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Carmen y Carlos, las personas detrás del sinhogarismo

Foto: Imagen del evento 'La noche sin hogar' | Hogar Sí

Desde hace algo más de cuatro años, Carmen y Carlos viven en un piso de Madrid cuyos gastos sufragan con la ayuda de la entidad social Hogar Sí. Ella había pasado más de tres décadas en la calle. Él, cinco años. Con el objetivo de visibilizar este problema y concienciar a la sociedad sobre la necesidad de erradicarlo, invitan a The Objective a su casa y nos cuentan su historia.

 

En España 31.000 personas no tienen hogar. El 44% de estas personas lleva más de tres años en esa situación. Y casi la mitad, el 47%, ha sufrido delitos de odio, agresiones que en el 87% de los casos no se denuncian. Detrás de estos números se encuentran personas e historias tan distintas como las de Carmen, de 50 años, y su pareja Carlos, de 57. Ella huyó de su familia y del maltrato con solo 12 años y durante más de tres décadas sobrevivió como pudo sin un techo en el que cobijarse. Él se separó de su pareja, perdió el trabajo y sufrió una depresión, viéndose también desahuciado cuando los ahorros y el subsidio por desempleo se acabaron. “Yo me enamoré de él en la calle”, dice Carmen con una sonrisa, mientras Carlos confiesa: “Yo no quería saber nada de mujeres, no quería ni verlas. Y míranos, aquí estamos”. Gracias a la ayuda de la entidad social Hogar Sí, en un piso en Madrid, desde hace más de cuatro años.

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‘Aplicad la Constitución’ se puede leer en el cartel. | Foto vía Hogar Sí.

“A nosotros no nos alquilaban una habitación y no nos adaptábamos a los albergues, así que vivíamos en una tienda de campaña”, cuenta Carlos desde el salón de su casa, que ha decorado con cuadros, esculturas y muebles hechos por él. “Estábamos en situación de calle y periódicamente nos visitaba el Samur Social para ver cómo estábamos. Hogar Sí nos habló de Housing First y dijimos que sí inmediatamente”, cuenta sobre este proyecto que empieza por ofrecer una vivienda a las personas sin hogar para después ofrecer apoyo y asesoramiento en su recuperación. “Me llamaron el día de mi cumpleaños, el 7 de agosto, para decirme que me daban el piso”, recuerda emocionada Carmen, que apenas podía creer lo que le estaba pasando. “Cada vez que me despertaba decía, dónde estoy, no puede ser, esto es mentira. Me daba una alegría. Siempre había soñado con esto”, asegura antes de contar su historia.

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“Artículo 47. Todos los españoles y españolas tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada”. | Foto vía Hogar Sí.

“Yo he sido maltratada en mi casa. Mis padres no estaban y me crio mi abuela, que me pegaba mucho, pero yo la quería”, cuenta. “Yo me he intentado suicidar muchas veces por la vida que he llevado. Yo pedía para comer, pero muchos días me acostaba con hambre, lloraba por hambre. Me bajaba el periodo y no podía lavarme. Tenía que decirle a un señor de un bar que me apreciaba y nos dejaba los cafés fiados, porque ni para eso teníamos, que me dejara lavarme. Me han dado palizas por dos euros. Y una vez un hombre se me tiró encima, menos mal que me ayudaron”, confiesa Carmen. “Imagínate lo que yo he podido pasar, tantas cosas malas. Pero ahora estoy muy contenta”, concede con una sonrisa.

La solución de viviendas Housing First de Hogar Sí está presente en 15 municipios de toda España con 295 hogares. Los beneficiarios pagan un 30% de los gastos del piso y un 95,6% de ellos mantiene su hogar desde la entrada en el programa. Esta solución se dirige al sinhogarismo cronificado y más complejo, que suele llevar asociados problemas de salud mental, consumos o discapacidad. Es el caso de Carmen, que en tratamiento psiquiátrico y con dolor agudos en la espalda, ha logrado mejorar exponencialmente lejos de la calle. “Desde que estamos aquí no ha tenido ningún ataque epiléptico. Tenía un problema de consumo de pastillas y ahora ya solo se toma las que me dice la psiquiatra”, cuenta Carlos, que reconoce que antes había veces que no iban al médico “por vergüenza”.

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Imagen vía raisfundacion.org/articulo47

La solución de Finlandia al sinhogarismo

La idea de Housing First surgió hace dos décadas en Estados Unidos bajo el paraguas de la organizaciónPathways to Housing y ya está muy extendida. Tanto que el gobierno de Finlandia ha adoptado este método para acabar con el 100% del sinhogarismo. Para ello, han ofrecido 16.300 apartamentos a personas en situación de calle y han complementado este servicio con un cuerpo de trabajadores sociales. En la misma línea, Hogar Sí cuenta con varios programas destinados a cubrir las diferentes necesidades de sus beneficiarios. Es el caso de las viviendas para la autonomía, donde personas sin hogar acceden a pisos compartidos pagando, también, una parte de los gastos; su programa de mejora de la salud; o sus proyectos de capacitación e inserción laboral, donde una de cada tres personas accede a un trabajo.

Para sufragar sus gastos, Carmen tiene reconocida la incapacidad permanente y Carlos cobra el RMI (Renta Mínima de Inserción). “Imagínate pagar el alquiler de una vivienda como esta en Madrid. Nosotros no podríamos. Si los pisos sociales no están para estas cosas dime para qué. La única posibilidad era meternos de okupas en algún sitio. Pero no queríamos tener problemas con la justicia”, afirma Carlos, que llevaba cinco años en la calle cuando surgió la oportunidad entrar en este piso.

