo una historia, ellos participen en esta historia y acompañen a los bailarines profesionales de esta historia en su aventura. Los bailarines que están dentro son bailarines profesionales que están haciendo un espectáculo en vivo pero con un avatar, y lo que el público ve son bailarines de verdad que están bailando de verdad y ellos son invitados a compartir el espacio escénico con estos bailarines. Por lo tanto sí, es danza. 

Hace apenas un mes el Pavón Kamikaze anunciaba el cierre de su teatro, donde se han estrenado obras tan reconocidas como Hermanas o Jauría. Como creadora y artista, ¿por qué dirías que son necesarios los teatros privados en una capital como Madrid?

Todo es importante porque cada nivel de la cultura es importante. A mí siempre me gusta mucho que haya underground, una escena independiente, los pequeños teatros, porque al final son ofertas culturales diferentes y creo que cuanta más diversidad haya mejor.

En este vídeo, Blanca Li responde a nuestras 11 preguntas random: