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Carmen G. de la Cueva: “Nos parecemos muchísimo más a Simone de Beauvoir de lo que pensamos”

Foto: Sonsoles Yovanka | Penguin Random House

La nueva novela de Carmen G. de la Cueva, Un paseo por la vida de Simone de Beauvoir (Lumen, 2018), revisita la vida de la emblemática pensadora francesa a través de varias voces del feminismo actual. El texto lo complementan las ilustraciones de Malota, quien ya había colaborado con la autora en su anterior libro, Mamá quiero ser feminista.

En esta obra el feminismo se presenta desde la mitificación y la desmitificación de Simone de Beauvoir, a partir de un lenguaje sencillo con ilustraciones que acercan al icono del feminismo -que estuvo siempre unida a Jean-Paul Sartre- al público general. Un paseo por la vida de Simone de Beauvoir quiere dar a conocer la figura de la pensadora francesa, más allá de las frases repetidas que todo el mundo nombra pero que nadie conoce de dónde vienen.

Carmen G. de la Cueva expresa su conocimiento casi devoto de la madre de El segundo sexo y confirma que para ella lo importante es acercar al lector a la pensadora francesa. Su búsqueda para escribir la novela lo confirma. En la  desmitificación “en ese proceso de quererla y odiarla, hice una amiga” afirma la periodista española.

 

En Mamá quiero ser feminista nombrabas a Simone de Beauvoir, ¿por qué decidiste seguir desarrollando el tema y hablar del icono francés?

Si ves la portada de Mamá quiero ser feminista, la imagen era Simone, y cuando elegimos esa portada nunca pensé que iba a escribir una biografía sobre ella porque me parecía muy ambicioso. Sin embargo, pensé que era un personaje que todas nos sabemos de memoria con sus fotografías, sus citas recurrentes, pero que no la habíamos leído, que no la conocíamos. Yo quería explorar quién fue realmente Simone de Beauvoir, qué fue lo que hizo, qué escribió, y en este libro he intentado abordar eso y desmontar los mitos y las leyendas entorno a su figura.

¿Pudiste interpelarla? ¿Has logrado pasar a amar aspectos que antes odiarías del personaje y del ícono?

Totalmente, el proceso ha sido muy difícil, porque he querido contar una Simone alejada del prejuicio.

¿Cuáles eran esos prejuicios?

Había varios, en sus textos al principio era muy dura con las mujeres. Su relación con Jean-Paul Sartre era un lugar de sombra y otras contradicciones. Ahora es conocida como un icono del feminismo pero ella no se declaró feminista hasta finales de los 60 y ahí empezó hacer del feminismo su lucha, pero El segundo sexo lo escribió desde otro lugar que no era el de una mujer que escribe sobre su condición y su género.

¿Crees que sus primeras obras son una fachada que no la representa o que no representaría al feminismo?

Yo creo que todas sus obras nos representan y nos sirven para entender el feminismo muy bien. Ella se estaba conociendo y es muy interesante porque es una escritora que escribió muchísimo sobre sí misma y no suele ser lo frecuente.

Muchas veces se escriben correspondencias o diarios que permanecen guardados y luego hay una mano que los edita, pero ella publicó su autobiografía en vida y, al final, contó lo que quiso contar y es muy interesante ver el testimonio de su primera infancia y cómo se fue construyendo como mujer. Era una chica muy precoz, muy madura, su padre decía que tenía cerebro de hombre; se iba haciendo mujer, haciendo escritora y, al final de todo, se hace feminista.

Es interesante esa evolución que ella va percibiendo a medida que va escribiendo su autobiografía.

Si pensamos en Simone de Beauvoir, Frida Kahlo, Madonna o Beyoncé, podemos ver que son iconos pop del feminismo y quizás han seguido patrones muy masculinos para poder llegar dónde están. ¿Cómo podemos interpelar esas formas de poder desde el feminismo?

Simone no se llevó a ninguna mujer por delante y no desautorizó a ninguna mujer. Nació a principios del siglo XX, vivió la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial, varias revoluciones y no debemos juzgarla desde nuestra posición actual. Yo no sé que clase de escritora habría sido yo si hubiera nacido en 1908; yo solo sé que nos parecemos muchísimo más a Simone de Beauvoir de lo que en realidad pensamos y la única forma de reconocerse y de buscarse en ella es conociendo su obra, y no solo El segundo sexo. Cierto que es un ensayo muy interesante y necesario en cuanto a la historia del pensamiento moderno, pero ese ejercicio de genealogía para descubrir lo que escribieron otras mujeres que han pasado mucho antes por cosas que hemos pasado, eso hay que seguir haciéndolo. Simone dejó una obra autobiográfica tan grande que hay espacio para seguir contándola.

