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Bob Pop: “España es de derechas, al igual que su prensa"

Foto: Mauricio Rétiz | Turner Editorial

Escribir sobre España, estrujarla y criticarla desde los medios de comunicación. Eso ha hecho Roberto Enríquez, mejor conocido como Bob Pop, en su nuevo libro Un miércoles de enero (Turner, 2018).

Este ensayo es una píldora de 100 páginas donde Enríquez analiza los contenidos de toda la prensa escrita y las revistas del corazón del primer miércoles laborable de 2018. “La idea inicialmente es que fuese un libro de 100 páginas que se convirtió en un desafío para mí”, afirma Enríquez, quién trabajó durante cinco meses, todos los fines de semana, para poder terminar el análisis.

Un miércoles de enero es una lectura entrelíneas de la España actual, de cómo los medios ven a España, una instantánea que une los puntos que quizás no vemos.

 

 

¿Cómo llegaste a elegir el tema de Un miércoles de enero?

Mi idea para la editorial Turner fue: me gustaría coger la prensa un día y hacer una instantánea. A mí me gusta mucho ver el momento que está pasando, y vamos a verlo, no con carácter científico, pero detenido para poder analizarlo, y eso es un placer; por eso elegí escribir un libro y no la prensa digital. El papel te da esa sensación de 24 horas que la vida normalmente no te da; además era fantasear con la posibilidad de llevar esa vida, de comprar cada día todos los diarios y leerlos tranquilamente; de hecho, solo la posibilidad de tener una casa donde me cupieran todos abiertos ya era una fantasía maravillosa.

¿Te divertiste haciendo crítica?

Me apetecía mucho. Hacer crítica  y mirar cosas. Yo siempre que escribo, escribo como lector, no tengo nunca en la mente cómo va a acabar aquello. Yo me enfrento a los libros que hago, igual que a los libros que leo, con la capacidad de sorpresa y de deslumbramiento. No había prejuicios antes de ponerme con esto, sino ver qué me encuentro y a qué conclusiones puedo llegar.

 

Dices que no tenías prejuicios y que te querías sorprender, pero para hacer este libro, un ensayo donde haces un análisis del discurso de la prensa, tenía que haber cierto ruido para poder darse un pistoletazo de salida, ¿no?

Claro, pero yo pertenezco a una generación que comparte una veneración por la prensa en papel y a esa generación le ha seguido una enorme decepción, un desamor brutal. Entonces este libro es una historia de desamor. Yo antes me lo creía todo, me confiaba que me dieras una visión del mundo, y ahora me doy cuenta de que es muy incompleta, de que no se puede comprender nada solo a través de la prensa en papel. Pero que si cruzamos toda la prensa en papel cada día seríamos más sabios de lo que somos y estaríamos más preparados para entender cosas que nos van a ir contando después. Este libro es una forma de explicar que el país, un miércoles de enero, era como todos los demás.

 

¿Sí?

Probablemente porque España había dejado de ser esa posibilidad en la que creíamos. Yo creo que el país fue una forma de explicarnos que todo fue una fantasía y un espejismo. Este libro justo coincide con la llegada de Pedro Sánchez al poder, con el cambio de dirección de El País, con un espejismo que yo creo que ahora va a ser mucho más breve que el que vivimos en su momento, pero al menos nos va a dejar respirar un poco.

 

¿Esa es tu esperanza? ¿Cuál es la diferencia entre un miércoles de enero y un miércoles de julio?

Yo creo que ahora hay un momento de respiro.

 

Pero sigue siendo lo mismo…

Sigue siendo lo mismo, lo único es que nos ofenden menos y tenemos la sensación de que podríamos cambiar las cosas si quisiéramos y, por otro lado, también nos van a dar una lección del escaso margen de maniobra que hay para cambiar las cosas. Todo va a ser un gesto y nos conformamos con gestos, eso no está mal, porque nos han hecho cortes de mangas todo el rato y ahora al menos nos están tendiendo la mano, todo lo demás va a seguir igual. Es como si trabajáramos en una empresa donde estamos mal pagados y una nueva situación está dándonos lo que llaman esos gurús odiosos, salario emocional. Es ese respiro que nos está dando el país con mayúscula y sin minúscula.

