Chalino Sánchez: vida y muerte (violenta) del Rey del Corrido que inspira a C. Tangana
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Cultura

Chalino Sánchez: vida y muerte (violenta) del Rey del Corrido que inspira a C. Tangana

El álbum superventas El Madrileño rememora en uno de sus temas al músico mexicano que  revitalizó el narcocorrido, género popular plagado de historias de violencia, y que acabó ajusticiado tras un concierto con sólo 31 años

por Gonzalo Núñez

El crimen fue en Culiacán. «Para todo el que vive recio, se encuentra lista una fosa», cantaba Chalino Sánchez cuando aún no había recibido dos balas en la parte posterior de la cabeza. Hacía poco que su carrera, forjada en bares y salones de celebraciones, en el boca-oreja de los casettes que él mismo repartía, había despegado. En un camino inverso al que recorrió años antes, de California sus corridos cruzaron la frontera de regreso a México. Ya no era un espalda mojada más, sino el bravo cantante de sombrero ladeado y revólver al cinto que glosaba las hazañas de narcos y otros «gallos finos»: Prajedes Félix, que «anduvo de pistolero porque quería progresar» y ahora «vive en California trabajando con honor»; Mario Peralta, «el que conoce de todo y nada le espanta»; o aquellos dos Franciscos ajusticiados de manera que resulta premonitoria: «En la colonia El Palmito, la ciudad fue Culiacán, andaban Francisco López, también Francisco Beltrán; ellos no se imaginaban que los iban a matar». 

Chalino sí sabía que le iban a dar matarile porque, en el transcurso de su último concierto, en el salón Bugambilias de la capital de Sinaloa (México), recibió una nota de amenaza de muerte. Ya le habían advertido de que no regresara a Cualicán. Pero ahí estaba Chalino, atónito, segundos antes de acometer su gran éxito romántico Tengo el alma enamorada. El crimen fue al día siguiente.

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Imagen vía Wikipedia.

La figura de Rosalino Sánchez Félix (1960-1992), verdadera leyenda del corrido mexicano, hasta el punto de ser proclamado Rey del género, es bastante desconocida para el público español. Sin embargo, figura en el que es ya el álbum español más reproducido en Spotify en su debut: El madrileño, de C. Tangana. La canción Cambia, en colaboración con los mexicanos Carin León y Adriel Favela, remite, para ‘deconstruirlo’, al mito del narco, tan semejante al del gangsta rap del que bebe el trap hasta ahora cultivado por C. Tangana: pistolas, mujeres y vida al límite. «Crecí escuchando historias de valientes en los versos de Chalino; queriendo armas, casa y carro nuevo, con eso se forjó el niño», se escucha en este tema fusión de flamenco y corrido que da la nota perfectamente de ese viaje de ida y vuelta del folklore latinoamericano que El madrileño revitaliza de un plumazo y para deleite de un público cada vez más vasto y entregado. Cambia enfrenta ese cliché del «macho» siempre a punto de «entrarse a los chingazos» con el primer «cabrón» que le discuta la primacía del «billete» o las «moras». El imaginario del narcocorrido en el que, partiendo de la nada, Chalino Sánchez forjó su leyenda.

Volamos a él, pues.

Chalino, como el género del corrido -que se remonta al romance español cruzado con la polka y se recitaba originariamente con acordeón en los pueblos mexicanos a modo de noticiario-, surgió de las propias calles, de los bajos fondos de Sinaloa. Un tex-mex más sin grandes perspectivas de futuro que, para colmo, se metió pronto en líos tras matar a balazos al hombre que había raptado a su hermana. Se supone que este suceso lo empujó a cruzar la frontera hacia Estados Unidos con su hermano Armando. Durante un tiempo se ganaron la vida como «coyotes» entre Tijuana y San Diego, hasta que Armando cayó de lo mismo que caería Chalino: el tiro de gracia. A partir de este asesinato, Rosalino, instalado de mala manera en Los Ángeles, comienza a componer y cantar corridos de «bravos» del narco y sus alrededores, algunos conocidos en la cárcel de Tijuana en la que estuvo, trufados de mucha verdad y un aliento genuino que tiraba por tierra sus desventajas: una voz poco trabajada y la falta absoluta de promoción. De hecho, se considera a Chalino un precursor del Do It Yourself en la música mexicana, como los puntales de la rumba lo habían sido en España. La comunidad latina de California empieza a seguirle y demandarle: los propios narcos le piden unas letras a cambio de joyas y armas.

