De Coetzee a Cortázar, los escritores que dispararon la cámara
Foto: J.M. Coetzee| Penguin Random House

Cultura

De Coetzee a Cortázar, los escritores que dispararon la cámara

Varios escritores empezaron sus andanzas narrativas desde la imagen. ¿Qué les atrajo del acto fotográfico?

por Ariana Basciani

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La fotografía y su relación con el lenguaje, la verdad y la representación, así como su vínculo con la literatura son algunas de las razones por las que muchos escritores cayeron a sus pies antes de entregarse únicamente al texto, a la palabra.

Este año se publica Retratos de infancia (Literatura Random House) un libro de fotografías del ganador del Nobel de Literatura, J.M. Coetzee. En sus páginas se nos deja ver a un autor que coqueteaba con la imagen antes de llegar a consagrarse como novelista. Sus primeras fotografías revelan esa necesidad por narrar el presente, por retratar situaciones cercanas a su vida personal, una metáfora visual de la intimidad, sobre todo, reflejar ese “instante decisivo” para apretar el obturador, como diría el fotógrafo Henri Cartier Bresson.

Coetzee relata en la entrevista realizada por Herman Wittenberg, cómo la fotografía estuvo de moda en su colegio, “hasta que alguna otra moda la reemplazó”. También comenta que su cámara Wega era tan pequeña que podía pasar desapercibida para aquellos a quienes retrataba: su familia o sus compañeros del colegio Saint Joseph. El autor apunta, además, que a pesar de que la fotografía “seria” en los años 50 era un objeto de estudio solo para los hombres en el ámbito cultural, su primer contacto con una cámara fue a través de su madre quien tenía una para ir retratando el crecimiento de sus hijos.

De Coetzee a Cortázar, los escritores fotógrafos también existen

Imagen vía Literatura Random House

La fotografía invade su libro de memorias, Infancia, del que también bebe el nuevo volumen, aunque se centra más en la técnica fotográfica y su función como catalizador de la verdad en la novela Hombre lento, donde el protagonista es un fotógrafo. Aunque Coetzee afirmaba que “no tenía el ojo del artista-fotógrafo” como Bresson, quizás vivía esa fantasía en Hombre lento a través del personaje de Paul Rayment y la terminaría en Tierras de poniente, al narrar con su pluma como si fuese un fotógrafo documental. 

J.M. Coetzee no es el único escritor que se ha rendido a la fotografía y ha descubierto en ella las primeras formas de encontrarse con el arte al disparar el obturador y plasmar la imagen captada en sus ficciones. El escritor de Wilt, Tom Sharpe, se desarrolló como fotógrafo profesional antes de dedicarse a la escritura. Sharpe creía que era mejor fotógrafo que escritor porque siempre quería fotografiarlo todo y posiblemente fue uno de los mejores narrando el apartheid en Sudáfrica.

Aunque menos profesional que Sharpe, el mexicano Juan Rulfo también demostró dotes como fotógrafo. La niebla de Comala en Pedro Páramo era tan real en la novela porque quizás había pasado por el lente de su cámara. La obra del Rulfo fotógrafo comprende más de seis mil negativos encontrados en las cajas de zapatos en la casa del escritor y un comentario de Susan Sontag que lo ratifican en el ámbito cultural: «Juan Rulfo es el mejor fotógrafo que he conocido en Latinoamérica».

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Autorretrato de Juan Rulfo en el Nevado de Toluca | Imagen vía Fundación Juan Rulfo.

También los escritores de la generación beat estuvieron influenciados por la fotografía. Mientras Louis Faurer y Robert Frank fueron los grandes fotógrafos de esos años, Allen Ginsberg era el único que aullaba dentro de la poesía al mismo tiempo que saboreaba las aguas de la imagen. Las fotografías de Ginsberg se produjeron durante dos períodos: antes de hacerse famoso con Howl cuando solo capturaba las imágenes de sus amigos, especialmente de Kerouac –demostrando su atracción por él- y, posteriormente, luego de ser famoso, fotografías documentales que, al revelarlas y ampliarlas, escribiría en ellas lo que ocurría antes de apretar el obturador. Estas “instantáneas celestiales”, como el poeta las llamaba, eran una herramienta para lograr imágenes más alegóricas, captando el testimonio del presente y su representación.

Patty Smith es otra narradora que fotografía. La artista ha llevado durante toda su carrera su cámara con ella, captando no solo los inicios de su carrera, su cotidianidad o sus giras, también su amistad con el fotógrafo Robert Mapplethorpe, relación que quedó plasmada en el libro Éramos unos niños. Smith adopta un enfoque sin pretensiones, usando la acción de apretar el obturador como vía de escape para encontrar lo íntimo.

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De izq a derecha: Jack Kerouac, William Burroughs y el propio Allen Ginsberg | Imagen vía Chronicle Books.

Por su parte, el escritor argentino Julio Cortázar fue un gran amante de la fotografía y no dudó en captar imágenes e incluirlas en algunas de sus novelas. Junto a la fotógrafa y activista Carol Dunlop, Cortázar escribió Los autonautas de la cosmopista ese juego narrativo donde se narra el viaje a través de la Autopista del Sur a bordo de una Volkswagen combi roja, desde París a Marsella. El argentino no solo incluyó fotografías en este libro, también en uno de sus cuentos, Las babas del diabloindagó formalmente sobre la fotografía, relatando la relación de la imagen y la representación dentro la ficción. 

Al igual que Cortázar, el escritor y fotógrafo norteamericano Teju Cole indaga en sus ensayos sobre cómo la fotografía es el punto de partida para conceptualizar y reflexionar sobre sus obsesiones. Especialmente, en el libro Blind Spot, narra la experiencia de la que logró salvarse: quedarse ciego a causa de una papiloflebitis, una afección temporal debido a la rotura de los vasos sanguíneos en la retina.

Posiblemente tanto Cole como los demás escritores–fotógrafos saben que el acto de mirar es limitado, tenemos puntos ciegos, solo podemos ver una pequeña parte de lo que nos rodea. Pero nos queda el consuelo de congelar esos espacios en su totalidad con la ayuda de un agente externo ligado a la cultura: la fotografía.

Ariana Basciani

Caraqueña del 83. Tiene una doble vida: de día hace consultoría y estrategia de productos digitales y, de noche, transcribe entrevistas de gente interesante, lee libros y ve series. Tiene una web llamada Culturetas.