 

Bob Pop: “España es de derechas, al igual que su prensa”. 2

Imagen vía Turner Editorial

 

 

 

¿Crees que los gestos servirán para algo? ¿Serán el primer paso de una nueva política?

Yo creo que no servirán para nada, ojalá me equivoque. Yo creo que solo van a servir para que la derecha llame a filas, hagan un recuento de quiénes son los suyos para volver a tomar el poder que creen que es de su propiedad, porque no en vano ellos creen que ganaron la guerra, entonces ellos están dando esa sensación de recreo, de hacerle creer a la izquierda que no cambian tantas cosas y están esperando que haya un bajón económico y, a partir de allí, volverán a decir es que lo que necesitáis es esto, y demostrar que España es de derechas, al igual que su prensa.

 

¿Nunca habrá una conciliación en los poderes?

Yo creo que debería haber una revolución.

 

Una palabra interesante, ¿en qué sentido una revolución?

Creo que los medios de comunicación deberían estar en manos de gente con un discurso que no fuera el del establishment; creo que la represión del establishment debería ser menos poderosa. Creo que el poder de la gran banca española debería estar más controlado por el poder político y creo que estamos sometidos a eso. Es un país construido en eso. España es un país pyme y al ser un país pyme estamos dependiendo de la bondad del patrón, y lo único es que nos ha tocado un patrón más bondadoso pero seguimos en manos del patrón.

 

España es muy feudal en muchos sentidos, tiene una gran raíz que tiene que ver con la dependencia. ¿Dónde están los medios informándole a la población que no debe ser una relación de dependencia con el Estado?

Los medios en papel no hacen nada y la televisión perpetúa ese modelo. Luego hay una prensa digital que justifica su libertad a través de la suscripción de los lectores, y es muy curioso porque es una forma de decir “si quieres ser libre, págalo”, que no deja de ser también un componente muy neoliberal. A mí me gustaría poder leer una prensa libre sin tener que pagarla yo.

Entonces, ¿cómo se mantiene la prensa?

Porque la gente a cargo de esto tuviera la idea de libertad real y la idea de posibilidad de un cambio, pero claro, es muy difícil y al final están apelando a que nosotros nos tenemos que buscar la vida.

 

Pero no nos tendríamos que buscar la vida de una u otra forma, ¿no deberíamos poder ser autónomos?

Sí, pero me gustaría que la democracia sirviera para que una mayoría social planteara un cambio en el sistema donde todo fuera más amable, donde vivir fuera más fácil.

 

Donde todas las visiones de España se unan y se entiendan…

Sí, o que al menos entiendan que hay un fin común y ese fin común es estar bien.

 

Pero, ¿hay un fin común?

Yo creo que sí. A mí me encanta esa visión americana donde la felicidad es el último objetivo de un país; pues que la felicidad fuera un fin común no estaría nada mal, que los sueldos fueran dignos, etc. Hay una cosa que me inquieta mucho y tiene que ver con la estructura financiera y económica, cómo funcionan los ascensos en el mundo laboral. Si tú eres muy bueno haciendo algo, no te pagan más por tu experiencia haciendo eso, sino que tu ascenso significa que dejas de hacer tu trabajo para empezar a gestionar el trabajo de otros que hacen el trabajo que hacías tú antes, y eso ya es un error del sistema. Es decir, si tú eres muy buena redactora, que no te hagan redactora jefe, que te paguen más cada año porque quizás tu aspiración no es ser jefa de nadie, sino ser trabajadora haciendo lo que sabes hacer con el mejor sueldo posible, eso creo que haría cambiar las cosas.

 

Pero entendiendo la política en España, ¿no crees que hay una falta de gerencia? Hay gerentes que no hacen lo que tú propones, hay gerentes que no le pagan más a un trabajador que es bueno.