Yo por lo menos no hablo de Una muerte muy dulce, la obra que le dedica a su madre o de La ceremonia del adiós o de La vejez, ensayo sobre hacerse vieja y lo que eso implicaba. Yo creo que ella no se sentía feminista porque fuera una persona especial y distinta en un mundo muy masculino. La intelectualidad francesa era notablemente masculina. Porque, al fin y al cabo, había dos modelos: la mujer que se quedaba en casa y cuidaba a la familia y el hombre intelectual que tomaba el espacio público. Pero ella fue la mujer intelectual que tomó el espacio público y luchó porque su voz se oyera, y yo creo que eso en sí es feminista y es revolucionario.

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Portada de ‘Un paseo por la vida de Simone de Beauvoir’ | Imagen vía Lumen

¿Cómo podemos ver el pensamiento existencialista hoy en día? ¿Qué podemos sacar del existencialismo del que fue parte Beauvoir en el mundo actual?

Es historia para comprender el presente. El segundo sexo fue el primer ensayo que puso sobre la mesa que el género era algo construido, eso es un paso muy importante. Yo creo que no hay ningún ensayo a la altura de El segundo sexo, pienso en La mística de la feminidad pero se queda lejos.

Además, El segundo sexo es un ensayo paritario.

Yo creo -estoy convencida- por todo el proceso y el lenguaje en el que está escrito, tan académico, tan sesudo, que ella lo escribió para un lector masculino.

Una lucha para ganar adeptos, quizás…

Sí, el lector masculino es el que da autoridad. Al final la obra literaria se ve a través de los ojos de los hombres, ya lo han dicho Siri Hustvedt. Simone publica El segundo sexo y se da cuenta de que todos esos hombres con los que ha compartido, de repente la bajan del pedestal y la tiran al suelo y la rechazan; a ella, a su texto, a su trabajo, incluso la rechazan como mujer porque está cuestionando un montón de cosas que se aceptaban universalmente. Una de las críticas que recibió fue decir que ‘las mujeres nunca han sido inferiores que los hombres, Simone de Beauvoir se equivoca’ y es allí donde ella hace el click y piensa ‘yo también formo parte de El segundo sexo‘. Deja de escribir sus novelitas y cuando toma el espacio público se ve rechazada.

Por eso comentaba cómo se vinculaba con los patrones masculinos…

Claro pero no tiene por qué ser masculino. En ese momento estaba El ser y la nada de Jean-Paul Sartre, pero El segundo sexo es mucho mejor porque al final habla de nosotras. Cuenta muchas anécdotas y comenta los mitos acerca de la menstruación, habla del aborto y de la sexualidad y que la condición de la mujer no es la de ser madre; es un ensayo revolucionario. Creo que hablar sobre el aborto fue clave para la liberación de la mujer, igual que el manifiesto 343. Lo que hay que tener en cuenta es que El segundo sexo fue una obra que influyó en muchas mujeres, quizás no es la mejor obra para acercarse a Simone, pero es un libro que hay que seguir leyendo, releyendo y contextualizando, claro.

Contextualizar es muy importante, revisitar y pensar cuándo se escribió. Quizás el movimiento feminista se pierde un poco en la actualidad porque no contextualiza, ¿no?

Es que es muy difícil porque hay un ejercicio de trabajo, de reflexión y de pensamiento que en estos momentos con las urgencias, con las que trabajamos, con las que escribimos y con las que opinamos, parece que no hay lugar para hacerlo. Pero si no revisitamos y no hacemos ese ejercicio de genealogía, estaremos construyendo unas estructuras muy débiles, que se caerán al poco tiempo. Podemos escribir libros actuales sobre el feminismo pero si no conocemos qué escribieron las anteriores, de qué estamos hablando.

Claro, también hay autocrítica

Si yo tuviera que definir mi función dentro del feminismo es la de investigadora, hacer esa genealogía,  revisitar textos anteriores.

Es notorio, porque este libro no comenta la teoría existencialista de Simone de Beauvoir, tú construyes su figura a través de ensayos contemporáneos. ¿Para hablar de Simone de Beauvoir es necesario unir a muchas mujeres y ensayistas para hacer de su historia una voz coral?

