Chanel Nº5, el mito centenario
Foto: Chanel

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Chanel Nº5, el mito centenario

Al perfume Chanel No.5 se lo define como «la primera fragancia abstracta de la historia de la perfumería» porque, aunque incluye extractos de muchísimas flores, la composición no huele a flor, no es posible identificar ningún elemento. Esta es su historia

por Isabel Vaquero

Hace 100 años Coco Chanel lanzó el perfume más famoso y vendido de la historia. La marca francesa lo está celebrando con una serie de actos que se irán sucediendo a lo largo del año, uno de los cuales ha sido la creación de una colección espectacular de alta joyería a base de diamantes. Y, como en esa casa todo se hace de una manera especial, también se decidió patrocinar en España la restauración de la Rosaleda del Jardín Botánico de Madrid, un bonito gesto de mecenazgo, ya que la rosa es uno de los ingredientes principales del perfume Chanel Nº5. Aunque en su compleja composición sea muy difícil rastrearlo.

Ninguna otra fragancia puede igualar la carga simbólica de Chanel Nº5. Lo que comenzó como la destilación del espíritu de Gabrielle Chanel se ha convertido en un icono cultural: era el halo olfativo con que se envolvía Marilyn Monroe para dormir desnuda; en 1959 entró en el catálogo del Museo Metropolitano de Nueva York como emblema del siglo XX; y en los años 60 Andy Warhol utilizó su frasco como protagonista en una de sus series cromáticas. De su vigencia da cuenta el hecho de que Chanel Nº5 coloca, según la mitología del marketing, un frasco en el mercado cada 30 segundos. Esto es, una facturación anual cercana a los 77 millones de euros. Pero volvamos atrás y recuperemos la memoria de su creación.

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Fotograma del vídeo aniversario de Chanel Nº5 | Imagen vía CHANEL.

«Ya no soy lo que era. Quedaré como lo que he llegado a ser»

Como todo el mundo sabe, Coco Chanel se creó a sí misma. Desde que salió del convento donde fue educada, comenzó su transformación. «Ya no soy lo que era. Quedaré como lo que he llegado a ser», es una de sus frases célebres que refleja un carácter de hierro. Primero inventó su propio vestuario inspirándose en las prendas masculinas, pero era tan inteligente que lo hizo poco a poco, y si su aspecto llamaba la atención era precisamente por su discreción. Es evidente que ella era consciente de su encanto natural y sabía sacarle partido. Y sus pequeños sombreros canotier y sus trajes sobrios reflejaban una extraña elegancia que, rápidamente, muchas actrices y damas de la alta sociedad decidieron imitar.

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Gabrielle Chanel fotografiada en 1937 por François Kollar. | Imagen vía CHANEL.

Sus primeros éxitos los logró como sombrerera, en 1910, y desde 1913 como modista, apoyada siempre por el gran amor de su vida, el capitán inglés Arthur Edward Capel, más conocido como Boy Capel. Él fue la primera persona que vio en Coco Chanel un talento especial y la animó a desarrollarlo. Durante once años fueron cómplices en la vida, los negocios y el amor, mientras ella abría sus exitosas boutiques en Deauville, Biarritz y en la célebre rue Cambon de París. Pero aquella felicidad duró poco. En 1919, Boy Capel murió en un accidente de automóvil.

Tras reponerse del tremendo golpe que le supuso la pérdida de su amante, Chanel siguió adelante: trabajando sin descanso, aprovechando cualquier oportunidad que le brindara la vida para seguir creciendo, porque le gustaba trabajar: pensaba que el trabajo dignifica a las personas. Para entonces su nombre había atravesado fronteras y ya era célebre en Estados Unidos. Era rica y se sentía orgullosa de no depender económicamente de nadie, una promesa que se había hecho a sí misma desde muy joven.

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Ilustración de Jacobo Pérez Enciso para el proyecto de restauración de la Rosaleda del Jardín Botánico de Madrid. | Imagen vía CHANEL.

Gabrielle Chanel nunca dejó de cultivarse: leyendo, escuchando (de joven hablaba muy poco), rodeándose de amigos que la ayudaban a educarse, como el matrimonio Sert, decisivo en su formación. Además, sabía que, para terminar de convertirse en una verdadera dama, necesitaba disponer de un aroma propio, singular. No le interesaba un perfume sencillo, extraído de una sola flor, como lo eran en la época, hechos a base de violetas o de rosas. Chanel quería una creación a su medida, y tenía que ser único, moderno, incomparable

El que llegaría a ser perfume más célebre del mundo salió a la luz en mayo de 1921. Pero se encargó durante el verano de 1920, una estación muy especial para ella, porque de nuevo estaba enamorada. Su nuevo amante era el Gran Duque Dimitri Romanov, ocho años más joven, que estaba completamente fascinado por esta mujer tan decidida y seductora, tan meridional. Para hacernos una idea del momento en que se encontraba, pensemos que Coco Chanel tenía 38 años. Capel había muerto dos años antes. 