Es que lo que deciden es que al fin y al cabo han cobrado menos y no ha pasado nada. Yo creo que sí hay gerencia, pero es una gerencia perversa. Es una gerencia que va en nuestra contra todo el rato. A mí me parece que España perdió la gran oportunidad del 15M. Yo me acuerdo que antes del 15M, cuando me juntaba con amigos de izquierda, siempre el iluso era: “el día que salgamos a la calle se van a cagar”, y llegó ese día y fue espeluznante porque los poderes descubrieron que no pasaba nada, que podíamos manifestar, que podíamos acampar y todo estaba igual y eso fue la gran oportunidad perdida.

 

Más allá de las instituciones y los poderes, ¿el 15M no termina siendo un símbolo para cierta clase social y política pero que al resto no le importó y por eso no se capitalizó?

Yo me acuerdo que en la época del 15M yo trabaja en el diario Público e hice un ejercicio que era irme a Plaza de Cataluña a ver que estaba pasado allí y luego ver la tele y los periódicos para ver qué estaban contado de lo que estaba pasando ahí y era completamente diferente, y los medios nunca entendieron eso, y como no lo entendían pensaron que podía acabar con sus privilegios, porque también la historia de la prensa en España es la historia de los privilegios.

 

¿Esa mala comunicación del 15M fue un problema de la izquierda?

El problema fue que la izquierda no tenía los altavoces suficientes para llevar su mensaje sin el filtro de lo establecido, de la casta –un referente muy de la época-. Al final la casta puso un filtro de Instagram muy bestia.

 

Pero el 15M también enseñó que la casta puede cambiar pero sigue siendo casta o por lo menos es lo que se ha visto en España en los últimos 10 años. ¿Es un paralelismo?

Yo creo que la composición del poder tiene eso. Cuando prometieron los ministros del gobierno de Pedro Sánchez, sí hubo un cambio brutal: ninguno juró sobre la Biblia y la cruz, y todos prometieron, pero una cosa que me llamó profundamente la atención y es que todos prometían dos cosas: lealtad a la Constitución y al Rey y guardar los secretos del Consejo de Ministros. Entonces un poder que se compromete a guardar los secretos no es democrático. Estamos partiendo de una premisa equivocada. Aquí las dos Españas están muy marcadas: la que mantiene los secretos y la de los demás que no conocemos los secretos, secretos que afectan a nuestra vida, porque es gente que está gobernando en nuestro nombre. Que la esencia del poder sea el secreto me parece que determina mucho.

 

Bob Pop: “España es de derechas, al igual que su prensa”.

Foto: Mauricio Rétiz vía Turner Editorial

Pensando en la visibilización de los secretos, pienso que este año el feminismo ha emergido entre las cenizas y en Un miércoles de enero analizas muchas cosas sobre la invisibilidad femenina en los medios. ¿Por qué crees que el poder le tiene miedo al empoderamiento femenino?

No sé si es miedo. Yo entiendo el machismo como una forma de no renunciar a tus privilegios y que son unos privilegios que el feminismo te está haciendo consciente, y cuando el machista es consciente de que esos son sus privilegios puede reaccionar de dos formas: ostia, es verdad, tengo que bajarme de aquí u ostia, es verdad, no puedo renunciar a esto, la vida va a ser más incomoda para mí. Entonces mas que miedo, es esa forma de aferrarse al privilegio.

 

¿Pero cuál es el miedo de ser iguales?

A perder el privilegio, porque el que está abajo dirá “pongamos en el medio”, entonces el que está arriba piensa “no, no, yo no voy a bajar”, entonces surgen estas cosas muy bestias que dicen “que suban los demás, que aquí los estamos esperando” y surge la meritocracia diciendo “que peleen y coman la mierda que hemos comido los demás”  y eso es lo terrible. Hacer consciente a los privilegiados de sus privilegios en muchos casos les ha hecho aferrarse aún más a ellos, en vez de buscar la igualdad.