Uno no puede escribir algo de lo que ya se ha escrito pensando que es la primera que lo está diciendo. Es un poco lo que dice Elena Poniatowska, que Simone está sobre una Simone y sobre otra Simone, pues la feministas estamos así, una sobre otra y sobre otra.

Una matrioska…

Exacto, nos vamos construyendo unas con otras, yo no solo he leído a Simone, he leído muchísimo para entender lo que ella escribió y para intentar darle jugo. Cuando veo que es apasionada de los paseos necesito buscar bibliografía que me hable del lugar que ocupa la mujer en el espacio público para entender lo que supuso para Simone en ese momento histórico pasear sola, porque no es como hoy e igualmente sigue siendo peligroso para las mujeres. Pero en ese momento que se va a Marsella sola con algo más de veinte años y se pasa el día caminando siete u ocho horas y coge coches en autostop que los conducen, claro, quién los iba a conducir, hombres, tenía que contextualizar todo eso.

Para mí la investigación es parte del trabajo, no puedes escribir de Simone de Beauvoir diciendo simplemente lo que piensas de lo que lees, qué sentido tiene eso, hay que contextualizarlo y darle un valor para nuestra generación, una mirada actualizada. Yo también he contado sobre la Simone con la que más identificada me he sentido, la Simone curiosa, apasionada, que vive en el tiempo de los absolutos, que también es precaria, eso no lo sabía.

Al leer la dedicatoria del libro, pienso en el ensayo de Remedios Zafra que habla de la precariedad, creo que tú también lo haces con Simone.

Claro, de repente entiendes que todo lo que te pasa no es culpa tuya, que formas parte de un engranaje muchísimo más grande del que es difícil escapar, por eso mi dedicatoria, porque escribir es muy difícil, hacer periodismo cultural es muy difícil. Tengo muchas amigas muy talentosas que no se dedican a lo que quieren dedicarse, somos unas entusiastas y el libro está dedicado a nosotras, porque este libro también es un encuentro con la otra.

Simone de Beauvoir es esa otra, ¿es su figura necesaria para conducirte en el camino que te hará autónoma como mujer?

Sí, es una figura que te guía, lo principal es cómo se hizo Simone como escritora, que antes de hacerse feminista, fue autora. Ella lo que quería hacer era escribir, pero lo hizo con presiones por nacer en una familia y en un lugar en que el no se ve muy bien que te quieras dedicar a eso, en un momento histórico concreto muy masculinizado. Podría haberse hecho profesora y vivir de sus novelitas, hacer sus viajecitos de vez en cuando, pero ella sabía que tenía una voz y muchas cosas que contar. Era muy exigente consigo misma, para mí era un ejemplo de constancia y del trabajo.

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Ilustraciones de Malota | Imagen vía Lumen

Inclusive sin tener una habitación propia…

Ya ves, la habitación propia ya la tuvo con Los mandarines ya mayor, yo no sabía que había vivido en cuartuchos de hotel de manera tan precaria.

Quizás ahí está la contradicción, mientras más precario más producción.

Bueno a ella la ayudaba económicamente Jean-Paul Sartre y eso es uno de los lugares de sombra. “Eres independiente pero Jean-Paul te ayuda, ¿no?” pero es comprensible porque ella creía mucho en sí misma y sabía que iba a llegar ese momento de libertad económica.

Más allá de la época o de las vicisitudes de género, ¿no es una cuestión de creer en tus posibilidades y de lo que quieres hacer?

Aunque le costó, ella logró llegar a tener su voz propia, porque también le costó estar sola, desde pequeña siempre estuvo acompañada, después estuvo Zaza –la mejor amiga de Beauvoir-, y luego se une a Jean-Paul y hasta que no se va a Marsella no se da cuenta de que todo lo que buscaba en los demás está en ella.

No era una estructura social lo que la paralizaba, era un entusiasmo no focalizado y unas ganas que estaban en ella.

Sí, y el feminismo también va de eso, de darte cuenta de tu propia autonomía, de que eres capaz, de que vas a estar bien pero hasta que llega ese momento es una lucha.

Hablas siempre de ella como si la hubieses conocido…

Eso es lo que yo quería, que la gente la leyera como si la conociera.

 

***

 

Un paseo por la vida de Simone de Beauvoir no es una biografía, es un ejercicio sencillo y afectivo para acercarse a la mujer del existencialismo francés sin leer su filosofía, ni acercarla a Jean-Paul Sartre, es un diario personal que revisita una figura feminista desde las visiones del actual feminismo. Un regalo de acercamiento al otro, ese otro llamado Simone de Beauvoir.

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