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Momento de una de las entregas de llaves dentro del programa ‘Housing First’ | Foto vía Hogar Sí.

“Yo he hecho de todo. He trabajado restaurando muebles antiguos, soy instalador electricista, soy instalador de gas, calefacción y aire acondicionado, he sido camarero, he hecho transporte de mudanzas y mi último trabajo fue como jefe de mantenimiento eléctrico”, cuenta. “Coincidiendo con la crisis y con una edad en la que la gente no te contrata para trabajar, se encadenaron una serie de cuestiones. Me separé, perdí el trabajo, entré en una depresión muy grande y me dejé llevar por la inercia. Se acabaron los ahorros, luego el paro y terminé en la calle. Es muy difícil salir”, afirma Carlos.

La falta de un trabajo digno y estable es una de las principales causas del sinhogarismo. Al mismo tiempo, no tener un hogar es una barrera fundamental a la hora de buscar, encontrar y mantener un empleo. En este sentido, Carlos defiende: “¿Quién contrata a alguien que está en la calle? Primero tienes que sacarle de la calle y ya le estás dando una plataforma, la posibilidad de que se reintegre a la sociedad. Y si el deterioro es muy grande y no tienen capacidad por lo menos lo sacas de la calle y ya es una persona viviendo dignamente. Además, es que son las leyes. Según la constitución todo el mundo tiene derecho a una vivienda digna. Lo que no es normal es que haya un montón de viviendas vacías y la gente esté durmiendo en la calle”.

Completamente integrados en su vecindario, Carmen enseña su casa –salón, cocina, una habitación y un baño– orgullosa mientras cuenta: “Yo tengo una vecina que me regala muchas cosas: ropa, esta mesa. Y siempre me dice, súbete a casa a tomar café”. Carlos, por su parte, señala: “El de la tienda de abajo es el vecino de al lado y nos llevamos muy bien con él. Es donde compramos las cosas de cotidiano”. El tercer miembro de la familia es Caín, un perro de seis años que adoptaron a los siete meses de entrar al piso. “Mira qué guapo es”, remata Carmen.

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Imagen del evento ‘La noche sin hogar’ vía Hogar Sí.

El sinhogarismo es un problema de todos

No tener un hogar significa vivir siempre expuesto a las miradas y a la violencia, y al mismo tiempo, ser invisible para la mayoría de las personas, afirman desde Hogar Sí. Las dificultades para acceder a una vivienda, la inestabilidad del mercado laboral o la desigualdad en el acceso a la salud son algunas de las razones por las que muchas personas terminan viviendo en la calle, un problema estructural que afecta a todas las sociedades y que exige soluciones integrales y transformaciones sociales. Porque la vida en la calle mata: las personas en situación de sinhogarismo sufren un mayor número de enfermedades graves y tienen más dificultades para acceder al sistema sanitario y recuperarse después de una intervención médica o una enfermedad. Y su mortalidad es tres veces más alta que la del resto de la población. “Hace un año me quedé casi ciego porque me salieron cataratas. Ya me han operado de un ojo, pero imagínate que me pasa eso en la calle. Me muero”, cuenta Carlos. 

El sinhogarismo no es, por tanto, una elección personal ni un camino de malas decisiones individuales, algo que Carlos explica del siguiente modo: “Tienes a un mendigo pidiendo en la puerta de tu casa y te parece que está ahí porque lo ha hecho todo mal y piensas que te va a hacer algún mal. La gente asocia estar en la calle con la maldad, con que eres un delincuente. Y los habrá, pero normalmente los delincuentes viven bien o están en la cárcel”, En su opinión, “La gente se tiene que concienciar de que es un problema social. La sociedad igual que genera genios genera pobreza. Porque tenemos una sociedad muy competitiva, lo que mueve todo es el dinero, y si no tienes dinero, ¿qué?”, cuestiona para concluir: “Yo creo que este proyecto tiene que triunfar. Lo mires como lo mires es más barato que cualquier otro. Y esto funciona. No es un experimento. Nosotros llevamos más de cuatro años y aquí, con una vivienda, están sacando a dos personas de la calle”.

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Imagen de evento ‘La noche sin hogar’ vía lanochesinhogar.org

Para visibilizar el problema del sinhogarismo, el próximo 7 de diciembre se celebra el movimiento mundial The World’s Big Sleep Out. En Madrid el acontecimiento, que se celebrará en Matadero, llevará el nombre de ‘La noche sin hogar’ e incluirá conciertos, espectáculos y debates en los que participarán los músicos y cantantes como Andrés Suárez, Depedro, Despistaos, Isma Romero, Gaby Jogeix, La La Love You, Laura Simó, Maika Makovski, Marlango, Marlon, Neuman y Soledad Vélez; los actores Miguel Ángel Muñoz y Elena Ballesteros; o la periodista Helena Resano. Se podrá acceder previa donación de 15 euros que, gracias a los patrocinadores y al apoyo filantrópico, se destinarán íntegramente a la causa: la mitad para ayudar a personas afectadas por el sinhogarismo en cada ciudad y la otra mitad para ayudar a más de 68,5 millones de personas desplazadas que han perdido su hogar por la guerra, desastres naturales o extrema pobreza.

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