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Coco y Dimitri Pavlovich. | Imagen vía Wikipedia.

La relación con Dimitri fue muy distinta. El romance duró apenas un año, pero continuaron siendo amigos toda su vida: ella siempre tuvo la habilidad de mantener amistad con sus examantes. Además, en el caso de Dimitri Romanov esa amistad era también verdadero agradecimiento. Por sus biografías se deduce que le sedujo su refinamiento, su sentido innato del lujo, su porte imponente —de joven era guapísimo—, y además le abrió los ojos al gran mundo. Conocerle fue trascendental para ella por el giro que dio a su vida, por las personas con que le puso en contacto. Además, Dimitri le regaló, aparte de otras joyas soberbias, las célebres perlas Romanov. Pero, sobre todo, le introdujo en el exótico ambiente de los aristócratas rusos exiliados. Era primo del zar de Rusia y se decía que había participado en el asesinato de Rasputín.

En aquel verano tórrido y voluptuoso que pasaron juntos en la Riviera francesa en 1920, ella le expresó su deseo de crear un perfume que no se pareciera a ningún otro, que fuera una prolongación de sí misma. Y él, enamorado como estaba, debió de entenderla muy bien y, como era culto y tenía contactos por todas partes, la llevó a conocer al hombre que habría de cambiar su destino. Dimitri le presentó a Ernest Beaux, un ruso de origen francés —químico y perfumista de la corte de los zares— que se había exiliado años atrás y se había asentado en Grasse, cuna de la industria de la perfumería francesa, donde estaban instalados los grandes perfumistas franceses desde hacía siglos, cultivando allí sus propias flores.

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Retrato de Ernest Beaux tomado entre 1917-1921 | Imagen vía Wikipedia.

La vida de Ernest Beaux tiene también ribetes novelescos. De padres franceses, nació en Moscú en 1881, en la Rusia de los zares, en una familia de perfumistas proveedora de las cortes imperiales, en cuya empresa el joven Ernest aprendió el oficio desde abajo, iniciándose en una fábrica de jabón.

Beaux era químico de formación y un perfumista culto y al día de los logros de la química en la perfumería moderna. Había luchado en la Gran Guerra con el ejército francés, y para 1920 ya estaba bien establecido en Francia y con notable reconocimiento. Por eso vivía en Grasse, codeándose con los más grandes. Desde luego, él tenía muchísimo talento, y en la corte imperial rusa había una gran formación perfumista, pero la visita de Chanel le instaló en la posteridad.

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«La primera fragancia abstracta de la historia de la perfumería»

El Nº 5 no fue el primer perfume creado con moléculas sintéticas En realidad el arte de la perfumería había nacido a principios de siglo, cuando la química entró a formar parte de ella. El primero en usar componentes químicos en la perfumería moderna fue Francois Coty. Y luego Jacques Guerlain creó en 1912 L’Heure Bleu, que sigue existiendo. Sin embargo el primer gran éxito surgió de la colaboración entre Chanel y Ernest Beux en 1921. Hoy resulta difícil hacerse una idea del salto que supuso, pero fue una auténtica osadía que marcó un antes y un después en el arte de la perfumería. 

El Nº 5 fue el broche de oro para la marca Chanel y la consagración definitiva de Beaux, que desde entonces, y muy bien pagado, trabajó para ella en exclusiva. Ernest Beaux contaba que, desde que volvió de la guerra, soñaba con crear un perfume complejo, con algún matiz mineral, jabonoso, floral, cítrico con dosis abundantes de esencias nobles. Por eso conocer a Chanel fue definitivo, porque ella no escatimaba en medios, no le importaba que fuera mucho más caro. Siempre se cuenta que ella quería «que oliera a limpio», y que le indicó a Beaux: «Quiero un perfume de mujer que huela a mujer». Él, que tenía entonces 40 años, entendió muy bien el reto y le propuso una composición completamente innovadora, con más de 80 ingredientes.

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Imagen del centenario de No.5 vía CHANEL.