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Álbum de Chalino Sánchez con Los Amables del Norte.

En puridad, su carrera no dura más de cinco años, de 1987 a 1992, cuando, en alianza con su banda, Los Amables del Norte, comienza a distribuir a mano sus maquetas, después de lo cual, rápidamente, comienza a hacer bolos por esa industria paralela y popular de los expatriados. Ellos saben de qué habla Chalino: son sus lugares, sus gentes -la violencia de sus lugares y sus gentes-, los sueños frustrados de casa y coche. La propia ley del narco llegaba a sus conciertos en salones de boda, en restaurantes de emigrados: en Coachella casi lo matan de un balazo desde el público. El sujeto falló, a diferencia de Chalino, que lo acometió con su pistola desde la tarima. Más madera a una leyenda, la del Rey del Corrido, que ya había atravesado la frontera y se había apoderado de todo el norte de México, de Tijuana a Monterrey, de Mexicali a Reynosa. Es entonces cuando Chalino, profeta ya en su tierra, decide manifestarse en su Culiacán natal, a pesar de las cuentas pendientes. El 15 de mayo de 1992, canta por extenso en el Salón Bugambilia: en mitad del evento, recibe la nota que le demuda el rostro poco antes de, recomponiéndose, acometer Tengo el alma enamorada.

A pesar de las precauciones que adopta con su banda, esa madrugada, viajando en una camioneta llena de guayabas, es interceptado por un vehículo del que se bajan varias personas, dos de ellas ataviadas de policías federales. Chalino va con ellos. A las 6:00 de la mañana siguiente su cuerpo, con dos balas en la parte posterior de la cabeza, es encontrado. Jamás se investigó, jamás se supo. «Con la banda sinaloense los fueron a sepultar y dos madrecitas lloran, sin poderse consolar, con sus hijos adorados que ahorita en el cielo están». La historia de siempre. 

Sin embargo, la muerte no hizo sino acrecentar la leyenda de Chalino, como suele suceder en estos casos en que la violencia y los versos se intersecan y retroalimentan. El reputado periodista norteamericano Sam Quiñones analizó en su libro True Tales from Another Mexico: The Lynch Mob, the Popsicle Kings, Chalino, and The Bronx hasta qué punto la música callejera del sinaloense convulsionó y cohesionó la comunidad mexicana de California, falta de referentes. A sólo seis años de la muerte de Chalino, los jóvenes de los suburbios de Los Angeles confesaban al periodista: «Cuando éramos pequeños queríamos encajar, así que escuchábamos rap. Todos lo escuchaban, por lo que sentíamos que si escuchábamos música española, seríamos apartados o algo así. Pero tras la muerte de Chalino todo el mundo empezó a escuchar corridos, la gente quería sentirse más mexicana».

Al otro lado de la Línea, las nuevas generaciones de México se sumaban a esas «historias de violencia» glosadas por el trovador que forjaron la imagen romántica del «bravo», el «macho», el «gallo», un imaginario del que se desmarca ahora C. Tangana en su nuevo trabajo, sin renunciar al homenaje de ese legado musical, integrándolo en ese viaje de ida y vuelta de España a América Latina.   

Gonzalo Núñez

Periodista, por ahora y entre otras cosas. Autor en ciernes. Sevillano de Madrid, madrileño de Cádiz. Italianófilo y rusófilo, siempre.