Soñando con magia tifoniana
Foto: Cedida por el autor

Cultura

Soñando con magia tifoniana

«El sueño es un camino más como la meditación, rezar o las drogas, un medio para contactar con otras realidades». Conversamos con el escritor y editor Carlos M. Pla por su última novela 'El sueño de Tifón'

por Albert Gómez

Hay un extraño ángulo que solo otorga la perspectiva que permite vislumbrar las narraciones de terror convertidas en filosofía. Si el entonces iniciado conserva la dirección y mantiene los ojos abiertos frente a la deconstrucción entonces los retazos de filosofía se convierten en bisagras para la magia. 

Ese es el viaje al que nos invita el autor valenciano Carlos M. Pla con la novela El sueño de Tifón (Aurora Dorada Ediciones, 2021) en el que a través de la historia de la maldita familia Verdeguer y su explotación minera somos iniciados en otros tipos de magia como la tifoniana. Esta corriente fundada por el mago Kenneth Grant, derivada de la corriente del Thelema, sostenía contactos con una entidad extraterrestre llamada Lam y consideraba que las obras conocidas como los Mitos de Cthulhu eran en realidad algún tipo de similar revelación de tenebrosos seres que descansan en el vacío y a los se puede contactar con conocimiento esotérico.

Es esta mezcla la que convierte el libro en el mayor punto y aparte dentro de la tradición española lovecraftiana desde que Rafael Llopis editara las primeras traducciones bajo influencias lisérgicas. Son innumerables las propuestas hispanas a los mitos durante este medio siglo (Extraños eones de Emilio Bueso, Mataré a vuestros muertos de Daniel Ausente, Combustible Lovecraft editado por Orciny Press, la antología que le dedicó en catalán Ofelia Dracs…). Sin embargo, suelen funcionar como homenajes, adaptaciones o revisiones pop mientras que la propuesta de Pla suelta un mazazo de originalidad.

Por todo el interés mágico con los seres de los Mitos su propuesta también se aleja del canon americano que construye S.T. Joshi que funciona desde los géneros literarios. Se parece más bien a las conclusiones filosóficas de Graham Harman en Realismo raro: Lovecraft y la filosofía (Holobionte, 2020), uno de los padres de la Ontología Orientada al Objeto que extrae conclusiones materialistas de sus frases más imprecisas. Pero Pla da un paso más allá añadiendo otras conclusiones mágicas.

Un faro lejano, una mina de ocre en decadencia, desgracias familiares, los conflictos políticos en España a principios del siglo anterior… Todo ello se mezcla en la novela con la cara oculta de las Sefirot, cabalistas del Árbol de la Vida, con luchas entre magos, cuevas arcanas, visiones de dioses egipcios y seres nacidos en las pesadillas.

Carlos M. Pla (1990, Xátiva) es editor, escritor, traductor e historiador del arte. Es autor del ensayo el ensayo Ocultismo y videojuegos (Archivos Vola, 2019) y editor en Aurora Dorada Ediciones, sello valenciano independiente de ensayo y narrativa centrado principalmente en ofrecer obras literarias de temática oculista y esotérica. Entre los títulos que ha traducido y/o editado en español se encuentran La hija de Pan. El mundo mágico de Rosaleen Norton de Nevill Drury, La Makgia de Maat de Nema Andahadna, Libro del Placer de Austin Osman Spare y Makgia sin Lágrimas de Aleister Crowley. Se considera devoto de la música de Current 93. Para profundizar en esta aportación a la vigencia del horror cósmico y la magia tifoniana establecemos contacto por videollamada.

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Imagen vía Aurora Dorada Ediciones.

Me da la impresión leyendo el libro de que el conocimiento es una carga, especialmente con algunos personajes de la familia Verdeguer.

Ya esto se ve en la propia literatura de escritores como Lovecraft, en la cual los propios personajes cuando entran en contacto con lo oculto se vuelven locos. Es como el arcano del tarot número cero, el loco, al finar estar iluminado va de la mano de la locura. Se ha visto muchas veces en la historia en figuras como Antonin Artaud u otros que se han metido un poco en la senda del ocultismo y la magia. Va de la mano con el tema de la esquizofrenia y ciertas drogas. Al final el conocimiento es una responsabilidad, es una carga, es algo peligroso. Muchas veces la gente no es consciente de lo que se enfrenta. Yo estoy bastante en contra de lo que es la new age porque trata de domesticar algo o intenta que el tema del ocultismo sea para encontrar paz mental. El que se mete en la magia no busca autoayuda, busca entender la realidad aunque con ello conlleve un trago de locura. El personaje que más muestra esa responsabilidad es la abuela Martina, la que de alguna manera empieza la historia. Entrar en altas esperas exige algo de desconexión de la realidad consensual, basada en lo material. Cualquier persona que se dedique a estos temas es consciente que al final debe pagar un precio. Eso va a hacer que la sociedad o el sistema te perciba como un loco. 

Llama la atención que sea una novela escrita desde la contemporaneidad pero que da tanto peso a las sagas familiares y a las genealogías. ¿Cómo nacen los personajes?

