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Blasphemous, la imaginería cristiana desde el otro lado del espejo

Foto: Blasphemous Game | The Game Kitchen

A menudo nos quejamos de la poca importancia que damos a nuestro folclore en la producción cultural de corte fantástico. La simbología que rodea a este género procede, casi siempre, de la tradición anglosajona, nórdica, y por supuesto de la griega o latina. Pero pocas veces miramos hacia nosotros mismos y reparamos en la potencia de nuestro acervo mitológico, en gran medida desconocido, pese a estar presente en nuestro día a día a través de refranes, historias populares o efemérides.

La idea de rescatar y reimaginar ese sustrato folclórico, tan cercano a todos nosotros, es la que ha llevado al estudio sevillano The Game Kitchen a lanzarse a una apuesta que tiene tanto de fascinante como de arriesgada. Blasphemous, un título de acción y plataformas para PC y consola (Xbox One, PlayStation 4 y Switch), editado por Team17, que bebe de la dificultad y la oscuridad de los Dark Souls (una franquicia tan particular que incluso ha dado origen a una etiqueta propia para denominar a sus “hijos”: soulslike). La provocación se expresa en el mismo nombre del juego. Blasphemous adopta la iconografía católica, en concreto la que rodea a la Semana Santa sevillana, para componer su escenario, Cvstodia, una ciudad en el reino de Orthodoxia; a su protagonista, un nazareno de corte siniestro, con un capirote metálico; y a sus enemigos, en los que podemos fácilmente identificar representaciones sacras, altares, imágenes y lugares tan icónicos como el Puente de Triana. Todo ello con una pátina macabra que no desluce el excelente trabajo de recreación que encierra su pixel-art, del que es casi imposible desviar la vista.

Y es que esa blasfemia que reza el título es engañosa. Nada más lejos de la intención de The Game Kitchen que levantar ampollas o buscar la ofensa fácil. No hay burla o chascarrillo, no se subvierte la simbología en aras de la lección moral o la agresión cultural. De hecho, el estudio ya explicó, durante la presentación que tuvo lugar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que se cuidaron bien de no incluir ninguna cruz cristiana. Desde el primer momento queda patente el profundo conocimiento de la estética de la que parte y su voluntad de reinvención a través de su propio discurso. Además de los referentes cristianos, Velázquez, Goya, Bernini o el Barroco en toda su amplitud son algunas de las claves más evidentes; muchas de ellas quedan desgranadas por el historiador especializado en videojuegos Alberto Venegas en este interesantísmio hilo de Twitter.

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Los enemigos de ‘Blasphemous’ son peculiares, como este gigante que lleva sobre la cabeza a la infanta Margarita de Austria. | Imagen vía The Game Kitchen.

Nuestro protagonista en Blasphemous, el misterioso guerrero ataviado con las ropas propias de un nazareno, recibe el nombre de Penitente. La espada que porta consigo es la Mea Culpa. Una traslación de iconos insertos en la cultura popular, de sobra conocidos por cualquiera de nosotros, que supone un soplo de aire fresco en la ambientación grimdark para jugadores foráneos, muchos de ellos cansados de la repetición constante de símbolos y figuras mitológicas archiconocidas. No es nada sencillo tomar un corpus preestablecido tan potente, readaptarlo, ajustarlo lo suficiente para situarse en la frontera entre lo nuevo y lo añejo, y ser capaz de mostrarse a ojos no entendidos como un mundo completamente nuevo.

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Una ambientación ‘grimdark’ decididamente diferente. | Imagen vía Blasphemous Game.

Como cualquier título de acción soulslike, el viaje que nos propone Blasphemous es duro, exigente. Solo debemos emprenderlo si estamos dispuestos a no rendirnos tras caer en abismos traicioneros o ser atravesados por bosques de pinchos, cuando creíamos que estábamos llevando a cabo el salto perfecto. A prestar atención a cada detalle en el escenario y a las pistas que nos dejan, y por supuesto, a no a creernos más listos que esos seres grotescos que parecen vagar de forma errática, esperando su momento. Pero es un periplo agradecido, al mismo tiempo, por extraño que resulte. Alcanzar uno de los altares que ejercen como punto de control nos produce una satisfacción insuperable. Serán las zonas desde la que reemprenderemos el camino cuando volvamos a caer, un efímero foco luminoso en un camino cada vez más tenebroso. Un descenso al abismo en una penitencia donde la redención no se encuentra a la vista.

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Escena de batalla de ‘Blasphemous’. | Imagen vía Blasphemous Game.

Aunque Blasphemous es el juego que ha catapultado a la fama mundial a The Game Kitchen (su Kickstarter, tres años atrás, superó la petición inicial de 50.000 euros para terminar en 275.000), no es su primer trabajo comercial, ni mucho menos el primero en el que muestran su intención de profundizar en el componente narrativo y la construcción de mundo.

El estudio se hizo un nombre en el universo del videojuego independiente con The Last Door, una aventura gráfica episódica que contó con dos partes (o “temporadas”) lanzadas entre 2013 y 2016. Un título que ha tenido un largo recorrido (podemos rastrearlo hasta hoy mismo, de hecho; fue portado recientemente a Nintendo Switch), y que también contó en su día con una base fiel de aficionados. No tan masiva como la de Blasphemous, eso sí, al encuadrarse de un género de nicho, pero suficiente para dejar claro que era un estudio al que no había que perder de vista, con una voluntad de autor muy marcada. Algo que se advierte nada más entrar a su página web, donde declaran sin rodeos que su objetivo es el de desarrollar “meaningful indie games” (“videojuegos independientes que importan”).

The Last Door se presentaba como una historia de terror psicológico que bebía directamente de Poe y Lovecraft, cuyo pixel-art fue evolucionando exponencialmente desde el primer episodio hasta el último hasta alcanzar un nivel de detalle y preciosismo apabullante, perfecto para cerrar la boca a quienes todavía piensan que se trata de una elección estética perezosa.

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Pantalla de Blasphemous desde la plataforma Steam. | Imagen vía The Game Kitchen.

The Game Kitchen puede estar satisfecho con su blasfemia, a la vista del aplauso unánime de crítica y público. Blasphemous ha sabido contentar a quienes buscan un desafío soulslike diseñado con esmero, que ofrezca justa recompensa por el esfuerzo; y sin duda despierta en todos nosotros esa fascinación por lo siniestro, común a los trabajos más oscuros de Goya o a los momentos escabrosos de nuestras leyendas populares. Merece la pena atreverse a aceptar el desafío de Cvstodia y descubrir todos sus detalles y secretos, aunque sea una penitencia plagada de espinas.

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