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Tres bodegas emblemáticas del barrio Gótico de Barcelona

Foto: Bodega La Palma | Facebook

Apenas quedan ya unas pocas bodegas tradicionales de las muchas que abarrotaban hace décadas el Casco Antiguo de Barcelona. Las que quedan todavía en pie son los últimos mohicanos de un mundo que muere poco a poco, ahogado por la masificación turística y la inseguridad, pero también por el cambio de gustos de un público local que se queja con vehemencia de la desaparición de esos negocios emblemáticos… pero que casi nunca los visita. Las tres bodegas de este artículo son la excepción a esa (triste) regla.

Los platos icónicos de La Palma. | Foto vía Bodega La Palma Facebook.

Bodega La Palma

La Palma es La Palma desde 1935. Entonces sólo era una bodega de vinos a granel que no comenzó a servir platillos hasta 1952. Treinta años más tarde, llegó la señora Carmen, quien trabajó por mantenerla a flote hasta 2005.

Desde entonces, quienes están al mando de La Palma son Albert y Judit, que cogieron la bodega tal cual estaba, pero empezaron a servir platos más elaborados: croquetas de guisantes, de calamar, platillos de brandada, caballa en escabeche… Cocina sencilla y honesta. “El barrio ha cambiado mucho en poco tiempo, de los clientes de la señora Carmen podríamos decir que prácticamente no queda ya ninguno viviendo por aquí, así que no queríamos sobrevivir limitándonos a platillos de fuet y pan con tomate”, dice Albert.

Era renovarse o morir y la elección estaba clara. A mediodía, su menú de 13 euros atrae a trabajadores y funcionarios de la zona. Por la noche, La Palma se llena de turistas que andan desorientados por estas calles estrechas buscando un rincón pintoresco donde comer buena cocina local.

Bodega La Palma: c/ La Palma de Sant Just, 7. 08002 Barcelona

Horario: Lunes – Sábado: 12- 24h.

Foto vía Bar El Tropezón Facebook.

Bodega El Tropezón

En 1969, el padre de Óscar Martínez abrió la Bodega El Tropezón. En realidad, él le cogía el testigo al propietario original, que sólo la tuvo abierta unos meses. El señor Martínez, padre de Óscar, trabajaba por cuenta ajena en la antigua Bodega La Jarra, hoy convertida en la Pulpería Celta, a pocos metros del Tropezón. Pidió el finiquito y con el dinero comenzó su andadura hasta que se jubiló. Entonces se hizo cargo su hijo.

Decir que Óscar lleva en El Tropezón desde 2009 es faltar a la verdad. Óscar ya olía los vinos de esta bodega antes siquiera de saber andar y, en un rincón entre la barra y la cocina, ahí estaba él, echando los primeros dientes en una cuna.

La bodega continúa exactamente igual que la tenía su padre, no ha cambiado ni las maderas. Lo que ya no hay es vino a granel, pero las barricas que coronan la barra recuerdan aquellos tiempos. Tampoco hoy el público es el mismo de siempre. “Nosotros seguimos trabajando exactamente igual. Las patatas bravas y la bomba son los platos fuertes de la casa, con la misma receta que tenía la cocina de mi padre. Pero el barrio ya no es el mismo. Ahora empieza a parecerse a aquel barrio degradado de la Barcelona preolímpica”, dice Óscar.

Bar El Tropezón: c/ d’en Gignàs, 20. 08002 Barcelona

Horario: Lunes – Domingo: 14-24h.

La Galera. | Foto: Inma Garrido | The Objective.

Bodega La Galera

Hace más de 90 años, esta bodega era el avituallamiento de los arrieros que pasaban por Barcelona. Entonces, sólo una diminuta mesa de mármol y varias barricas que tenían papel de periódico por mantelería fina llenaban este espacio de paredes abarrotadas de botas y grandes bocois. En aquellos tiempos, esta bodega no tenía ni nombre. Luego pasó a conocerse como “la bodega de Juan”, a veces también “la bodega del gordo”.

Pasaron los años, las costumbres y el vecindario, y esta bodega que comenzaba a caerse a pedazos se reformó y quedó como lo que es hoy desde hace 25 años. Su dueño, Nicolás Pulido, quiso que tuviera un nombre: La Galera. La llamó así por afinidad marítima y un guiño cariñoso a los apellidos de su madre. Aunque ya no están todas las botas de Juan, siguen existiendo algunas encima de la barra, y ahora, para comer las tapas de anchoas del norte, pulpo, bravas o embutidos, hay mesas y sillas, no barricas.

“Te va a costar encontrar bodegas por aquí”, me dice Nicolás. “La gentrificación destruye, ahora todo es cartón piedra y tristeza. Esta situación nos está llevando a desaparecer”. Me gustaría poder llevarle la contraria, pero sería una estupidez por mi parte decirle que lo que vive (y sufre) cada día de primera mano es mentira.

Bodega La Galera: c/ Regomir, 28. 08002 Barcelona.

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