Desde entonces se la define como «la primera fragancia abstracta de la historia de la perfumería» porque, aunque incluye extractos de muchísimas flores, el perfume no huele a flor, no es posible identificar ningún elemento. Tiene flores de jazmín, nerolí, rosa de mayo, flor de naranja amarga, y también bergamota, vainilla, vetiver, laurel, jengibre, sándalo… O sea, combina materias primas nobles en dosis enormes, de la mejor calidad y de cultivo propio, con aldehídos también en dosis exageradas. 

Los aldehídos son compuestos sintéticos que se emplean en perfumería desde 1905 para crear olores artificialmente. Hasta ese momento, se usaban en dosis muy bajas porque los perfumistas pensaban que eran demasiado poderosos. Pero Beaux no compartía esa opinión, consideraba que enriquecían el desarrollo de las notas olfativas, aportando volumen e intensidad. Y el hallazgo fue usarlos sin miedo, a lo grande, en dosis desmesuradas.

Se dice —porque siempre tiene que haber algo de leyenda para crear un mito— que esas dosis de aldehídos se incluyeron por accidente. En todo caso, la sustancia cautivó a Chanel porque entre los aldehídos había uno que olía a jabón. Y ella pudo sentir en esa combinación todos los aromas de su vida.

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Caricatura de Sem en 1927. | Imagen vía CHANEL.

Chanel quería que el perfume fuera fresco, siguiendo las tendencias higienistas de la época, y su obsesión era que oliera a limpio. Su sueño era que evocara recuerdos sin que se llegaran a identificar las notas. Y esa es la clave del éxito porque, cuando lo hueles y crees identificar un olor, enseguida aparece otra nota que te transporta. A ella le recordaba los verdes campos donde había aprendido a montar a caballo, el olor a jabón del orfanato, las flores de verano de la Riviera francesa… 

Ernest Beaux sin embargo identificaba el olor del Ártico, de los lagos y ríos del norte de Europa, que había recorrido huyendo de Rusia y de la Revolución de Octubre, llevándose a Francia (en sus apuntes y documentos de trabajo) la fórmula del perfume en el que estaba trabajando por entonces.

Realmente, el acierto consiste en que cada persona puede interpretar el perfume de manera diferente. Y que químicamente reacciona de manera distinta según el pH de la piel. Por eso, aunque Chanel nº 5 no fue el primer perfume famoso creado con moléculas sintéticas, fue un hallazgo sin precedentes. 

«Ponerlo todo en el perfume y nada en la presentación»

Ahora suele decirse que Chanel usó un número, el 5, porque le daba suerte, pero fue al contrario: decidió que el número le daba suerte a raíz del éxito del perfume. Beaux había numerado pruebas del 1 al 5 y del 20 al 24. Y ella escogió la muestra nº 5. Al parecer fue un flechazo, con pequeñas correcciones llegaron a la fórmula exacta, que hoy permanece intacta. Al año siguiente se comercializó también la muestra Nº 22, que sigue existiendo. 

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Algunos de los items de la colección de alta joyería de Chanel dedicados a No.5. El collar está hecho de oro blanco y diamantes y disponible solo por encargo. | Imagen de Chanel High Jewelry vía CHANEL

Para el lanzamiento de su primer perfume, Chanel puso todo su ingenio en marcha. Ya tenía la composición olfativa, completamente revolucionaria, así que todo lo demás también tenía que ser nuevo: contra las decoraciones en cristal tallado de la época, impuso la sencillez de líneas en el envase. 

Ella quería, de nuevo, replicar la simplicidad de los elementos masculinos y evocar la licorera de whisky de Boy Capel. Solía decir que quiso «ponerlo todo en el perfume y nada en la presentación». Por eso el packaging resultaba tan insólito como moderno: la caja blanca con perfiles negros era desconcertante. Decidió que su perfume despertara el deseo no por la vista, sino por el olfato, una muestra más de su inteligencia práctica.

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Evolución de los frascos de Chanel desde 1921. | Imagen vía CHANEL.

Gabrielle Chanel odiaba los perfumes de la época. Según Frédèric Malle, perfumista y editor de perfumes de grandes creadores, «en aquellos días la única forma de crear una fragancia fresca era usar cítricos como el limón, la bergamota o la naranja». Pero estos perfumes frescos no duraban en la piel, y al evaporarse dejaban una huella de flores marchitas. A ella le resultaba muy desagradable el olor de esas grandes damas o artistas que utilizaban perfumes decadentes que se degradaban en pocas horas, desprendiendo un aroma de flores ajadas mezclado con el olor del cuerpo. El Nº 5 acabó con todo eso. 