 

Sin embargo, se sigue ratificando en España y se les da valor a los antihéroes, a los futbolistas que roban, a los gobernantes, etc. ¿Por qué la sociedad los premia?

Yo creo que eso está cambiando un poco, no mucho.  Lo que sí creo que hay es la sensación de que se roba porque hay mucho. En España, el PP o los partidos catalanes han robado no solo para ellos, han robado para perpetuarse en el poder y para un bien que ellos a sus votantes les han hecho creer que es el suyo. Al final el PP roba para poderse permitir campañas electorales por las que van dopados; Pujol roba porque va a tener una bolsa de resistencia para tener ahí la independencia que todo el mundo quiere. Al final te están contando que roban para ti y es mentira, roban para ellos.

 

¿Crees que esa es la premisa por la cual la gente vota? ¿Crees que la gente hace esa reflexión?

Sí es la premisa pero hay mucha gente que no llega a esa reflexión y también está el “todos roban”.  Yo creo que hay esa sensación donde hay un lugar donde te corrompes y mucha gente piensa que no llegue yo allí porque seguramente haría lo mismo. Hay mucha gente que quiere estafar a Hacienda con una factura sin IVA, pero eso es también porque no has entendido que estás construyendo un país para todos a través de eso, que enlaza con lo que hablábamos antes, una sensación de bien común. Quizás yo soy muy ingenuo en eso, pero ojalá pueda ser posible que con nuestros impuestos tengamos unos buenos medios públicos. Yo trabajo para eso.

 

Pensando en Hacienda y en los impuestos, ¿qué crees del caso de Màxim Huerta, especialmente para ti que también trabajas en televisión?

Yo tengo una buena relación con él y a mí me hizo mucha ilusión cuando le nombraron ministro, pero creo que él pecó de ingenuo al pensar que estaba superado. Creo que cuando llega él a ese gobierno era implanteable que él fuera ministro porque si llegamos al gobierno de Pedro Sánchez era porque veníamos de un cansancio brutal de hacer las cosas intentando buscar la trampa y eso fue un error de su parte. Pero más allá de su contubernio con Hacienda, su recibimiento por parte de la cultura española fue profundamente clasista, le recibieron como un outsider, como a alguien que viene de la tele y que escribe libros para señoras y le despreciaron bastante, y toda la celebración de Pepe Guirao manifestó eso, un profundo clasismo en el establishment cultural español. Màxim hubiera sido un magnifico ministro de cultura sobre todo por eso, porque se creía que era una ascensor social que es una cosa que se ha perdido en España y es una lástima. En cambio hubo un momento en que en este país llevar a tus hijos a la universidad significaba que iba a ver una diferencia en su vida con respecto de la tuya, y luego nos demostraron que no, que los estándares que estamos vendiendo son los futbolistas, los participantes de Hombres, mujeres y viceversa y los instagrammers.

 

Tú que trabajas en televisión, ¿por qué hay menos Buenfuente y más Sálvame?

Porque hacer Buenafuente significa una inversión en talentos, en guionistas, en escenario, en luces, hay música en directo y es mucho más barato tener a tres señores gritándose, sin guionistas y sin contenido. Se ha tendido a una televisión low cost, tanto en tele como en puestos de trabajos, por eso no hay más Buenafuente, no porque nosotros estemos locos y tengamos un presupuesto loquísimo y la mayoría de la televisión busca formatos muy baratos.

 

¿Dónde está la salida al sistema que perpetúa ejemplos como el de Sálvame?

No lo sé. Yo creo que la salida está en el humor y en mirarlo todo y en decirles: oye, que me he dado cuenta, que hago este chiste para demostrarte que no soy tonto, que estoy aquí atento. En algún momento, si nos juntamos todos, somos capaces de cambiar algo.

 

¿Qué esperas leer en el primer miércoles de 2019?

Espero unos medios más plurales, donde la clase trabajadora tenga más presencia y donde el espejismo del 8M sea más que eso, y la mujer tenga otro papel y voz propia.

 

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