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Comerciantes de datos: tu información más personal podría estar siendo subastada ahora mismo

En su último proyecto, The Dating Brokers, la artista e investigadora Joana Moll desvela cómo las empresas recolectan, cuantifican y comercializan nuestros datos a partir de perfiles reales en aplicaciones de citas.

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La conectividad inalámbrica en los hogares y las oficinas, el uso masivo de los teléfonos móviles y las conexiones vía satélite han creado la impresión de que internet viaja de una manera prácticamente mágica. La idea de una nube inofensiva y pura ha calado en el imaginario colectivo, ocultando los intereses económicos que se esconden detrás de las macroempresas que gestionan nuestros datos. Pero lo cierto es que internet funciona gracias a cien millones de servidores y un millón de kilómetros de cables que recorren todo el planeta. Y la privacidad, la seguridad digital e incluso la propia democracia pueden estar en peligro.

“Es brutal que sea tan desconocido porque la mayoría de nuestras acciones diarias las hacemos a través de internet y es la base de toda nuestra economía”, afirma Joana Moll (Barcelona, 1982), experta en los aspectos materiales del complejo entramado de infraestructuras que llamamos internet: desde la industria pesada de cables submarinos hasta el impacto medioambiental de los megacentros de datos que sostienen nuestra vida digital.

“El contexto económico donde vivimos se ha definido, entre otras formas, como capitalismo cognitivo. Eso significa que la producción de bienes materiales no es la única fuente que riqueza. En ese contexto, la explotación de las capacidades cognitivas, la comunicación, la experiencia o, en definitiva, la explotación de aspectos intangibles, también son una fuente que alimenta al motor económico. Internet es un núcleo crucial de producción de información, entonces, si entendemos la lógica del capitalismo cognitivo, cuanta más información se produce más dinero se está generando y cuantos menos obstáculos haya para generar información, más información se genera. La retórica de la nube, en mi opinión, borra fricciones y reduce un sistema increíblemente complejo a todos los niveles a algo que la gente puede entender sin cuestionarlo”, continúa explicando, para añadir: “Bill Gates ya dijo hace años que el poder en la era digital era hacer las cosas fáciles”.

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Así luce la verdadera nube. | Imagen Akela999 vía Pixabay.

La artista e investigadora visitará este sábado 24 de noviembre Madrid para participar en Tentacular, un festival de tecnologías críticas y aventuras digitales que desde el jueves acoge Matadero. A las 19.30 horas compartirá la sesión Políticas de la infraestructura con Eleanor Saitta, hacker y experta en seguridad que explicará las implicaciones geopolíticas de los sistemas y redes que habitamos, en un encuentro conducido por Marta Peirano, periodista especializada en tecnología que escribe sobre privacidad y vigilancia.

Moll, en particular, explora críticamente la manera en la que las narrativas poscapitalistas afectan a la alfabetización de las máquinas, los humanos y los ecosistemas, cuestión que explica del siguiente modo: “Internet es la infraestructura más grande que ha construido el ser humano, pero es la más invisible. Mi trabajo intenta desvelar las conexiones invisibles que hay entre estas entidades para entender y revelar las relaciones de poder que se establecen entre ellas y cómo estas entidades se afectan las unas a las otras”.

Porque el grueso de la sociedad permanece ajena a estos debates, el impacto medioambiental de la industria detrás de internet o los peligros de la posverdad, mientras regala su información más preciada. Este punto es el foco del último trabajo de Moll, publicado en octubre de 2018 y titulado The Dating Brokers: An autopsy of online love. “Nació un poco por casualidad porque estaba buscando para comprar datos en general y me encontré con esto, no en el internet profundo, sino en Google”, explica la artista, que en mayo de 2017 adquirió un millón de perfiles personales de aplicaciones de citas por 136 dólares. Tirando del hilo, descubrió que la información provenía de webs como Tinder, Match y OkCupid. E incluía datos tan sensibles como nombres de usuario, correos electrónicos, nacionalidad, género, edad, orientación sexual, intereses, profesión y cinco millones de fotografías.

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Detalle del proyecto 'The Dating Brokers'. | Imagen vía Festival Tentacular

En colaboración con la ONG alemana Tactical Tech, Moll desarrolló una subasta online con estos datos, previamente modificados para ocultar las identidades reales de las personas detrás de los perfiles, con el objetivo de exponer estas prácticas y mostrar cómo se mercadea con nuestras vidas en internet. “A grandes rasgos, las empresas recolectan datos, los cuantifican y los comercializan. Su modelo de negocio es absolutamente opaco y abusivo. Por eso, aunque el usuario lea la política de privacidad de estos servicios y la entienda, no tendrá ningún control sobre sus datos”, señala la artista sobre el ecosistema económico de los datos. Además, “todas estas tecnologías, y los modelos de negocio detrás de ellas, evolucionan muy rápido, por lo que es demasiado difícil entender, a tiempo real, las consecuencias de lo que estamos haciendo en ellas”, añade.

El problema en la actual sociedad interconectada es que “si no aceptas sus reglas estás fuera, lo que resulta en aislamiento social”, asegura Moll. “Yo me quité Whatsapp durante un año y me quedé sin amigos, me lo perdí todo”, reconoce. “La invisibilidad de internet y la dificultad de medir el impacto real de nuestras interacciones digitales diarias tiene un papel fundamental en todo este problema. Hay que generar conciencia política, pero necesita tiempo. Habría que ver si se hace un esfuerzo a nivel global o limitar internet a comunidades y autogestionarlo. Es decir, aceptar las condiciones de grandes empresas o quedarte a nivel local. Pero es muy complicado”, explica.

A nivel usuario, Moll recomienda: “Para mensajería se puede usar Signal en vez de Whatsapp o Telegram. Evitar Facebook, Twitter y estas grandes redes, pero de nuevo te pierdes muchas cosas. O utilizar protectores de publicidad y trackers en el navegador y los teléfonos. Básicamente habría que exigir cambios en las políticas de datos a las autoridades pertinentes y organizarse a nivel sociedad civil. ¿Pero por qué la sociedad civil debe tener la responsabilidad para cambiar las cosas cuando hay políticos que están ahí para hacerlo?”.

Para terminar, reconoce: “Es muy difícil protegerse de todo esto porque las tecnologías que se usan para recoger datos cambian muy rápido y siempre se cambiarán antes de que la ley se aplique”. Y lo que da más miedo, en su opinión, es el futuro: “Ya se habla del uso de estos datos por parte de bancos o aseguradoras para ver, según lo que haces, si es viable darte un crédito o un seguro. Luego está el tema de los genes, el big data o el uso médico de esta información”, pero esa es otra historia. A modo de conclusión, Moll afirma: Hace falta mucha pedagogía en muchos niveles. Internet podría ser muy bueno, el problema es el fin porque con el capitalismo neoliberal se lucran dos mientras miles de personas trabajamos”.

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