La idea de usar un número para identificarlo era un manifiesto contra los nombres exóticos de las fragancias que estaban de moda por entonces. Especialmente contra Paul Poiret, su bestia negra, que había creado perfumes con nombres como Mea Culpa o Sherezade, perfumes muy simples pero muy fuertes, que envejecían mal y no tenían nada que ver con la perfumería tal y como la conocemos hoy.

Los críticos de la época decían que había creado una nueva escuela, a la que se llamó ‘escuela impresionista de la perfumería’ por esa idea de crear una composición a base de notas que son como pinceladas imposibles de identificar. En esa línea aromática surgieron varios perfumes —uno de ellos sigue existiendo: Arpège, de Lanvin, que se lanzó 1927—, y en cuanto a los frascos, había verdaderas maravillas en cristal tallado de Lalique, y piezas bellísimas de estilo Art Déco. 

Para el lanzamiento de su fragancia, Chanel se reveló como una reina de la comunicación, pero no respondió a un plan premeditado, sino que surgió de manera espontánea. Chanel tenía un don natural para hacerse notar. Por eso se dice que ella fue siempre su mejor embajadora. Empezó regalando algunos frascos a sus amigas y mejores clientas, y vaporizaba con él sus salones de costura en París, Deauville y Biarritz. Cuando entraban, las clientas demostraban curiosidad por el aroma que sólo allí se vendía. También tenía la desenvoltura de invitar cenar a sus amigos para celebrar el nacimiento de su perfume y rociar con él los alrededores de la mesa. Las mujeres que pasaban cerca se detenían y preguntaban de dónde provenía ese olor sorprendente y maravilloso. 

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En la imagen: No.5 Parfum, No.5 Eau de perfum, No.5 L’Eau, No.5 Eau premiere y No.5 Eau de toilette | Imagen vía CHANEL.

El caso es que tuvo tanto éxito que, llegado un momento, la producción artesanal no podía responder a la creciente demanda. Había que producirlo a gran escala, fabricarlo industrialmente y distribuirlo por todo el mundo. De modo que tuvo que buscar un socio que tuviera esa infraestructura, y en 1924 se asoció con los hermanos Wertheimer. Pero para entonces ya estaba hecha la propaganda, la había desarrollado ella sola con su instinto innato para promocionarse. Con el mismo método que había utilizado para sus sombreros y su ropa: la propia mademoiselle. 

Los hermanos Wertheimer, Pierre y Paul, ricos industriales judíos, afincados en Francia, criadores de caballos y propietarios de viñedos, eran también propietarios de la marca Bourjois, por aquel entonces una marca de maquillaje para teatro, que sigue existiendo, aunque hoy en día ya es una marca de gran consumo. Por eso disponían de la infraestructura necesaria para poner en marcha el negocio. 

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La fotografía de François Kollar para Harper’s Bazaar transformada de anuncio publicitario. | Imagen vía CHANEL.

En 1924 los hermanos Wertheimer crearon la Sociedad de perfumes Chanel. Su compromiso era fabricarlo y distribuirlo por Europa, EE UU y Japón. Nada más, porque para entonces el perfume ya era famoso en todo el mundo. Pero Chanel estuvo muy mal aconsejada, y firmó un contrato por el que obtenía tan sólo el 5% de las ventas. Cuando se dio cuenta de que, literalmente, se estaban enriqueciendo a su costa mientras ella recaudaba una cantidad ínfima, comenzó una larga pelea legal por un contrato más justo, empeño que ocupó toda su vida. A pesar de ello, en 1937 decidió promocionarlo posando ella misma en uno de los salones de su apartamento de la rue Cambon retratada por François Kollar.

Incluso durante la segunda Guerra Mundial estuvo moviendo hilos para deshacerse de ellos, sin éxito. Aunque al final consiguió cuanto quiso: protección económica hasta su muerte para llevar un tren de vida que le permitía tener una habitación privada en el Ritz y gastar lo que quisiera. Y también una pensión vitalicia para sus seres queridos, como su sobrino, André Palaise. 

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Marilyn fotografiada por Bob Beerman en 1953. | Imagen vía CHANEL.

«Unas gotas de Chanel No. 5»

Marilyn Monroe también contribuyó decisivamente a despertar un deseo universal por la fragancia. En la revista Life de abril de 1952, retratada por su fotógrafo de cabecera, Philippe Halsman, el periodista preguntaba lo que el público ansiaba conocer:

—  ¿Qué te pones para dormir?

—  Unas gotas de Chanel Nº5.

Contra cualquier legítima sospecha, la genial ocurrencia de Marilyn no respondía a un acuerdo publicitario, sino a la pasión de la estrella por la fragancia. En 2012 la casa Chanel rescató el audio de una entrevista de 1960 en la que Marilyn explica que cuantas veces le repiten la pregunta, siempre responde lo mismo: «Chanel Nº5, por no decir que duermo desnuda. Además es la verdad».

