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Bob Marley, o el niño de los barrios pobres de Kingston que llegó a convertirse en icono cultural

Foto: Peter Murphy | Bob Marley Twitter | @bobmarley

La historia de Bob Marley es la de un niño de los barrios pobres de Kingston, Jamaica, que llegó a convertirse en un icono cultural y en inspiración para millones de personas en todo el mundo. Roger Steffens, considerado el principal historiador de reggae del mundo, le quiso rendir homenaje y dedicó cuatro décadas a la elaboración de Tanto que contar. Historia oral de Bob Marley, tras entrevistarse con más de setenta y cinco personas del entorno del rey del reggae.

Steffens, que estuvo en los años setenta de gira con Bob Marley y los Wailers, relata en su libro los episodios más relevantes y desconocidos del artista jamaicano, apelando a la más absoluta franqueza y sin eludir ninguna controversia. Aunque Marley nació —hace ahora tres cuartos de siglo— en un pueblo del norte de Jamaica, su madre y él se mudaron a Kingston cuando apenas tenía ocho años. Steffens señala que los primeros años de vida de Marley “estuvieron marcados por el abandono y el rechazo por parte de blancos y negros. Los primeros lo consideraban negro, y los segundos, que veían con malos ojos a los niños mestizos, se mofaban calificándolo de ‘crío amarillo’”.

A los diecisiete, Marley abandonó el instituto y se metió de soldador en un taller grande, pero siempre tuvo claro que lo suyo era la música. Por eso, empezó a componer canciones que clamaban por la dignidad, la esperanza y el fin de la opresión. El jamaicano comenzó su carrera musical a comienzos de los sesenta, tras fundar junto a sus colegas Bunny Wailer y Peter Tosh la banda The Wailers, con la que actuaría hasta el final de sus días.

Bob Marley, o el niño de los barrios pobres de Kingston que llegó a convertirse en icono cultural

Bob Marley en un concierto en Dalymount Park el 6 de julio de 1980. | Foto: Eddie Mallin vía Wikipedia bajo Licencia CC 2.0

El grupo, que cambió de integrantes en varias ocasiones, comenzó su carrera discográfica justo cuando Jamaica estrenaba su independencia de Gran Bretaña y gozó de bastante popularidad en el Caribe y acabó popularizando el reggae fuera del país insular caribeño. Es más, Marley y su grupo llegaron a lanzar once aclamados álbumes de distribución internacional después de firmar con el sello Island de Chris Blackwell.

Amante del fútbol y mujeriego empedernido, Marley se casó con la cantante cubana Rita Anderson en 1966, y fue a través de ella que el artista se convirtió al culto rastafari. De hecho, tanto él como su círculo íntimo decidieron mantener un régimen autodisciplinado para el ejercicio y la abstemia —aunque Marley se pirraba por la marihuana, que tenía una función sacramental para todos los rastafaris—. “Rita daría a luz a tres hijos de Bob, y terminaría representando una figura protectora para él, a la par que sufría sus continuas infidelidades”, cuenta en el libro Steffens.

El jamaicano viajó bastante durante los años sesenta y setenta, actuando tanto en Estados Unidos, como en Europa y África. A pesar de su fuerte culto, Marley nunca fue capaz de producir un éxito comercial en EEUU, sin embargo, su canción más conocida, I Shot the Sheriff, llegaría a lo más alto de las listas de éxitos estadounidenses cuando Eric Clapton versionó el tema.

Marley publicó su primer álbum en solitario, titulado Natty Dread —en el que se incluía la famosa canción No Woman, No Cry, en 1974, aumentando con él su nivel de conciencia política y erigiéndose en algo así como el portavoz de los desposeídos. La prensa mundial comenzó entonces a jalearlo como el nuevo ‘rey del rock’, pero fue el lanzamiento de Rastaman Vibration, en abril de 1976, el que le catapultó al estrellato internacional hasta el punto de que este sería el único de sus álbumes que logró meterse entre los diez más vendidos de la lista de éxitos musicales estadounidenses Billboard 200.

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Bob Marley & the Wailers en concierto en Crystal Palace en Londres en el verano de 1980. | Foto: Tankfield vía Wikipedia bajo Licencia CC 3.0.

En diciembre de 1976, el artista jamaicano estuvo a punto de morir asesinado después de que dos coches ocupados por sicarios irrumpieran en su mansión y abriesen fuego contra él, su esposa y su manager Don Taylor. Aunque aún se desconoce la verdadera razón de ese intento de asesinato, la teoría más aprobada sostiene que el origen del ataque perpetrado después de que Marley anunciase su intención de encabezar un concierto benéfico por la paz— era político.

“En ese momento había una gran pugna para conquistar el alma de la nación: era año de elecciones. Y Bob había apoyado al PNP en el pasado. [Michael] Manley convocó las elecciones tras el anuncio del concierto, y entonces dio la impresión, cuando las espadas estaban en todo lo alto, de que Bob Marley & The Wailers actuaban en apoyo del PNP”, aseguraba el periodista Stephen Davis en una biografía sobre Marley.

Después de aquella traumática experiencia, Marley se exilió en Inglaterra, donde en 1977 grabaría el que muchos consideran su mejor álbum, Exodus.

Poco tiempo después, la vida le dio un revés al artista cuando en septiembre de 1980 se derrumbó mientras corría en Central Park y el médico que le examinó descubrió que tenía un melanoma maligno con metástasis que se originó en el pulgar de su pie derecho. “Bob se sometió a pruebas médicas en Miami y Nueva York. Confirmaron rápidamente que estaba mortalmente enfermo y que el cáncer detectado al comienzo en el dedo gordo se había extendido a los pulmones y el cerebro”, explicaba Steffens.

A finales de abril de 1981, Edward Seaga, recién elegido primer ministro de Jamaica, llamó a Marley para informarle de que iban a otorgarle la Orden del Mérito, el galardón civil más alto. “Con él se reconocía no solo la enorme popularidad de Marley en Jamaica: también el prestigio que había logrado para el país con sus triunfos en el extranjero. Ningún jamaicano había hecho más para promocionar el nombre de Jamaica”, recordaba el poeta y músico Linton Kwesi Johnson.

Poco después, el 11 de mayo de 1981, Marley moría a los 36 años en un hospital de Miami, tras haberse sometido durante varios meses a un tratamiento de quimioterapia.

“Las últimas palabras que me dijo fueron: el dinero no compra la vida. Eso es lo que dijo”, recordaba su hijo Stephen Marley. Pero lo cierto es que el mismo día que el artista murió, nació su leyenda. A pesar de los años transcurridos desde su desaparición, la obra de Marley goza de más popularidad que nunca. La revista Forbes lo colocó en 2014 en el número cinco de su lista de estrellas fallecidas con mayores ingresos.

Tal y como apostilla Steffens en su manual: “Bob había predicho que el reggae crecería más y más hasta alcanzar a la gente correcta. Tal vez estaba hablando a su vez de sí mismo, porque se ha convertido en una de las superestrellas más perennes del siglo XX”.

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