Es una relación coral y ningún personaje termina por volverse el protagonista. Realmente el proceso de la novela viene de un viaje que hice a Altea que fue muy inspirador. En esa sierra existió una familia real de mineros, de hecho había una mina de ocre allí, la mina de la Virgen del Carmen, en un periodo de tiempo idéntico. Hubo también fareros y una foto de familia en la que me inspiré. Pero yo en la novela estaba jugando a hacer algo más que una novela. Es una novela de ficción extraña pero quería jugar con la realidad. Toda ella parte de cosas que han existido y luego voy trazando puntos de unión. Tiene un montón de eastern eggs casi como sincronicidades. La escribí desde una perspectiva casi de escritura automática. Cuando volví del viaje escribí la novela como un torrente, todo muy rápido que surgía de una manera casi inconsciente que conectaba con la magia tifoniana sin ser yo consciente de ello. 

¿Cuál es el poder de los sueños?

Desde siempre han sido una puerta a otros estados de percepción y conciencia. Yo parto bastante de Jung y también de Kenneth Grant que da mucha importancia a los sueños, y para mi los sueños son muy importantes en la magia y en los rituales porque vienen de nuestro inconsciente, que no subconsciente, en un sentido muy de Austin Osman Spare: el de contactar con otras entidades con otros estados de conciencia. El sueño es un camino más como la meditación, rezar o las drogas, un medio para contactar con otras realidades. De hecho, el título del libro hace referencia al sueño que tienen los arcontes. Es como si estas criaturas o daimones, o el propio Tifón, como que de alguna manera están soñando nuestra realidad. 

¿Qué llamó tu atención de la tradición lovecraftiana?

Yo no intento ser un escritor de los ciclos de Lovecraft ni los Mitos de Cthulhu, no hago ninguna referencia a sus dioses. Quiero otra cosa, encontrar mi propia voz. No tengo la necesidad de ser un escritor de los Mitos ni le encuentro la gracia a seguir una tradición que es perfecta y está cerrada. Tampoco quería entrar en el terreno de la fan fiction.

¿Has escrito sobre territorio valenciano por nacer allí o tenías especial interés en resaltar su vida interior ocultista?

Cuando fui a Altea y la Serra Gelada sentí una energía como muy especial y eso al final es lo que me ha llevado a escribir esta historia. No soy un escritor de fantasía, me gusta escribir sobre la realidad. No me gusta el término fantástico porque implica que algo no existe, son categorías que están hechas desde el academicismo o lo rancio y al final todo tiene su cuota de realidad. Valencia —y toda España— siempre ha sido muy propensa a ese tipo de vida interior. España en ese sentido me fascina, es un país muy esotérico, mágico y pagano. Pero luego el catolicismo también me fascina porque es súper barroco y la Semana Santa es tétrica y macabra. Todo lo que hay de espiritual en España me fascina porque siempre es excesivo. Valencia siempre ha sido muy propensa a la psicogeografía y la hiperstición. Luego está el tema de Alcàsser y la desaparición de Macastre. En el peñón de Ifach, que está muy cerquita de donde yo escribí la novela, encontraron elementos rituales en el fondo del mar. Resulta que la gente iba al peñón a hacer rituales y tiraban las cosas al océano como una especie de rito. Incluso se encontraron bolsas con huesos humanos allí.

Yo veo una línea que os une a Rafael Llopis y a ti en una interpretación visionaria.

Vaya por delante que respeto un montón a Llopis, fue el primero que trajo los Mitos a España en los años setenta, es uno de los dos grandes junto a Francisco Torres Oliver. Para mí es un honor que me compares con él porque yo no quería ser un escritor de los Mitos. Dentro de los mitos había muchos escritores mediocres como Robert Bloch o August Derleth, aunque respeto mucho su labor como editor en Arkham House.

¿Cuál es la importancia de Kenneth Grant?

Es muy grande porque me baso parcialmente en su cosmología de las trilogías tifonianas y porque él creó una corriente con la que revaloriza a figuras como H. P. Lovecraft o Austin Osman Spare. La influencia es palpable en el hecho de que haya contactos con entes interdimensionales. Me baso mucho también en el dios Set. Además la portada de la novela es una ilustración de Linda Falorio que tiene un tarot tifoniano y la carta que aparece es la del diablo. Con ello quería dejar claro de que en el libro se hablaba de lo reprimido e inconsciente, y que lo que viene a decirte es que en lugar de la represión hay que dejarse llevar por lo primigenio y salvaje. 

¿Por qué crees que el fandom condena a la marginalidad obras como estas?

Esta pregunta puede ser extensible a mi novela y a toda la editorial. Mi novela tiene un estigma doble: ser ocultista y ser de ficción extraña. Siempre he dicho que hacemos contracultura porque de alguna manera estamos en otra nota. El ocultismo está mal visto por motivos que son muy obvios, y al final desde la cultura se dicta una versión oficial del buen gusto. Creo que la gente no entiende bien lo que es el ocultismo por culpa de la intoxicación que recibimos desde los años sesenta, con el tema del new age, que se quiso capitalizar el ocultismo para usarlo como una herramienta para tu bienestar cuando es todo menos eso. También ha sido ridiculizado por ciertos programas de televisión y por la ‘videncia’ de las tres de la madrugada.

¿En dónde se puede seguir profundizando en lo tifoniano después de leer tu libro?

Por supuesto El renacimiento mágico de Kenneth Grant, que es el primero de la trilogía tifoniana. Luego el de La makgia de Maat de Nema Andahadna, que ha aparecido en Aurora Dorada. Y en inglés, The Voudon Gnostic de Michael Bertiaux. 

Albert Gómez

Lleida, 1992. Es periodista, traductor y guionista