La lista de «embajadoras» de Chanel Nº5 es muy interesante y refleja la evolución de los tiempos: Ali Mac Graw, en 1966; Lauren Hutton, en 1968; y Catherine Deneuve, en 1972 (todas ellas bajo el mandato de Mademoiselle). Y ya en la época de Karl Lagerfeld: Carole Bouquet, en 1987; Nicole Kidman, en 2006; o Marion Cottillard, en 2020. En los orígenes de esta casa está la audacia, la conexión con su época, que Chanel dominaba intuitivamente. También es el único perfume femenino que ha sido representado por un hombre: Brad Pitt, en 2012.

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Catherine Deneuve fotografiada por Richard Avedon para la campaña de No.5 en 1972. | Imagen vía CHANEL.

Lo increíble de esta historia es que hoy en día los propietarios únicos de la marca Chanel son otros dos hermanos, Alain y Gérard Wertheimer, nietos de Pierre, con quien Chanel pactó el contrato final que le permitió llevar hasta el fin de sus días la vida a la que estaba acostumbrada y que se había ganado a pulso. Como contrapartida, la familia Wertheimer ha sabido administrar este patrimonio con notable inteligencia. Sobre todo, contratando a Karl Lagerfeld para devolver a la marca la relevancia de sus años de esplendor.  

Aún hoy la casa Chanel sigue cultivando en Grasse, en condiciones extraordinarias, con el mismo cuidado y precisión con los que se cultivan los viñedos, dos de los ingredientes imprescindibles de este perfume: el jazmín de Grasse y la rosa de mayo. Hace años, quien esto escribe tuvo ocasión de entrevistar a Jacques Polge sucesor de dos leyendas de la perfumería, Ernest Beaux y Henri Robert, que trabajaron estrechamente con Mademoiselle y crearon, entre otros, dos perfumes míticos: el Nº5 y el Nº19, respectivamente. 

Por eso, hablar con este sabio que atesora todos los conocimientos imaginables sobre el volátil arte de la perfumería, es una inmersión en un mundo mágico. «Hay pocos perfumes cuya fórmula no parta de otra anterior; parece que en la corte de los zares hubo una fórmula que sirvió de base al Nº 5, aunque muy cambiado para adecuarla a lo que ella buscaba en 1921. Sin embargo el perfume Cuir de Russie, también de Beaux, no parte de ninguna fórmula precedente. Lo elaboró para Chanel con intención de evocar el olor del cuero con que se envolvían las joyas en la corte de los zares, y tiene la particularidad de oler a una materia animal, no vegetal».

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Marion Cotillard fotografiada por Steven Meisel para la campaña de 2020. | Imagen vía CHANEL

Desde la llegada de Jacques Polge a la casa en 1978, la perfumería de la maison ha evolucionado sin perder sus raíces. Se han lanzado muchos perfumes, pero todos comparten una filosofía: «Deben tener misterio, que las materias no sean identificables, y compartir un estilo, el que les aportan las materias primas más exquisitas. Si tomamos un tema conocido, y lo reescribimos con nuestras materias, ya es diferente, ya tiene el toque Chanel, es un producto de artesanía con sello propio. Nuestras fragancias tienen un componente de seducción, pero nunca de exhibición olfativa ni demostrativa, que resultaría simplista y banalizaría el perfume y el concepto de feminidad de esta casa, en cuyos orígenes está la audacia, la conexión con su época, que ella dominaba intuitivamente».

Un esfuerzo equilibrista entre tradición y modernidad ha guiado la carrera de Polge que, en 1987, asoció la marca con el mayor productor de flores de Grasse, la familia Mul, garantizando la conservación de un patrimonio cultural extraordinario. «Nos impusimos a la industria controlando todos los eslabones de producción, desde el cultivo de la planta hasta su extracción. Al igual que desde la alta costura se protege el trabajo excepcional de los artesanos, los perfumes Chanel participan en la conservación de un patrimonio legendario que florece en estos campos de Grasse». El jazmín y la Rosa de Mayo, imprescindibles en la fórmula del Nº 5, se cultivan en estas tierras centenarias sin haber añadido nunca abonos químicos ni alterar un solo paso del proceso, pero controlando su cultivo con la tecnología más avanzada.

Isabel Vaquero

Periodista experta en moda. Formó parte del Comité Científico del Museo del Traje de Madrid y es profesora de Historia y Cultura de Moda en varias universidades públicas e instituciones privadas.