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Bob Dylan para literatos escépticos

Everybody must get stoned.

 

Puede que no sea el año más largo en la historia del universo, pero de vez en cuando a mí me lo parece. Tal vez sea una cosa de densidad más que de longitud. El 2106 sin duda ha estado lleno de momentos inolvidables, o por lo menos de acontecimientos de esos que les gustan a las redes sociales porque les dan para material por mucho tiempo, a veces en clave de tragedia como con las muertes de David Bowie, Alan Rickman, Prince, Johan Cryuff o Gene Wilder; la mayor parte como tragicomedia: rupturas como la de Brad y Angelina o la del Reino Unido con la UE; y otras simplemente distópicas: Trump.

 

 

 

Ahora, como para que no decaigan los ánimos a final de año, la Academia Sueca, encargada de los premios Nobel de literatura nos ha lanzado una bomba que sin duda da para hablar, filosofar y twittear por un buen rato: Bob Dylan se ha hecho con el Nobel de Literatura “por haber creado nuevas expresiones poéticas en el marco de la gran tradición musical americana”.  

 

Las reacciones en las redes han sido variopintas, por decir lo menos, desde gente que se alegra y siente que el Nobel de literatura ahora es “del pueblo y para el pueblo”, hasta otros que sienten que ese premio es bastante insípido y hasta cobarde, porque más allá de la maestría y el talento de Bob Dylan para la composición o su influencia en una audiencia que supera con creces la de la literatura… ¿qué viene luego, Murakami y Roth ganándose un Grammy?

 

 

 

 

 

 

 

En la página de los Premios Nobel se especifica que la información acerca de los nominados permanece sellada durante 50 años antes de poder ser leída por el público. Lo que significa que las probabilidades de cualquier persona en el demográfico 30-65+ tiene pocas posibilidad de llegar a saber exactamente quién nominó a Bob Dylan, para agradecerle su amplia visión y su espíritu rompedor o para echarle la culpa de esta dañina “imprecisión”. Dependiendo del lado en el que se ubique el lector.

 

Bob Dylan Blonde on Blonde_By Moody Man via Flickr bajo Licencia Creative Commons.

Bob Dylan Blonde on Blonde_By Moody Man via Flickr bajo Licencia Creative Commons.

 

Para los literatos que están dispuestos a cambiar de opinión o para los que aún no conocen la carrera de Bob Dylan lo suficiente como para formarse una opinión, Sara Danius, Profesora de Estética en la Universidad de Södertörn, de Literatura en la Universidad de Uppsala y Secretaria de la Academia Sueca a cargo del anuncio del Nobel, en sus declaraciones fue simple y directa: la decisión no fue difícil, Dylan, ha sido premiado por ser un gran poeta, en la tradición inglesa de Milton y Blake, pero de una manera original que mezcla escritura con oralidad, con performance.

 

“Yo me di cuenta que desde la antigua Grecia hasta hoy aún leemos a Homero y a Safo, ellos escribieron hace 2500 años (…) y sus textos fueron pensados para ser puestos en escena, generalmente acompañados de instrumentos, pero han sobrevivido, y sobrevivido de manera increíble, en la página escrita.”

 

Danius tiene un argumento. Tal vez nos tome 2500 años entenderlo, pero tiene un punto y una recomendación para aquellos que no quieren esperar tanto: escuchar el álbum de 1965 “Blonde on Blonde”. Este álbum en particular, casualidad o no, cumplió 50 años el 16 de mayo de este año, y ha sido descrito en la revista Billboard como el cenit de su genio musical en el que fusiona el blues, con la poesía Beat y el lirismo de Shakespeare, y del que él mismo dice ha sido el disco en el que más cerca ha llegado a recrear el “delgado sonido de mercurio salvaje” que lo habita. Es lo más Dylan de Dylan, digamos.

 

Mike Hogan, fan declarado de Dylan escribe en Vanity Fair que Blonde on Blonde es al tiempo una súplica, una maldición y un milagro. “El afecto, la burla, el culto y la traición unidos en una melódica y poética obra maestra seguida por otra y por otra. Cincuenta años después de su lanzamiento aún es difícil saber exactamente qué estaba comiendo Bob Dylan cuando grabó Blonde on Blonde,” y asegura que solo un veinticuatroañero en la cima del mundo podría sonar tan precoz, tan romántico, tan desgastado y tan incorregible.

Puede que a los literatos más escépticos les tome 2500 años comprender (¿respetar? ¿compartir?) la decisión de los suecos, pero si la tarea de intentar entenderla incluye escuchar a Bob Dylan, no está tan mal ¿no?

 

 

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